miércoles 15 de julio de 2020 - 12:53 PM

Acosada, enjaulada y torturada por la Policía en Estados Unidos

Después de que una agente le tocase sus partes íntimas repetidamente a plena luz del día, la joven de origen venezolano fue trasladada a un vehículo y encerrada en una jaula con otra decena de personas, “tan apretada” que no podía ni moverse.
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Laura Montilla se manifestaba pacíficamente en Los Ángeles (EE.UU.) con sus amigos frente a la violencia policial desproporcionada contra las minorías el mismo día que pasó a ser víctima de ese exceso de fuerza de las autoridades, que usaron métodos de tortura militares y abusaron de ella sexualmente.

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“Estaba esposada contra la pared, y esta señora (agente de Policía) vino hacia mí, me golpeó los tobillos y agarró mi vagina y mis pechos en dos ocasiones, pese a que todo el tiempo estaba vigilada por varios policías y era imposible que tuviese algo en mi posesión”, narra Laura, de 22 años, con la voz entrecortada.

Durante esos momentos, la joven de origen venezolano estaba temblando y en su mente sólo pensaba en pasar por esa situación sin romperse por dentro, tratando de permanecer “serena”, recuerda entre lágrimas.

Los abusos no quedaron ahí, ya que se repitieron a lo largo del día mientras estuvo bajo custodia, según su relato y la demanda que interpuso contra el Departamento de Policía de Los Ángeles (Lapd, en sus siglas en inglés), en la que también cuenta métodos de tortura militares.

Y no está sola: decenas de mujeres también han registrado denuncias contra ese departamento en el último mes.

Laura, recientemente graduada de la Universidad del Sur de California (USC, en sus siglas en inglés), salió el pasado 1 de junio con un grupo de amigos para protestar contra la muerte de George Floyd y otros afroamericanos a manos de la Policía.

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Esa tarde, la Alcaldía de Los Ángeles adelantó el toque de queda que había en ese entonces una hora, de 6:00 a 5:00 de la tarde, avisando con poca antelación; justo cuando la joven estaba en la calle.

Cuando se enteraron era demasiado tarde: centenares de policías rodearon la protesta y los manifestantes se quedaron completamente rodeados.

“Mis amigos empezaron a correr delante de la línea de policías y escaparon de alguna manera, pero mi abuela siempre me dijo que nunca corriera delante de un agente para no darle motivos para dispararme”, explica, con una naturalidad apabullante.

En ese momento empezó su pesadilla particular. Fue detenida, manoseada, encerrada en una jaula, trasladada a un cementerio y liberada tras cinco horas con música rock a máximo volumen y sin acceso a agua, teléfono o poder ir al baño.

En total, unas siete horas de arresto que convirtieron esa fecha en la peor de su vida.

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