sábado 21 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Se fue el creador del Santo Cachón

Murió Romualdo Brito, se accidentó cerca de Curumaní, centro del Cesar, cuando viajaba con un hijo y su yerno. Más de mil canciones había compuesto.
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Fue estrepitoso, bestial. El Nissan de placas JCW-407 donde viajaba el hijo del corregimiento de Trinta, en Tomarrazón (municipio de La Guajira) quedó como el alma de un acordeón, arrugado, destrozado contra una enorme ceiba a la vera del camino, cerca del cruce de San Roque, donde la vía al mar se bifurca para que los viajeros se adentren en el corazón carbonífero del Cesar.

En ese instante, entre las latas retorcidas de aquel vehículo de color blanco comenzaba la inmortalidad que ya había escrito en miles de canciones el guajiro más coreado del país vallenato, Romualdo Brito López. Se fue a los 67 años, la madrugada de este 20 de noviembre del 2020, un año que además nadie en el orbe olvidará.

Allí quedaron los versos del “indio que tiene todo y no tiene nada”, como la letra de una de las canciones que en la voz de Silvestre Dangond entonaron más de 20 mil almas en el Parque de la Leyenda Vallenata en diciembre de 2018: La Difunta.

Y sí, quizá los más pela’os establecerán con esas letras de quién se trataba, aunquela historia para Santander va más allá, podría decirse que se devuelve casi tres décadas, cuando en 1994 por una decisión que parecía desdeñable Brito les dio a los ‘cachacos’ esos de Bucaramanga un piazo e’ canción (pedazo): El Santo Cachón.

Brito repitió muchas veces que estaba arrepentido de esa composición porque –según él- no tenía na’. Porque para muchos ofendía a las mujeres, porque aunque pudo ocultar como nació, hubo quienes dijeron que inspirarse en la imagen de un Sagrado Corazón que adorna un parque de Barranquilla que lleva el mismo nombre no fue buena idea, porque los encuentros románticos y sexuales de los enamorados en ese escenario le valieron el remoquete del ‘Santo cachón’.

“Era un espacio de infidelidades”, dijo la última vez que anduvo por Bucaramanga, en diciembre de 2018 en un encuentro pocas veces visto y escuchado en estas tierras escenificado en un salón del Club Unión, donde además estuvieron otros ya legendarios como Fernando Meneses, Wilfran Castillo.

La historia para Santander va más allá, podría decirse que se devuelve casi tres décadas, cuando en 1994 por una decisión que parecía desdeñable Brito les dio a los ‘cachacos’ esos de Bucaramanga un piazo e’ canción (pedazo): El Santo Cachón.

Pero Ramiro Colmenares, acordeonista de Los Embajadores Vallenatos quien desde la capital de Santander con otro guajiro, Róbinson Damián, le dieron color a la graciosa canción, aún agradece la oportunidad de ejecutar ese piazo’ de canción porque fue un salto a la fama, el pasaporte para atravesar fronteras que en ese momento pocos habían logrado, ni siquiera los nacidos en la capital mundial del vallenato. Él era uno de los conmocionados con la muerte de este juglar.

Hay otro quien, arropado con una ruana, sumido en la nostalgia y la neblina de los recuerdos, el médico Fernando Meneses, evoca a su amigo ido desde su casa en la periferia fría de Bucaramanga.

“Hace como diez días hablé con él, me dijo que estaba finalizando un trabajo extenso sobre sus 50 años de vida musical, que traía como 26 cantantes con rancheras, vallenato, de todo, que solo le faltaban unas voces por meter. Desde Alfredo Gutiérrez, Silvestre, llaneros, música popular”. Charlaron en el balcón de los sueños cerca de la guitarra de los momentos de amor que los picapiedras de Barichara le tallaron para su jardín.

En diciembre del 2018 Brito cantó en el Club Unión en Bucaramanga. Helman Villamizar / VANGUARDIA
En diciembre del 2018 Brito cantó en el Club Unión en Bucaramanga. Helman Villamizar / VANGUARDIA

Romualdo se fue, pero por siempre resonará el coro del Indio, la protesta musical que lo puso en el ojo del huracán porque manifestó la inconformidad eterna de su pueblo en la voz de Diomedes Díaz y el acordeón de Colacho Mendoza:

“Compadre yo soy el indio, compadre yo soy el indio que tiene todo y no tiene nada,

trabajo para mis hijos, trabajo para mis hijos, quemo carbón y pesco en la playa.

Yo soy el indio guajiro, de mi ingrata patria colombiana

que tienen todo del indio más sin embargo no le dan nada...

No hay colegios pa’l estudio, ni hospital pa’ los enfermos,

todavía andamos en burro y en cayuquitos de remos...

Y entonces cuál es la vaina, qué es lo que pasa con nuestro pueblo

Que el gobierno no da nada y nos censuran por lo que hacemos

Aunque nos den mala fama con sus periódicos embusteros...”

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