domingo 12 de mayo de 2019 - 12:00 AM

“Llevo a Cuba en mi corazón”: la historia de Conrado Reyes Savón

Conrado Reyes Savón jamás ha pensado salir de Cuba para siempre. Ama su tierra, su son cubano, su ron auténtico Bacardí, la ciudad donde nació y su cultura. Sin embargo, la vida lo ha llevado a conocer diversas culturas y es a raíz de estos periplos que asegura que “siempre hay algo que aprender”.

Serio, seco. Al punto. Solo después de unos largos minutos de conversación se suelta, sonríe y expresa sin resquemores el amor hacia su querida Cuba.

Se fija en su entorno. Es claro y alto. Mide dos metros. Es Conrado Reyes Savón, un entrenador de voleibol cubano que visita Bucaramanga para participar en la formación de una liga profesional para la región.

Conrado ha visitado tantos países a lo largo de su vida profesional, que podría considerarse un migrante de la vida. Siempre, eso sí, con su patria latiendo dentro de su cuerpo.

“Si tu no emigraste, emigró tu padre”, dice José Saramago. Algunos lo hacen con angustia por una mejor vida que no encuentran en su patria, otros porque recibieron una buena oferta laboral, y muchos con sentimientos encontrados por irse, por volver a su país.

Pero Conrado no teme. Por su patria solo siente amor y así también por los países que visita. Aprendió a acoplarse a las diferentes culturas y eso le dio también la capacidad de comprender aquello que rodea a cada sociedad.

Su historia es una historia de ires y venires, de aprendizajes y enseñanzas. De compartir el conocimiento para que circule, para que se difunda por todas las latitudes.

Cuba del alma

“Dicen que los niños son felices y no lo saben hasta que son adultos”, dice Conrado. Así fue su infancia en Cuba.

Sin embargo, sus inclinaciones deportivas fueron tan diferentes al común denominador, como su carácter podría serlo para quienes ven en Cuba una tierra de gente dicharachera.

Conrado nació el 18 de julio de 1964 en Santiago de Cuba, cuando corría el sexto año de la revolución liderada por Fidel Castro.

La mayoría de los niños cubanos juegan béisbol, así como los colombianos prefieren el fútbol. Pero a Conrado no le gustaba del todo. Practicó remo y, finalmente, cuando en una práctica deportiva le pasaron un balón, él hizo el gesto de recepcionar, un movimiento básico del voleibol. Y ahí nació el amor por un deporte que lo llevaría a conocer culturas diferentes.

Con todo, su sueño era estudiar Geología, pero para 1989 esta carrera no se ofertó. Sus opciones eran tomar las bases para estudiar ingeniería nuclear en la Unión Soviética o Medicina. Pero las matemáticas, la física y la química no eran su gusto. La medicina tampoco lo convencía.

Escogió la carrera de Cultura Física. Curiosamente, el programa requería en casi un 80 por ciento que aprendiera conceptos relacionados con medicina.

Disciplinado, para 1996 ya hacía parte del Colectivo de entrenadores de la Selección Nacional de voleibol, y para el año 2000 ya estaba en camino a Qatar. Su primer viaje fuera de Cuba.

Conrado recuerda muy bien las fechas y aunque por el momento está serio, se adivina en su gesto firme una sonrisa al recordar sus travesías, de las que tantos aprendizajes ha obtenido.

Las travesías y sus aprendizajes

Cuando finaliza algunas palabras, la sonora “l” se le mezcla con una pronunciación perfecta del idioma.

Ese acento característico le da a Conrado, usualmente amable, pero serio, un toque divertido al hablar.

Llegó a Colombia en 2017 para hacer parte de la liga de voleibol de Ibagué, Tolima. Al finalizar su contrato, tomó rumbo a Bucaramanga.

“Aquí estoy para enseñar y también para aprender, porque siempre hay algo que aprender”, dice.

Conrado cuenta que adaptarse a los colombianos no ha sido tan difícil, puesto que el idioma es similar y las costumbres están bañadas por el mar Caribe. Otro son se toca en los países árabes y en India.

En el caso de los árabes: “es una cultura bastante difícil con el tema de la religión. Hay un horario para los rezos: a las cinco de la mañana, a las doce del día y a las cinco de la tarde. En estos momentos están en el Ramadán y durante ese tiempo hacen un ayuno de cinco o seis de la mañana a seis de la tarde”, narra Conrado.

Entre las cosas más difíciles está la convivencia con las mujeres, a las que ningún extranjero puede mirar “efusivamente” como explica Conrado. No por respeto, sino porque en Arabia Saudita, por ejemplo, la mujer es considerada una propiedad.

Las costumbres en la mesa también pueden ser difíciles: se come con la mano y todos de un mismo plato. Conrado explica que lo mejor que puede hacer un latino es pedir su propio “bowl”, pero eso sí, tendrá en todo caso que hacerlo con las manos.

Siempre dispuesto a extraer lo mejor de cada situación, Conrado conoció en este país a un coreano que practicaba el yoga, y fue por sus conocimientos que el cubano transformó su forma de alimentarse.

“Los latinos tenemos un desorden a la hora de comer. Y ellos llevan una dieta más sana porque consumen vegetales, bajo en sal y té. A una temperatura que el organismo resista, el té limpia el tubo digestivo y así toda la grasa. Siempre se aprende un poquito”.

Conrado también estuvo en la India seis meses. Pero una de sus estancias más interesantes fue Perú.

Dice que, haciendo una comparación con Colombia, respetuosamente, en Perú hay mucha más preparación en este deporte. Incluso tienen algo llamado ‘Voley Master’, donde hombres y mujeres adultos entrenan este deporte de forma profesional.

Es momento de Santander para ponerse las pilas.

En julio del año pasado Vanguardia informó que el ente rector del voleibol nacional estableció el Comité Proliga de Santander para reactivar al voleibol santandereano.

“Estamos planteando el hacer cursos de capacitación con todo el rigor y con las experiencias vividas en Cuba y Perú, con una propuesta grande para el voleibol. Estamos en espera de una universidad que asuma la propuesta”, explica Conrado.

Hace algunos meses se realizó un torneo con fines humanitarios, que, cuenta Conrado, le dio la oportunidad de observar las capacidades de los y las jóvenes interesados en el deporte.

Son y ron

“Dicen que el saber no ocupa espacio, lo que ocupa espacio es no saber”, cuenta Conrado cuando habla de la importancia de que las universidades de Santander se especialicen en los deportes. Particularmente, claro, en el de sus amores.

Es por eso que lo sabe todo también sobre la cultura de su país, sobre el son, sobre el ron. Dice que ha visto en Colombia la pasión por la salsa, pero que le parece un baile fuerte.

“Uno cuando termina (de bailar salsa) termina sin brazos”, dice Conrado. Y se ríe.

Y es por eso que el son cubano es un baile que atrae tanto: es sensual y los bailarines se mueven suave el uno junto al otro.

“Tenemos influencia de Europa, de nuestros ancestros de África y la música inglesa. La mezcla de todos esos ritmos han dado el danzonete, danzón, la contradanza, todos esos bailes sensuales”, cuenta Conrado.

Y el ron. Es algo que los cubanos disfrutan y que por cuestiones políticas, explica Conrado, nos perdamos casi que por completo: el verdadero ron Bacardí, con ese sabor original, se hace a unos cuantos metros de su casa, en Santiago de Cuba.

“El legítimo ron Bacardí es de Santiago de Cuba. Emilio Bacardí fue el primer alcalde. Cuando sucedió la revolución en Cuba, la patente quedó en Puerto Rico. Pero hay algo que no se pudo llevar Estados Unidos. Cuando tomas el “Habana Club” estás tomando el verdadero ron Bacardí. Todo está en el agua. Se saca de un pozo en Santiago. Las aguas del túnel se mueven porque sobre ella va el ir y venir de los trenes que lo mueve ligeramente. No está en estado de reposo total. Y por eso su sabor es tan especial”.

Después de tantas travesías, solo hay un lugar donde este cubano gigante e inteligente quisiera estar, es en su natal Santiago. Reconoce que el café colombiano es superior y que ha tratado de adaptarse a Santander, aunque lo entristece el machismo y el silencio cómplice de quienes lo presencian. Y también la impuntualidad del colombiano lo sorprende. Pero se ha adaptado. La vida le ha enseñado. “Sé como el agua. En el recipiente que tu la eches, adapta esa forma”, dice. Pero, en general, todo en Santander le parece “chévere”.

Tiene una hija que cumplirá pronto 29 años y está graduada en medicina y un nieto de tres años.

Santiago de Cuba está frente al mar. El sabor, la calidez, el vaivén de las olas. Allí está el corazón de Conrado. Un corazón compartido con Bucaramanga.

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