jueves 30 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Crece la oposición en Brasil

Al tenor de movilizaciones sociales y un creciente rechazo al gobierno, Brasil afronta un periodo de inestabilidad como consecuencia de un presidente que no logra impulsar sus políticas, lo que empieza a desilusionar a los mercados.

Parece ser que la “luna de miel” entre Jair Bolsonaro y la sociedad brasileña está llegando a su fin.

A cinco meses de su llegada al poder, el polémico presidente ultraconservador atraviesa un momento tenso, con una agenda de gobierno en vilo en un Congreso atomizado y en medio de una grave situación económica, crecientes divisiones internas y movilizaciones sociales que amenazan su gobernabilidad.

Mientras la economía más grande de Latinoamérica está en mora de adelantar profundas reformas, como la pensional y del poder judicial, y bajo la promesa inconclusa de un porte de armas más flexible en un país muy violento, la situación no mejora y por el contrario, tiende a empeorar. Todo esto solo augura mayor polarización en Brasil.

La reforma pensional, o sistema previsional, es crucial para el gobierno a efectos de equilibrar el déficit público. Con ella, se ahorrarían cerca de 303 millones de dólares en la próxima década.

Es claro que Bolsonaro no logra conquistar los apoyos suficientes en el Congreso para tal fin, y por el contrario, ha dedicado gran parte de su capital político inicial a la denominada guerra cultural, arremetiendo contra la prensa y extendiendo los derechos al porte de armas.

Así las cosas, llegado la hora de que Bolsonaro deje de provocar dramas, y se ponga a trabajar para un país cuya economía no termina de recuperarse.

Matías Alejandro Franchiti, profesor de la Facultad de Ciencia Política, de la Universidad del Rosario, resume la situación actual en Brasil a la incapacidad de Bolsonaro de crear una coalición en el Congreso.

Recuerda que todos los gobiernos desde el año 85 han tenido una coalición legislativa donde hay 25 partidos ocupando curules.

En consecuencia, dice que no se ha podido avanzar con sus dos principales promesas de campaña: reforma al sistema pensional y reforma anticorrupción o de justicia. Adicionalmente, anota que tampoco ha dado muestras de apoyo a esas dos reformas.

Más allá de una crisis en ciernes, Franchiti identifica una especie de degradación de la Administración Bolsonaro, por el momento. Aunque no la descarta en caso tal de que no pasen las reformas clave en el Congreso.

Esta opinión es compartida por Aron Taus, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional, quien afirma que sería muy prematuro calificarla como una crisis de gobernabilidad.

“Más bien son las primeras fisuras del gobierno y que la gente se está despertando de la borrachera de la campaña electoral de Bolsonaro”, destaca.

Igualmente califica su agenda como elitista, a favor de una minoría con poder económico y mediático. Es decir, un programa particularmente neoliberal.

Había gran expectativa con Bolsonaro, pero no es fácil que avance con un programa de gobierno que va en contra de la mayoría de la población brasileña, subraya Taus.

De hecho, Taus enfatiza que su programa económico apunta a las privatizaciones y a la transformación del sistema de la educación pública, lo cual va en contra de las conquistas sociales alcanzadas por los anteriores gobiernos de izquierda, del Partido de Los Trabajadores.

Polarización

Lo que observa Jaime Rendón, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de la Salle, es que Brasil es el mejor ejemplo de una derecha gobernante que “es víctima de su propio invento”, equiparándolo con lo que ocurre en Argentina. Hay un creciente malestar y desencanto social frente a reformas estructurales muy fuertes.

La tarea, agrega, no es fácil, en la medida en que Bolsorano apela a un discurso radical, que si bien le sirvió en campaña, no tiene el mismo efecto a la hora de gobernar: “tiene que ponerse a negociar, conciliar con los partidos políticos para que pasen sus reformas”.

Igualmente, Rendón resalta que el descontento no solo se refleja en las encuestas, sino en las calles, “porque parte del éxito de la derecha es la polarización como parte del juego político”.

En ese sentido, Franchiti apunta que la polarización ideológica y social que experimenta Brasil “hace parte del ADN de Bolsonaro”.

David Peña, profesor de Derecho Internacional de la Unab, explica que Bolsonaro no ha sabido negociar y ha elegido el estilo confrontativo, dando origen a un distancionamiento con sus aliados políticos, el respaldo ha ido decayendo, y sus proyectos no han encontrado eco en un fragmentado Congreso.

Según él, el presidente brasileño debe “ser más fluido, dosificar” y hacer gala de la moderación, si quiere sacar adelante sus cruciales reformas en el marco de una frágil situación económica a nivel doméstico.

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