domingo 18 de julio de 2010 - 10:00 AM

La Batalla del Pienta en Charalá: lucha por la tierra, la patria y la libertad

Cuna de grandes próceres y mártires del país; punto de encuentro de sangrientas batallas y espacio de organización del movimiento revolucionario que llevó a la Independencia de Colombia. Charalá es uno de los protagonistas en la historia de nuestro país que durante años fue bañado en sangre por las tropas de ambos bandos para alcanzar la libertad.

Masacres como La Rochela, Yarima, Hoyo Malo, 26 de Mayo en Barrancabermeja y la ‘mano negra’ en Bucaramanga, también se registraron durante la guerra de independencia en Santander. Más de 300 personas murieron devastadas en Charalá durante la Batalla del Pienta en 1819.  

En Charalá y lo que fue la Provincia del Socorro, reposan las memorias del llamado ‘régimen del terror’ (1816 a 1819) emprendido por las tropas colonizadoras. Allí murieron hombres y mujeres que dieron su vida para obstaculizaron el poderío del ejército español.

Uno de los hechos que marcó para siempre el destino de la guerra de independencia en Colombia y dio un giro a la Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, fue la Batalla del Pienta, el 4 de agosto de ese mismo año.

Este hecho no permitió la llegada de un pelotón de más de 800 hombres comandados por el coronel Lucas González (considerado uno de los militares españoles más sanguinarios de la época) a Santafé, donde eran esperados para reforzar el ejército del coronel, José María Barreiro, y enfrentar a las tropas de Simón Bolívar.

Como otros acontecimientos de la independencia de Colombia, la Batalla del Pienta no tiene el lugar que se merece en la historia. Según el historiador Édgar Cano Amaya, el pueblo charaleño sigue esperando 'el reconocimiento y la gratitud de algún gobierno' por estos hechos.

'Aquellos que dieron su propia vida en esa gloriosa epopeya, realmente son los verdaderos héroes de nuestra patria, y a ellos y sus descendientes les debemos la independencia de la República', añadió Cano Amaya.

 

La Batalla del Pienta: gráfico


La Rochela, 18 de enero de 1989:

Una comisión judicial integrada por 14 personas, entre jueces y agentes de instrucción criminal, fue masacrada por 40 paramilitares en el sitio La Rochela (Simacota). La comisión investigaba para ese entonces la masacre y desaparición forzada de 19 comerciantes del Magdalena Medio, cometido también por paramilitares de esa región el 6 de octubre de 1987. Todas las personas que intentaban suministrar información o investigar la masacre eran asesinadas o amenazadas de muerte.


‘Mano negra’ en Bucaramanga, del 7 al 9 de abril de 1989

Fueron asesinadas 10 personas y otras dos fueron heridas diferentes sectores de Bucaramanga, al parecer, los crímenes fueron cometidos por un grupo de justicia privada conocida la Estrella de la Muerte. Los hechos ocurriendo en la calle 30 con carrera 17, la calle 8 con carrera 23, la carrera 20 con calle 5 y la calle 32 con carrera 14. En un comunicado enviado por el grupo ilegal se indicó que era una operación limpieza y que sus acciones están encaminadas a eliminar todo tipo de delincuentes que tengan radio de acción en esta ciudad.


Hoyo Malo: campo de exterminio, 1 de mayo de 1989

Se estima que entre de 50 o más de 100 restos de personas asesinadas fueron lanzadas al Hoyo Malo, en San Vicente de Chucurí. Debido a esto fue declarado camposanto. Está ubicado en el kilómetro 11 en la vía que comunica a San Vicente de Chucurí con el Carmen. Se cree que son restos de personas víctimas de asesinadas o desaparecidas en el Magdalena Medio. Se estima que hay restos desde la violencia liberal de 1948 hasta los días de esa época. En esta zona estaba el frente Capitán Parmenio, del Eln, y el 12 frente de las Farc, y el MAS.


Barrancabermeja, 16 de mayo de 1998

Autodefensas Unidas de Santander y sur de Cesar secuestraron en el barrio El Campín de Barrancabermeja a 25 personas bajo la premisa de ser auxiliadores de la guerrilla. Antes de salir del sector, los paramilitares acribillaron a otras siete personas. Tras varios meses de incertidumbre se conoció que las 25 personas que fueron secuestradas habían sido asesinadas y enterradas en fosas comunes en zona rural del municipio de Sabana de Torres, Santander.


El relato de un testigo

El historiador Édgar Cano Amaya recogió el testimonio del comandante de la Milicia de Charalá, Fernando Arias Nieto, quien sobrevivió a los hechos, en su libro ‘En nombre de la libertad’.

Luego de estar tres días dentro de un tumba cubierto de varios cuerpos descompuestos, Arias Nieto comenta: 'Bajé a la plaza no sé porqué encontrándome con la escena más terrible de mi vida… Estaban frente a mi, personas colgadas de los balcones, unos del cuello, otros de los pies, aún de los árboles de la plaza, o amarrados a los tronco, sin cabeza, o con sus brazos y piernas mutilados, sin orejas, narices… Algunos degollados, abiertos sus vientres con las tripas colgando… Los gallinazos, los cerdos, los perros habían hecho un festín, mujeres desnudas, seguramente vejadas y luego asesinadas…'.


Antonia, heroína socorrana

Antonia Santos Plata, una mujer oriunda de Pinchote, Provincia del Socorro, se caracterizó por crear la guerrilla de Coromoro, la primera que se organizó para luchar contra los invasores españoles. En ella invirtió considerables sumas de dinero para adquirir armamento, cabalgaduras y pertrechos apoyando así al ejército libertador, que ya pisaba tierras boyacenses.

Dirigir a la insurgencia hizo que el 16 de julio de 1819, a sus 37 años de edad, se dictara su sentencia de muerte por ser considerada enemiga del rey de España. El 28 de julio Antonia subió al patíbulo y no permitió que le vendaran los ojos. Pidió que le dispararan directo al corazón con el fin de no sufrir desfiguración en su rostro.


Coronel Lucas González

Español, cuya única meta era exterminar a las tropas rebeldes. Fue Gobernador de Tunja y tras los continuos ataques que las guerrillas le dieron al coronel al mando de la Provincia del Socorrro, Antonio Fominya, fue nombrado en su cargo y trasladado a Santander.

Ejecutó a Antonia Santos, su más dura contrincante; capturó a revolucionarios para que trabajaran bajo sus órdenes. Era conocido por sus ataques sangrientos y por no dejar enterrar a los muertos de las tropas contrarias. El Consejo de Purificación, que juzgaba a aquellos insurgentes que en su concepto no fueran merecedores de la pena capital.

 

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