viernes 06 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Francia, ‘inflamable’

Los planes económicos de Emmanuel Macron, quien llegó el 17 de mayo de 2017 al Elíseo, han suscitado un sentimiento de rebeldía y de ira entre los sectores populares franceses, que lo ven como el “presidente de los ricos”.
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Francia, de nuevo, se encuentra en pie de lucha. Esta vez, el enfado popular es motivado por una controvertida reforma pensional que impulsa el presidente Emmanuel Macron para el próximo año.

Ayer, los franceses afrontaron una de las más grandes huelgas en la historia reciente del país, convocada por los principales sindicatos. Paralizó el transporte público, la educación y parte del tráfico aéreo. Incluso los chalecos amarillos se sumaron al paro.

Hace un año, fueron precisamente los chalecos amarillos, movimiento social espontáneo que irrumpió en las calles en rechazo al alza en los precios de los combustibles y los impuestos. Las movilizaciones, disturbios y violencia que se prolongaron seis meses, pusieron en jaque al gobierno de Macron.

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A grandes rasgos, el nuevo proyecto pensional, que avanza en fase de negociación, apunta a unificar los 42 regímenes existentes a solo uno y elevar la edad de jubilación gradualmente de 62 a 64 años, para acabar con el déficit en este sector, que en el país galo asciende a 17.000 millones de euros.

Macron ha intentado una reforma (promesa de campaña) para que sea más manejable el sistema pensional, explica el internacionalista Jesús Agreda Rudenko.

Describe en ese sentido que “la idea es crear un sistema único para todos, lo que en este momento no existe debido a modelos específicos para diferentes sectores”.

Pero esto “implica que algunos estarán mejor y otros peor”, anota el profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

En términos generales, considera que es una idea responsable para garantizar que el sistema pensional sea sostenible a largo plazo, sin embargo, advierte, que en el contexto de desarraigo social después de las manifestaciones de los chalecos amarillos hay una resistencia fuerte.

Además hay que tener en cuenta que la opinión pública apoya la huelga: siete de cada 10 franceses la respalda.

“La verdad es que cualquier cambio significativo, o incluso no tan significativo pero con impacto social, tendrá una resistencia muy fuerte”, insiste el internacionalista.

Y, bajo esta perspectiva, opina que la gobernabilidad es un “verdadero reto” en este momento para Macron, cuya popularidad se sitúa en torno al 33%.

Vale la pena recordar el antecedente de 1995, cuando la presión social obligó al gobierno de Alain Juppé a retirar su reforma de pensiones, luego de tres semanas de movilizaciones en el país. Además le significó al primer ministro conservador perder las siguientes elecciones.

Si bien es un tema extremadamente sensible, Agreda Rudenko cree que puede que sea necesario para que la economía francesa sea competitiva en el marco de la Unión Europea, UE.

En esto también concuerda Laura Amaya, profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, al señalar que las políticas neoliberales que el presidente francés está imponiendo siguen lineamientos procomerciales en procura de un crecimiento económico más elevado, para que Macron se vea realmente fortalecido en el contexto europeo.

Aunque desde el punto de vista de la macroeconomía es una opción viable para Francia, son decisiones que se traducen en descontento social.

“Sobre todo porque el presidente (Macron) vive en una burbuja, que no comprende la realidad de la sociedad francesa”, cuestiona Amaya, quien cursa actualmente una maestría en Economía para el Desarrollo en la Universidad Panthéon Sorbonne de París.

Según ella, muchas veces lo anterior se traduce en que sus políticas tanto sociales como económicas no van encaminadas en el bienestar de los ciudadanos de clase media y los estratos más bajos, sino para beneficio de los grandes conglomerados económicos del país europeo.

De allí el origen del malestar de la sociedad francesa y del ciudadano de a pie.

“Esa lejanía que existe entre el Gobierno y la población, donde muchas veces la población misma trata de reivindicar su contrato social con el Estado a toda costa, por ello hay esas manifestaciones violentas y las barricadas”, comenta la experta.

Temores fundados

Los trabajadores temen que la reforma signifique ganar menos mientras las declaraciones del Gobierno no han sido claras, anota al respecto Rubén Sánchez, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

Examina, igualmente, que la situación ha movilizado a empleados de empresas estatales que gozan de regímenes especiales, pero se suma a la inquietud que manifiestan las clases medias.

“La situación en Francia es grave porque la gente siente que no puede más y explota”, alerta Sánchez.

Al analizar las motivaciones, Carlos Andrés Pérez, investigador de la Universidad de Massachusetts (EE.UU.), estima que estas protestas que buscan nuevas reivindicaciones por las reformas pensionales, no son solo una manifestación en contra del gobierno de Macron, “es un llamado que refleja la inequidad y el colapso del modelo económico neoliberal” .

En esa línea, afirma que Francia es un país que sigue luchando por los mismos ideales desde la Revolución, “pero que se mantiene en pie de lucha por la igualdad para proteger su libertad y fraternidad”.

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