martes 01 de junio de 2021 - 12:00 AM

La autoestima en la era de los filtros

Cuando se crearon los filtros fue con el propósito de brindar a los usuario de las redes herramientas de juego y entretenimiento.
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Cuando se crearon los filtros fue con el propósito de brindar a los usuario de las redes herramientas de juego y entretenimiento. Al principio permitían hacer modificaciones graciosas en el rostro, con el paso del tiempo llegaron otros que alteraban la belleza, y eso los convirtió en tendencia. No obstante, no todo es tan lindo como lo pintan. Muchos expertos han dicho que estos filtros han afectado negativamente la autoestima de las personas. El no ser “perfectos” o iguales a como se ven con los filtros, pasan horas y horas cuestionando y juzgando cada detalle de su cuerpo.

¿Cómo nos transforman?

Solo has visto reflejos de ti mismo, o imágenes, o posiblemente los lados de tu nariz si cierras un ojo. Ni siquiera tú sabes exactamente cómo te ves. Entonces, cuando alteras las fotografías solo estás creando una imagen no confiable sobre otra y corrigiendo imperfecciones que puede que ni siquiera los demás noten.

Nos transforma hasta llevarnos a querer parecernos a una versión idealizada de nosotros mismos. Piénsalo, así ni siquiera te reconocerías a ti mismo.

¿Cómo nos afectan?

El uso continúo de los filtros en las redes sociales puede generar efectos negativos. Pasar horas enteras viendo fotos de amigos, familiares o celebridades que parecieran tener una realidad inalcanzable puede afectar nuestra salud mental.

“Compararnos la forma en cómo nos vemos con la de otros es normal(...) Sin embargo, actualmente los rostros/ cuerpos que vemos en las redes sociales pueden estar seriamente distorsionados hasta un punto de mostrarse bastante lejos de la realidad (...) Es algo negativo porque cambia tus facciones y te gusta, pero sabes que no es real y que no podrás ser como te muestras en el filtro», Andrea Mogollón, psicóloga.

Validación

No solo existe la presión por tener la foto más bonita sino que después viene la aprobación a través de ‘likes’. Más del 42 % de los jóvenes, según un estudio compartido por la revista de moda Elle, admite que invierte más de 10 minutos en preparar la foto que va a postear y se hace, en promedio, siete selfies.

Aún después de esto, 4 de cada 10 chicas validan la foto escogida con sus amigos antes de publicarla. Los ‘likes’ que puede o no obtener una fotografía se ha traducido erróneamente en la aprobación o desaprobación por parte de los seguidores.

Ideales inalcanzables

¡Los filtros promueven ideales de belleza de dioses! Los rostros son perfectos, cosa que es imposible de lograr si partimos de la idea de que la belleza significa algo diferente para cada persona. Muchas ocasiones modifican las facciones del rostro para acercarse a un estereotipo que no encaja con el físico de todos, y eso no tiene porqué significar un problema.

¿Quién dijo que la piel blanca, la nariz fina, la boca grande, los ojos grandes y el rostro delgado son el significado de belleza y perfección? Todos somos absolutamente diferentes, ¡y eso ya es perfecto! Debemos aplaudir y dar ‘like’ a la diversidad.

Belleza irreal

La realidad de ahora, en la que es imposible no ver un filtro, es muy distinta. Ya no hablamos de los cánones de belleza que impusieron los reinados de belleza o diferentes empresas durante años. Ahora la edición de un rostro está en tus manos, ¡sí, en las tuyas! Un niño que accede a redes sociales tiene completa libertad de aplicar un filtro a su rostro para cambiar su apariencia, y muchas veces, lucir como una persona completamente diferente. En principio parecería algo divertido, pero hay personas que se han excedido para lograr verse así y sentirse parte de una belleza que termina siendo irreal.

Belleza digital

“No es razonable que los selfies marquen el estándar de belleza”, asegura el cirujano estético Jesús Benito Ruiz en varios portales de noticias alrededor del mundo porque la situación es preocupante. Millones de personas, en muchos países, han acudido con un selfie, donde tienen filtro, como referencia para la operación.

Los profesionales de la medicina y la cirugía estética reconocen que el boom de los selfies y los retoques estéticos están totalmente normalizados. Esto también se debe a que ahora todo el mundo puede editar su fotografía.

Lo cierto es que el rostro perfecto de Instagram no tiene cabida al traspasar al mundo real. Es una belleza digital.

Estereotipos

Aceptarnos a nosotros mismos es el primer paso para asentar nuestra autoestima. Utilizar los filtros de Instagram para compartir deformaciones de nosotros mismos puede ser divertido, pero, quizá sin darnos cuenta, lo que hacemos con ellos es adaptar los rasgos a un estereotipo que no tiene porqué coincidir con nuestro físico.

Distorsión

El estándar de belleza impuesto ha traído infinidad de problemas para el autoestima de los jóvenes. El hecho de vernos utilizando un filtro puede significar que luego nos cueste trabajo reconocernos o incluso aceptarnos cuando estamos sin él, cuando nos despojamos del disfraz digital.

Las redes sociales tienen muchísimas ventajas y pueden servir de mucha ayuda, pero también pueden intensificar problemas de autoestima. La versión distorsionada de la realidad que muestran crea un espejismo que podemos tratar de imitar de muchas maneras.

Perfección

La perfección no existe. Una de las claves del amor propio es encontrar lo perfecto en lo imperfecto. Es amarnos tal cual somos y abrazar aquello que nos hace únicos.

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