martes 23 de abril de 2019 - 12:00 AM

El eterno retorno del terror

Esta isla del océano Índico ha sido sacudida por el terrorismo. Una serie de atentados han revivido los peores temores tras el fin, hace una década, de una guerra civil que desangró durante 26 años al país asiático.

Luego de que Sri Lanka cerrara un capítulo de violencia fraticida por cuenta de un conflicto entre la mayoría cingalesa y rebeldes tamiles, hace justamente una década, el país asiático de nuevo se ve enfrentado a una realidad de un período oscuro que parecía ya superado.

El pasado Domingo de Resurreción, uno de los días más importantes del calendario litúrgico cristiano, ha quedado en la historia como una fecha sangrienta para Sri Lanka. Una cadena de ocho atentados coordinados contra tres iglesias cristianas, un hostal y tres hoteles de lujo cobraron la vida de al menos 290 personas y causando 500 heridos.

La matanza, adjudicada al grupo islamista local National Thowheeth Jama’ath (NTJ), es una de las más devastadoras de esta isla del océano Índico desde 2009, cuando el Gobierno central proclamó su victoria definitiva frente a la guerrilla separatista, tras casi tres décadas de una guerra que enfrentó a la mayoría budista cenegalés y a la minoría hindú tamil (asentada en el norte y noreste), dejando cerca de 100.000 muertos.

Pero, las tensiones sectarias, políticas y religiosas protagonizadas por ambos bandos, aún persisten en esta nación donde se hablan dos lenguas y se practican cuatro religiones. Además, goza de una posición estratégica al pie de India, en las rutas que conectan a África con China.

Con una población aproximada de 21 millones de habitantes, Sri Lanka, antigua Ceilán, es mayoritariamente budista (70%), además de que el 12% son hindúes, el 10% son musulmanes y el 7% son cristianos.

Un mosaico de etnias y religiones, donde, según los expertos, la prioridad es construir una identidad común, que impulse el bienestar y el desarrollo económico para superar las huellas de una guerra que ha lastrado su futuro.

La lectura de Víctor de Currea-Lugo, analista político y experto en conflicto, es que en Sri Lanka no se logra que las personas sean ciudadanos plenos de derechos, entonces hay una discriminación donde el Estado juega un papel, “bien porque la produce o bien porque no la combate”.

Por ello, atribuye una responsabilidad directa por parte del Estado y “el problema entonces es cómo crear ciudadanía que sea para todo el mundo y genere inclusión”. Así pues, no le extraña que las tensiones continúan presentes, tanto a nivel étnico como religioso en esta isla del sur de la Bahía de Bengala.

Incluso, De Currea-Lugo señala que si bien el Estado logró la victoria militar con la ofensiva de 2009, muchas de las causas, políticas y étnicas, que originaron el enfrentamiento siguen latentes en el país.

Y agrega en ese sentido, que “tienen razón (los militares) en que la guerrilla tamil fue derrotada, pero no lo fueron las causas de la guerra”.

A su modo de ver, algunas cicatrices de la guerra siguen pendientes, pero “la pregunta sobre el puesto de las minorías religiosas (como los musulmanes) o étnicas (como los tamil), sigue esperando una respuesta”.

Desde otra óptica, Rubén Sánchez, profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, explica que más que una lucha entre religiones o etnias, lo que ocurre actualmente en Sri Lanka es una lucha contra factores externos, refiriéndose al terrorismo islamista.

¿Sello del EI?

En su opinión, el terrorismo global, representado por el Estado Islámico, EI, juega un papel importante aprovechando estas tensiones religiosas, que no solo las exacerban, sino que también contribuyen a desestabilizar al gobierno, teniendo en cuenta que ponen en jaque la seguridad del país, cuya economía descansa en el turismo, uno de los más golpeados con estos atentados.

Con esta clase de ataques sangrientos contra cristianos y turistas extranjeros, los terroristas están enviando un mensaje al mundo de que están más presentes que nunca, pese a sus derrotas militares en Siria o Iraq, advierte Sánchez.

No hay que olvidar que los cristianos y minorías religiosas son el blanco constante de la retórica violenta del EI.

“Es un llamado al mundo, en el sentido de que el grupo islamista, aunque puede estar derrotado en Siria o Iraq, no está muerto en otras partes del mundo”, subraya el experto, quien también reconoce que el Gobierno de Sri Lanka bajó la guardia, desestimó la amenaza terrorista y se volvió un objetivo más fácil.

Y bajo esa lógica, considera que es necesario fortalecer la lucha internacional contra el terrorismo, como lo aseguró el presidente estadounidenses Donald Trump al referirse a los atentados ocurridos en Sri Lanka.

De Currea-Lugo afirma por su parte, que no hay todavía pruebas que indiquen una participación directa del Estado Islámico en los ataques en Sri Lanka, aunque señala que sí son inspirados en el EI, como lo fue en su momento Al Qaeda.

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