martes 24 de enero de 2023 - 10:16 AM

Aún no es viable una moneda única para Latinoamérica

Es una idea de los presidentes de Brasil y Argentina. Inestabilidades políticas y económicas juegan en contra.

Tan difícil como poner de a cuerdo a todos los inquilinos de una misma casa a la hora de aportar para las cuentas, así o más complicado sería alinear a todos los países de América Latina para que puedan tener una moneda comunitaria, al estilo de la Unión Europea.

En eso coinciden los expertos consultados aquí sobre la viabilidad de esta propuesta, que no es nueva, muchos políticos en diferentes periodos de la historia la han mencionado, aunque no han tenido en cuenta que todos sus vecinos manejan las finanzas de una forma distinta.

Por ello, no a todos les beneficiaría esa integración, más cuando hay diferencias tan marcadas en sus realidades económicas: unos están más endeudados que otros o enfrentan inflaciones que tienen el poder de compra mermado, lo que causaría que los más ordenados lleven la carga de los indisciplinados.

Del tema se está hablando nuevamente porque Brasil y Argentina, cuyos gobiernos son ideológicamente cercanos, sugirieron crear una divisa única que sirva para pagar los intercambios comerciales entre ellos, de manera que no tengan que recurrir al dólar.

El nombre de esa moneda sería “El Sur”, en referencia al área continental de América en la que tendría injerencia. Y aunque en principio se trata de una integración bilateral, la invitación para el resto de los países latinos está abierta, tal como lo comentó Sergio Massa, ministro de Economía de Argentina.

¿Todos contra el dólar?

La subida del dólar frente a las monedas de la región parece ser la antesala perfecta para crear una moneda única, puesto que esa disparada en la tasa de cambio, finalmente, se traduce en un costo de vida más alto por la alta dependencia a los bienes y materiales importados, que independientemente de dónde vengan, deben pagarse en dólares.

El presidente Gustavo Petro, por ejemplo, había manifestado que “los EE. UU., prácticamente, están arruinando todas las economías del mundo (...) toman decisiones para protegerse ellos solos, a veces sin pensar en lo que va a ocurrir a través de sus medidas”.

Eso lo mencionó en relación con la subida en las tasas de interés durante todo el 2022 en EE. UU., país que buscaba combatir la inflación más alta de los últimos 41 años.

Esa medida tuvo como efecto colateral una fuga de dólares desde los demás países hacia territorio gringo, pues los inversores preferían llevarse sus divisas allá para tener mejores rentabilidades. En consecuencia, el precio del billete verde se fue a las nubes porque disminuyó el flujo disponible para la compraventa en otras naciones, como en Colombia.

En ese contexto, la iniciativa de integración monetaria tendría sentido, pero Andrés Pardo, estratega jefe para América Latina de XP Investments, hizo notar las diferencias notorias entre unos y otros países que la hacen poco conveniente.

La casa no está en orden

Europa es uno de los ejemplos más prominentes frente a la creación de una moneda comunitaria. En el año 2000, inició el curso legal del euro y fueron muchas las discusiones antes de lograrlo.

En este caso, los más de 20 países que hacen parte de esa integración no tienen una entidad que lleve la pauta del gasto público y la deuda, pero deben respetar unas reglas básicas, como no exceder su endeudamiento. También existen mecanismos de cooperación en este tema, pero Pardo señaló que “muchas veces los países más desarrollados terminan subsidiando, en alguna medida, a los más pobres”. Por ejemplo, Reino Unido hizo parte de la integración, pero no adoptó el euro para conservar el curso de la libra esterlina, que era una divisa fuerte y ya posicionada.

Un antecedente se presentó durante la llamada “crisis de la deuda soberana de Grecia”, que estalló en 2008 y tuvo una duración de 10 años. Ahí se generaron algunas fricciones cuando los alemanes se preguntaban por qué tenían que tirarle un salvavidas a Grecia a sabiendas de que no hizo la tarea de llevar las cuentas nacionales y la deuda con juicio.

Con ello en mente, Pardo hizo notar que en América Latina las cosas podrían ser más complicadas porque las corrientes políticas que gobiernan cambian abruptamente y no siempre dialogan entre ellas. Además, “cada país tiene su propia política fiscal y la verdad es que una no está de acuerdo con la otra, entre otras cosas porque hay distintos niveles de desarrollo”.

“El modelo económico que tienen Argentina o Venezuela es súper distinto al que tienen Chile o Brasil”, añadió el experto y cuestionó: “Si yo soy Brasil, para qué quiero esa integración con Argentina, un país que tiene una inflación del 94%, una tasa de interés por las nubes, que no tiene acceso a crédito ni a los mercados financieros y un nivel de deuda descontrolado”.

En ese mismo orden de ideas, José Manuel Puente, docente y exconsultor para la Oficina de Presupuesto Nacional de Venezuela, dijo que “en general, una moneda única, como la tiene la Unión Europea, requiere de gran coordinación macroeconómica entre los países y de gran estabilidad, sobre todo a nivel de precios y crecimiento de la generación de riqueza, eso no existe en América Latina”.

“La variable más importante aquí es la diferencia de inflación entre países, tienes un bloque con una inflación de entre 8% y 12%. Y luego está Venezuela, que terminó con la inflación más alta de mundo en 2022 (305%), mientras eso continúe y persistan las sistemáticas devaluaciones, se le hace imposible incorporarse a un modelo común de moneda latinoamericana”, enfatizó el profesor.

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