Martes 20 de Noviembre de 2018 - 12:01 AM

El (narco) Estado soy yo

México viene enfrentando en la última década una de las peores olas de violencia de su historia con el crimen organizado por la actividad de las drogas, que como ocurre en otros países como Colombia, ha permeado la institucionalidad debido a la corrupción.
Tomadaa de Internet / VANGUARDIA LIBERAL
(Foto: Tomadaa de Internet / VANGUARDIA LIBERAL)

Cuando en diciembre de 2006, el presidente Felipe Calderón llegó al poder tomó una decisión sin precedentes, dando un giro radical en la política gubernamental contra el crimen organizado y el narcotráfico en México: la militarización.

Y sí que tenía razón en predecir lo que vendría en el futuro: “Sé que restablecer la seguridad no será fácil ni rápido, que tomará tiempo, que costará mucho dinero, e incluso y por desgracia, vidas humanas”.

La cruenta ofensiva, que involucró a la Policía y al Ejército en una lucha frontal contra los carteles de la droga, se saldó con alrededor de 70.000 víctimas mortales durante sus seis años de gobierno.

Sin duda, un precio muy alto de pagar para la sociedad mexicana y aún peor, exacerbó la violencia y las organizaciones criminales se robustecieron con la diversificación del ‘negocio’, gracias al tráfico de armas, el tráfico de personas en la frontera con Estados Unidos y el narcotráfico trasnacional.

Actualmente, según expertos, la política antidrogas mexicana ha resultado fallida, porque su enfoque ha sido de contención, no de prevención o descriminalización. Y no ha hecho más que perpetuar la violencia, las prácticas de ilegalidad, la corrupción y la impunidad a todo nivel en ese país.

Y en el marco de todo este fenómeno de las drogas, hay una ecuación fácil: Si no hubiera demanda de estas sustancias, tampoco existiría la oferta, especialmente de Estados Unidos.

En ese país tan solo en 2017 se registraron 15.900 muertes por sobredosis de heroína, una cifra récord.

Jochen Kleinschmidt, profesor de la Universidad del Rosario en Bogotá, lo resume así: “Cada día se gana una batalla, y cada año se pierde la guerra”.

Esto significa que cada golpe contra los narcotraficantes hace que se aumente el precio del producto y se vuelva más atractivo el mercado, explica el investigador del Observatorio Colombiano del Crimen Organizado del Rosario.

Carlos Medina, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, coincide en que ha sido una política equivocada, que ha estado muy cerca con las orientaciones de Estados Unidos en materia de lucha antidrogas. En particular, se tomó en consideración el Plan Mérida que en México hace las veces del Plan de Colombia.

Advierte, que el fenómeno lejos de haber disminuido con la implementación de estas estrategias gubernamentales, han adquirido nuevas formas y se ha expandido a otros sectores de la ilegalidad, tráfico de personas y de armas, así como altas tasas de homicidio (ver gráfico).

“Indiscutiblemente ha tenido una serie de fracasos en cuanto a los logros que se proponían para combatir el crimen trasnacional del narcotráfico”, reitera el experto en actores armados ilegales.

Esta situación, dice, ha originado unas dinámicas con las economías convencionales muy cercanas que hacen que estas adquieren características de economías mafiosas, tal y como ocurre en Colombia.

Por todas estas circunstancias es que la lucha contra el crimen organizado en México sea hoy un esfuerzo casi inútil.

Medina, si bien reconoce esfuerzos como el fortalecimiento de los cuerpos de Policía y el Ejército, aclara que por tratarse de un estado federado donde los municipios tienen sus propios cuerpos policiales, “muchas veces la capacidad de fuego de los carteles es superior a la de la Policía; la percepción de seguridad está directamente ligada a la actividad del narcotráfico”.

En ese contexto, Viviana Manrique, profesora externa de la Universidad del Rosario, subraya que en el caso de México no se ha podido disminuir el tráfico, el narcotráfico y el microtráfico de drogas debido a factores externos: la suspensión de la política antidrogas de Colombia y el grado de corrupción que ha permeado a la Policía y las entidades públicas que han fortalecido los carteles de la droga.

En cuanto a Colombia, señala que el gran beneficiario del narcotráfico de nuestro país ha sido precisamente México, gracias a que en los ocho años que duró el proceso de paz se suspendió toda la política de lucha antidrogas y prácticamente se aumentó todo el cultivo y el tráfico de drogas hacia América Latina y el mundo.

“Los carteles mexicanos progresaron en la medida en que Colombia descuidó su ofensiva contra las drogas entre 2010 y 2018”, opina Manrique, quien anota que ahora con el Gobierno de Iván Duque se empieza otra vez a plantear la criminalización de las drogas y con ello, la persecución de los cultivos y las cadenas del narcotráfico.

Lo que se debe hacer

El investigador Kleinschmidt considera que se debe implementar una política de descriminalización.

“Básicamente dejar de criminalizar a los consumidores de drogas, como lo hace Uruguay y Canadá con la marihuana y debe pasar lo mismo con todas las sustancias y así, esas estructuras delictivas dejarían de existir en el largo plazo, es una economía ilícita donde el animal mayor es el narcotráfico”, insiste.

El docente Medina hace eco a esa afirmación: “La política contra el narcotráfico tiene que comenzar a operar sobre los consumidores, pero no en términos de la persecución y la criminalización del consumo sino aplicar con ellos una política de salud pública”.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad