domingo 12 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Ahora es Escocia

Escocia apuesta por la separación del Reino Unido, bajo la perspectiva de autodeterminación, un sentimiento que volvió a emerger con el “Brexit”. De allí, que el “Brexit” y el debate sobre la independencia de Escocia sean temas inseparables desde 2016.

Escocia, no ha sido ajena a los vientos independentistas que soplan con fuerza en Europa. El tema de un segundo referéndum para decidir su separación del Reino Unido antes de 2021, vuelve a estar sobre la mesa.

Intenta de nuevo avanzar hacia el camino de la autonomía, convertirse en una nación independiente y tomar las riendas de su propio destino.

Aunque en el plesbicito de 2014, el 55,3% de escoceses rechazó separarse del Reino Unido, todo cambió dos años más tarde, con la victoria del “Brexit”, cuando los británicos decidieron su ‘divorcio’ de la Unión Europea, UE.

En esta última consulta, los escoceses indecisos se decantaron por mantenerse dentro del Reino Unido para no perder los beneficios del mercado común y la unión aduanera, que ahora desaparecerán una vez Londres oficialice su salida del bloque europeo, cuya fecha previsible es el próximo 31 de octubre.

Como se recordará, Reino Unido aprobó con un 52% de los votos abandonar la Unión Europea, pero mientras que Gales e Inglaterra votaron a favor de la separación, Escocia e Irlanda del Norte optaron por mantenerse dentro del bloque.

A pesar de que los escoceses rechazaron el “Brexit”, tienen que lidiar con las consecuencias de esta decisión de los británicos en su conjunto.

Y es que para nadie es un secreto que el efecto dominó del “Brexit” se ha sentido claramente en Escocia, cuyos habitantes quieren mayoritariamente seguir perteneciendo a la UE.

Escocia, junto con Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte conforman el Reino Unido.

Es un país con cerca de 5 millones de habitantes, que pertenece desde hace 300 años a Gran Bretaña y ha gozado de cierta autonomía en términos de toma de decisiones, materia fiscal, salud, educación, finanzas, sistema judicial y Estado de Bienestar, entre otros. Además, tiene su propia moneda y Parlamento.

‘Es hora’

La primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, ferviente enemiga del “Brexit”, fue la encargada el mes pasado de poner la cuestión del secesionismo en primer plano, al insistir de que ya es ‘hora de que Escocia se convierta en independiente’. De esta forma, la líder del Partido Nacionalista Escocés (SNP) dice que “también defenderá el lugar de la región en Europa”.

Y fue más allá, al comprometerse a impulsar una segunda consulta sobre la independencia antes de que termine su mandato en dos años. Para tal efecto, quiere introducir pronto una legislación para establecer las reglas de la nueva consulta, donde es necesario un acuerdo con Londres.

Algo que no será tarea fácil y supone un nuevo pulso con Londres, que debe dar su consentimiento para activar la llamada Sección 30, la cual otorgaría al Parlamento escocés las competencias necesarias para legislar sobre un referéndum, tal y como ocurrió en 2014.

En respuesta a Sturgeon, el Gobierno británico de Theresa May no tardó en descartar su aval para que los escoceses decidan en un nuevo referéndum su independencia.

Ricardo Abello, experto en Derecho Internacional de la Universidad del Rosario, señala que el referéndum de 2014 dejó un gran malestar, especialmente en los jóvenes que querían la autodeterminación.

Malestar que se agudizó luego en 2016, al quedar por fuera de la Unión Europea, destaca. Según él, el “Brexit” tiene un impacto que afecta a los estados por igual, y una injerencia directa en muchos temas que no pensaron originalmente cuando se votó el “Brexit”.

Lo que observa Rubén Sánchez, profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, es que al abandonar el Reino Unido la Unión Europea, Escocia pierde las ventajas de las que ahora goza, al igual que Irlanda del Norte.

“Varias son las fuerzas políticas que en Gran Bretaña piden que se celebre otro referéndum para decidir de una vez por todas el Brexit, pero May se niega a ello”, comenta Sánchez.

Según el experto, la compresión que se tiene de la propuesta de May es que está intentando ganar tiempo con respecto a Escocia, mientras se aclara el panorama.

Entre tanto, Escocia teme las repercusiones de la posibilidad de perder la membresía a la UE con graves consecuencias para el empleo y el crecimiento. Es más, se habla de una caída del PIB en Escocia de hasta el 9%, tras la retirada oficial del Reino Unido del bloque europeo.

Las relaciones entre Escocia e Inglaterra han sido tensas, remarca igualmente Sánchez, quien advierte que las diferencias sobre el “Brexit”, solo hicieron tensarlas aún más.

“Con el Brexit, cualquier cálculo es especulación con base en probabilidades y el tema de la posible independencia de Escocia no es un asunto de mero cálculo racional”, asegura Sánchez.

En ese orden de ideas, plantea varias preguntas, entre ellas, “cuál sería el motivo por el cual los ingleses no quieren que haya referéndum con la posibilidad de una Escocia independiente; cuál es el interés de los independentistas; cuál es el interés de los que lo rechazan desde Inglaterra o por qué lo quieren unos y lo rechazan los otros”.

Se refiere también a que el 26 de mayo próximo habrá elecciones para el Parlamento Europeo, y hasta su celebración, el drama del “Brexit” estará en el congelador.

Movimiento separatista

Alexander Emilio Madrigal, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, explica que esta coyuntura no se puede entender sino a partir de una perspectiva histórica, en dos sentidos.

El primero, entender a Escocia en el Reino Unido como parte de esa unión de estados si se quiere, y en segundo lugar, como una reacción también al “Brexit”. Es decir, como se pone en tensión un poco la unidad de Gran Bretaña frente a la segura separación del Reino Unido de la Unión Europea.

En ese sentido, Madrigal describe que “se puede entender este caso de Escocia como una nueva expresión de separatismos, como se aprecia en Cataluña (España), donde ciertas regiones se reclaman como autónomas en un estado aparentemente unificado”.

Su lectura se orienta más hacia cómo los escoceses temen las repercusiones en particular sobre su pueblo, de la salida del Reino Unido de la UE.

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Detonante: “Brexit”

Para el analista y consultor político Andrés Mejía, el tema se remonta al referéndum del año 2014, muy polémico por cierto, en el que la opción de la independencia escocesa perdió por un margen amplio, relativamente cómodo, y entonces en ese momento, se creyó que la cuestión había muerto.

Sin embargo, subraya que la cuestión volvió a resurgir con el “Brexit”, por una sencilla razón: la mayoría de los escoceses prefiere estar dentro de la UE, que estar por fuera por ella.

Explica que en Escocia, hay un apoyo muy grande por la permanencia en la Unión Europea, entre otras cosas “porque su economía está bastante interrelacionada con la de la Unión Europea, la gente ve muchos beneficios, el movimiento no solo comercial sino la posibilidad de viajar y establecerse en todo el continente”.

Además, Mejía llama la atención sobre el hecho de que “los escoceses no comparten el sentimiento nacionalista muy inglés que ha estado detrás del Brexit”.

Entonces, esto hace que sea inevitable que los sentimientos independentistas vuelvan a emerger, no solo sentimientos nacionalistas como eran en un principio, sino argumentos de conveniencia económica, en particular por el modo casi “catastrófico” como ha sucedido el proceso del “Brexit” desde que se aprobó hace tres años, indica el analista.

Lo anterior significa, agrega Mejía, que en este momento para muchos escoceses pueda no ser muy “atractivo” abandonar la UE, y no descarta un nuevo referéndum para decidir sobre su independencia, que seguramente tendría que superar algunas barreras legales.

A su juicio, “sería un golpe durísimo para los ingleses y para la primera ministra Theresa May otra consulta, de la que se viene hablando hace rato, y es posible que los resultados cambien esta vez”.

Un factor adicional, en su opinión, es qué señales va a enviar la UE con respecto a la posibilidad de que Escocia, en caso de convertirse en un país independiente, siga perteneciendo de manera automática a la Unión Europea.

Esto, porque hasta ahora la posición de los europeos es que si una provincia de un país que es miembro de la Unión, al separarse no entra automáticamente como país nuevo, que es lo que ha pasado con Cataluña. Así que, “deben pasarse en fila y hacer toda la vuelta”, dice.

Mejía no descarta, en este caso, que los europeos quieran, “como ellos tienen un interés muy estratégico en castigar de alguna manera a los ingleses por separarse y de esa manera no incentivar a que nadie más lo haga, facilitarle a Escocia la permanencia en la Unión” si decide convertirse en un país independiente.

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