Viernes 12 de Octubre de 2018 - 12:01 AM

Brexit: se acaba el tiempo

Reino Unido creía que con su salida de la UE estaría mejor trabajando en solitario. Al aproximarse su retiro oficial, las adversidades y contratiempos devenidos del resultado de la votación de aquel 23 de junio de 2016 siguen su marcha.
Intenet / VANGUARDIA LIBERAL
(Foto: Intenet / VANGUARDIA LIBERAL)

Cuando el 23 de junio de 2016 los británicos tomaron la crucial decisión en las urnas de poner fin a su relación con el bloque europeo, estaban lejos de imaginar el impacto y el costo real que tendría ese “Sí” al Brexit, que ahora tiene al Reino Unido en apuros de cara a una salida en 2019 sin acuerdo de retirada con la Unión Europea (UE) que no pinta nada bien.

Aunque se sabía que iba a ser complicado, el período de transición luego del Brexit ha estado marcado por grandes dificultades políticas y económicas para definir el modelo de relación futura con la UE, lo cual se ha convertido en un auténtico dolor de cabeza para el gobierno de Theresa May, según analistas.

La ‘premier’ conservadora es blanco de críticas, incluso dentro de su propio partido, por su falta de liderazgo y de una clara estrategia para negociar la salida de Reino Unido del mercado único europeo.

Así las cosas, el gobierno de May entra en la recta final, de un plazo de dos años, de decisivas negociaciones en medio de profundas fracturas internas y que además divide a la sociedad británica.

Incluso circulan rumores de un segundo referendo, aunque las perspectivas de tal cosa son remotas y el propio gobierno se mantiene en que no habrá marcha atrás en el Brexit, ni renegociación.

Serán entonces las dos Cámaras del Parlamento las que tendrán la última palabra sobre el acuerdo final pactado con la UE. Si lo rechazan, Reino Unido deberá afrontar un duro escollo y operar al amparo de la Organización Mundial de Comercio, OMC.

César Ferrari, doctor en Economía de la Universidad de Boston, Estados Unidos, reconoce lo complicado del proceso de negociación, que si bien no se ha concretado, ya despierta grandes temores e incógnitas, y en ese orden, prevé que en realidad los efectos más notorios se percibirán cuando oficialmente Reino Unido salga del club de los 28 de la UE, a partir del 29 de marzo de 2019.

Advierte el caso de la plaza de Londres, conocida como la City de Londres, catalogada como el corazón del sistema financiero europeo.

Si el Reino Unido sale de la Unión Europea, el experto señala que lo más seguro es que el centro financiero más importante del viejo continente se mude a Fránckfurt o París y “eso será un golpe durísimo para la economía británica”.

La segunda cuestión, agrega Ferrari, tiene que ver con los flujos comerciales, porque gran parte del mercado de los bienes y servicios británicos es Europa, así que al retirarse de la UE, perderá las preferencias que tiene en el mercado común.

Destaca un tercer elemento de análisis de aquellos que apoyaron el Brexit bajo el argumento de que lo que el Reino Unido contribuía a la UE era mayor a lo que recibía, y por lo tanto iba a obtener ganancias netas con su retiro, resultó ser falso.

“Por el contrario, va a perder recursos, la situación es muy complicada, la historia aquí es que el gran perdedor es Reino Unido”, sentencia Ferrari.

En una línea poco optimista, Yudi Gamboa, docente del Programa de Economía Internacional de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, explica que tras dos años de negociación no se ha logrado un acuerdo, por lo que observa una salida británica dura de la UE.

De hecho, comenta que los analistas pronostican una crisis en el corto plazo en el Reino Unido, “y qué tan larga y profunda será, dependerá de que haya acuerdos o no” con el bloque europeo.

Divisiones y “Chequers”

En medio de este contexto, Ulf Thoene, profesor del Departamento de Negociación y Comercio Internacional de la Universidad de La Sabana de Bogotá, subraya también que hay una evidente división del sector empresarial.

Hay un pulso fuerte entre las multinacionales que están en contra del Brexit y las medianas y pequeñas empresas que están a favor, resalta. Y obviamente esto resiente además el sistema político británico.

La primera ministra conservadora May ha diseñado un plan llamado “Chequers” con el cual contempla crear un área de libre comercio para bienes después del Brexit. Esto evitaría los controles aduaneros y mantendría abierta la frontera irlandesa.

Pero el profesor Thoene no ve viable esta propuesta, que ha dividido a su partido y a la UE, “ella no puede poner en práctica ese plan porque no tiene un apoyo en el Parlamento”.

Lo mismo opina Gamboa, quien recalca que May ha perdido el margen de gobernabilidad y legitimidad, es decir, ya no tiene aliados importantes, que le critican su posición un tanto blanda frente a la negociación del Brexit.

Caso contrario ocurre con la UE, que se ha mostrado férrea en su posición de no ceder ante las pretensiones británicas; y envía un mensaje a los demás miembros, de que no pueden beneficiarse de los privilegios del bloque europeo, sin hacer ciertas concesiones, anota.

A manera de conclusión, el doctor Ferrari lo resume de la siguiente manera: “Lo que pasa es que el Reino Unido fue uno de los últimos en adherirse a la Unión Europea (1973), y lo hizo con mucho resquemor, nunca adhirió al Acuerdo de Schengen y a la unidad monetaria, porque siempre trató de mantener ciertas particularidades e independencia; entró con los pies arrastrando y ahora pretende salir con los pies arrastrando”.

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