domingo 21 de junio de 2020 - 12:00 AM

Desenmascarando el miedo: el rostro de la COVID-19

El tablero digital de la pandemia del coronavirus del Centro de Ciencias e Ingeniería de Sistemas de la Universidad Johns Hopkins lleva el conteo minuto a minuto de casos confirmados de contagio en 188 países.
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Disparar una bala en la oscuridad. Así se vive, más o menos, la ‘guerra’ que médicos, enfermeras, laboratorios farmacéuticos, científicos y personal de la salud enfrentan, cada segundo, contra un nuevo virus, el SARS-Cov-2, que hasta el momento ha dejado más de 8,6 millones de personas infectadas confirmadas -el número debe ser muchísimo mayor-en el mundo, alrededor de 460 mil muertos y un porcentaje de recuperados que bordea el 45% de las cifras globales.

Ese ‘ejército’ de combatientes libra varios frentes de batalla, al mismo tiempo, en una carrera contra el reloj en la que su fin será el día en que se confirme la efectividad de una vacuna que proteja a toda la población, el virus mute hacia una menor virulencia o se compruebe un tratamiento médico que posibilite la atenuación o erradicación de las manifestaciones de la enfermedad producida por el virus.

Lea además: ¿Qué significa una pandemia?

En este último frente la ciencia médica reconoce que, si bien nadie estaba preparado para librar un combate de tal magnitud ante un enemigo de alguna manera desconocido, el mundo obvió alertas tempranas.

“Prepararse para algo que no se sabe cuándo va a suceder pero que requiere una gran inversión, no nos pareció necesario”, se lamenta el médico internista infectólogo Édgar Augusto Bernal García, profesor asociado del programa de Medicina de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab.

Para el profesional, “la ciencia sí conocía bastante desde antes, lo que sucede es que el mundo no estaba preparado para algo así, a pesar de haber documentos científicos” y llamados de la Organización Mundial del Salud.

La ciencia médica espera la bala de plata que logre, por fin, iluminar el camino y dar en el blanco. Ese día la máscara del miedo se caerá entre miles de millones de abrazos.

Variables para entender el virus

1. El rostro del enemigo

Las primeras noticias sobre la presencia de una enfermedad en la provincia china de Wuhan, reconocida previamente como una neumonía atípica, alertó al mundo.

Desde ese momento hasta hoy el papel que ha jugado la ciencia ha marcado un derrotero para desenmascarar los efectos que el coronavirus produce en el cuerpo de una persona contagiada. Esa es la oscuridad a la que se enfrentan los profesionales de la salud cuando reciben un caso de COVID-19 con complicaciones clínicas: cuál es el rostro de la enfermedad.

“Los síntomas más habituales de la COVID-19 son la fiebre, la tos seca y el cansancio muscular o debilidad muscular con dolor. Otros síntomas menos frecuentes que afectan a algunos pacientes son los dolores y molestias generales, la congestión nasal, el dolor de cabeza, la conjuntivitis, el dolor de garganta, la diarrea. Estos síntomas suelen ser leves y comienzan gradualmente”, explica Gustavo Adolfo Parra Zuluaga, médico internista y profesor asociado del programa de Medicina de la Unab.

Un informe de mediados de mayo pasado divulgado por la cadena estadounidense CNN en español da cuenta sobre las revelaciones del médico Scott Brakenridge, profesor asistente del equipo de cirugía de cuidados agudos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Florida.

“Una cosa que es curiosa, evolutiva y frustrante es que esta enfermedad se manifiesta de muchas maneras diferentes”, sentencia Brakenridge.

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2. La lámpara de Diógenes

Así como el filósofo griego Diógenes de Sinope caminaba por las calles de Atenas con una lámpara encendida buscando hombres honestos, la ciencia es esa luz de la que se prende la humanidad para encontrar verdades aplicables.

El epidemiólogo Juan Carlos Villar Centeno, médico egresado de la Universidad Industrial de Santander (UIS), especialista en Medicina Interna y con doctorado en Epidemiología Clínica, profesor de Medicina Interna de la Unab y director del Centro de Investigaciones de la Fundación Cardioinfantil en Bogotá, lo resume en tres palabras: “poder aprender haciendo”. “Necesitamos identificar tratamientos (quiero decir probados) para COVID-19. No contribuimos haciendo cosas aisladas, desesperadas o anecdóticas”, asegura.

El médico epidemiólogo Víctor Mauricio Herrera Galindo, docente del programa de Medicina de la Unab, agrega que “este reto ofrece la oportunidad para demostrar la importancia del trabajo colaborativo entre redes de investigadores a nivel global, que empleando diferentes metodologías (desarrolladas en algunos casos para afrontar otra clase de condiciones) y compartiendo sus datos en la medida en que estos se recolectan y estrategias de análisis en repositorios digitales, han permitido acertar una respuesta sin precedente en la comprensión del problema y la formulación de soluciones que van desde la secuenciación del virus, pasando por la determinación de predictores de riesgo de eventos, hasta el modelamiento matemático del impacto de políticas de salud pública en el curso de la pandemia.

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3. En la cara oculta de la luna

Desde una receta casera que combina limón, jengibre, cebolla y ajo, con supuestas propiedades para neutralizar el coronavirus, pasando por tratamientos con hidroxicloroquina (HCQ), Remdesivir o famotidina, hasta el uso de plasma de convaleciente son, entre todas las probabilidades, tratamientos de los cuales se informa por todos los medios con la esperanza de encontrar la fórmula que, en este frente de exploración, allane el camino sobre un terreno desconocido: la cura de la COVID-19.

Salvo la receta del limón y jengibre, desmentido por la OMS, la ciencia trabaja “en medio de una pandemia donde muchas cosas son enloquecedoramente poco claras”, como lo describe la periodista científica Ángela Posada-Swafford.

El médico infectólogo Édgar Augusto Bernal García es cauto cuando se le pregunta por la efectividad de cuanto tratamiento va apareciendo: “hay un dicho dentro del gremio médico que dice que cuando hay tantos tratamientos para una misma enfermedad es que ninguno sirve. Realmente tratamiento específico para esta enfermedad no hay, todo lo que hay es manejo de sostén mientras el organismo logra superar la infección”.

Según Villar “conocemos, pero no estamos seguros aún que la HCQ posiblemente no y Remdesivir probablemente sí mejoraría desenlaces pero, por esto mismo, se deben estudiar mejor”.

Ya van seis meses desde cuando la China alertó al mundo con la aparición de esta enfermedad que, por ahora, nos cambió la vida de forma abrumadora. El doctor Herrera cierra este informe con un sabio consejo: “La información es un insumo necesario para tomar decisiones en nuestras vidas”.

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