miércoles 08 de julio de 2020 - 1:00 PM

En Kenia, ahora madrugan para vender fruta en lugar de buscar leones

La crisis del coronavirus en el país africano convierte todoterrenos de safari en puestos de frutas y verduras a falta de turistas.
Escuchar este artículo

En febrero pasado unos turistas chinos mencionaron por primera vez el coronavirus al guía de safari keniano Michael Kimani. Cinco meses después, la pandemia le ha forzado a convertir su todoterreno en un puesto rodante de frutas y verduras, al igual que a cientos de compañeros con los que recorría la sabana.

“Unos turistas chinos nos dijeron que existía en su país una enfermedad llamada corona, nos dieron incluso mascarillas, pero nos lo tomamos a broma. Nunca creímos que pudiera ser algo tan desastroso”, explica Kimani, de 38 años, mientras protege una docena de coles bajo una lona publicitaria decorada con un león.

“No les sienta bien el sol”, musita.

Un mes más tarde, el 12 de marzo, el Gobierno keniano declaraba su primer caso de COVID-19; el día 25 prohibía el transporte aéreo y, 48 horas después, sumía al país en un toque de queda nocturno que ponía fin a cualquier escapada ociosa. El turismo, y con él muchos de los dos millones de empleos que sostenían esta lucrativa industria, desaparecieron del mapa.

Lea además: ‘$aldo en rojo’ del COVID-19

“Esa fue la primera vez que escuché hablar del coronavirus y la última que tuve dinero en los bolsillos”, resume este padre de tres hijos, quien a mediados de abril -y harto de no hacer nada- decidió madrugar de nuevo, pero no para otear felinos, sino para comprar verduras al por mayor en el condado rural de Nyandarua y venderlas después en Nairobi como única vía de supervivencia.

La pandemia amenaza a la extrema pobreza a 58 millones de personas solo en África subsahariana, según datos el Banco Mundial, además de menguar en ocho millones de personas una hasta ahora creciente y emprendedora clase media compuesta por 170 millones de africanos (el 14% de la población del continente).

$!En Kenia, ahora madrugan para vender fruta en lugar de buscar leones

“Nos encontramos arrodillados, a punto de colapsar y perecer”, comenta Salim Ahmed Omar, de 50 años y fundador de la ahora fantasmagórica agencia de tours Safari Exposure, con sede en Nairobi y en la que trabajaban otras cinco personas.

“En marzo y abril les pagué el salario entero; en mayo, la mitad; y en junio, nada”, se lamenta Ahmed, quien calcula en 35.000 dólares las pérdidas solo de las reservas que tenía cerradas hasta septiembre.

También le puede interesar: El nuevo orden global postpandemia

Al no haber safaris, tampoco hay trabajo para los numerosos conductores sin contrato de los que dependen agencias como la suya, quienes diligentemente recogen a los turistas extranjeros en el Aeropuerto Jomo Kenyatta de Nairobi para sumergirles horas después en las más codiciadas sabanas o cumbres africanas.

Martin Wanjohi, de 48 años y padre de tres hijos, era uno de ellos: dedicado al turismo desde 1996, su desmembrado Land Cruiser -al que le ha extirpado seis asientos traseros- transporta ahora patatas, cebollas y tomates por las polvorosas calles de Ruai, un barrio en el este de Nairobi, donde con suerte consigue volver a casa con unos 500 chelines al día (4 euros).

Kenia ya ha perdido este año 752 millones de dólares (667 millones de euros) a causa del derrumbe del sector de la hostelería, detalló el pasado 29 de junio el ministro de Turismo, Najib Balala, que subrayó la necesidad de invertir en infraestructuras que sostengan un turismo intraafricano de bajo coste y de fomentar el turismo doméstico.

“Esta es una oportunidad única para animar a los africanos a conocer y viajar dentro de África”, aseguró el pasado 2 de julio en una videoconferencia la comisaria de Infraestructura y Energía de la Unión Africana (UA), Amani Abou-Zeid, que recalcó los esfuerzos del organismo por crear un pasaporte único africano.

“Sí, incluso tras el 11-S recibimos pocos clientes americanos, pero llegaron rusos, canadienses, británicos, españoles, alemanes”, enumera este guía de safaris reconvertido en frutero, pero “ahora, sin embargo, no hay esperanza. No solo aquí, sino en todo el mundo”.

“En Europa, nuestros clientes han perdido familiares, trabajos, han perdido a gente a la que amaban. Incluso si se termina el cierre de fronteras y aeropuertos, no sé cuántos podrán viajar”, se pregunta, pese a desear con fuerza que pronto se abran los cielos.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.
Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad