domingo 09 de noviembre de 2014 - 12:57 PM

Historias detrás del muro

La caída del muro de Berlín, hace un cuarto de siglo, dio paso a la reunificación de Alemania, y con ello, el comienzo del fin de la Guerra Fría. Las ruinas del muro forman hoy una cicatriz que tiene algo de símbolo: el anhelo de libertad de aquellos a quienes una pared no los detuvo.

Al otro lado del muro, la gente de la parte occidental gritaba Komm rüber! (“ven aquí”). En el momento menos esperado, Hans Conrad Schumann se lanzó a la carrera y arrojó su fusil para cruzar desde el este lo más rápido posible, sin mirar atrás.

Schumann, un joven soldado alemán de escasos 19 años protagonizó el salto a la libertad más famoso de la historia. Su gesto, inmortalizado a través del lente de la cámara de un fotógrafo aquel 15 de agosto de 1961, se convirtió en un símbolo para la posteridad de la Guerra Fría.

Schumann fue la primera persona en escapar del muro de Berlín, que durante 28 años separó a la ciudad en dos regímenes: comunista y capitalista. Además, fue el primer soldado en desertar de la República Democrá-tica Alemana (RDA).

Hacía su guardia como vopo (policía de fronteras) cuando apenas el muro se alzaba como un incipiente entramado de alambre y púas que llevaba tres días de construido. 

Aunque vivió el resto de sus días como un hombre común, siempre lo acompañó el temor de que la Stasi, la temible organización de inteligencia o Ministerio para la Seguridad del Estado, lo llegara a secuestrar y llevar a Alemania del Este, para torturarlo y encerrarlo de por vida.

Nunca se arrepintió de haber dado ese ‘salto a la libertad’, se sintió orgulloso de lo que hizo, aunque reconoció que rompió su puente con el pasado y eso le costó todo… familia, amigos, trabajo, anonimato.

Pero solo se “sintió realmente libre”, el 9 de noviembre de 1989, fecha en la que cayó el muro de Berlín, que hoy Alemania y el mundo entero recuerdan. Nueve años después de ese acontecimiento clave en la historia del siglo XX, a Schumann lo vencieron sus ‘fantasmas’ del pasado y una depresión que lo aquejaba. El 20 de junio de 1998 se ahorcó en el jardín de su casa ubicada cerca a Kipfenberg (estado de Baviera).

Sin lugar a dudas, Schumann fue el primero en mostrar otro camino que muchos emularon, porque el deseo de libertad fue más grande que la altura del muro. Algunos lo lograron, otros no corrieron la misma suerte y murieron o fueron arrestados en el intento.

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El último fue Chris Gueffroy, quien el 5 de febrero de 1989, nueve meses antes del derribo del muro y de que fuera abierta la frontera que dividía a las dos Alemanias, fue alcanzado mortalmente por disparos de soldados de la RDA tras intentar cruzar la valla.

 El joven cantinero, de 20 años, que quería conocer el mundo más allá de la inmensa pared, quedó en los anales como la última víctima de la muralla rigurosamente vigilada a lo largo de 45 kilómetros (gráfico). “Cada uno de los muertos sacó un ladrillo para que cayera el muro”, dijo en ese entonces su madre Karin Gueffroy, quien vivía en las cercanías de la valla y oyó los disparos nocturnos sin sospechar que estos habían acabado con la vida de su hijo.

En la actualidad, el lugar donde Gueffroy murió es paso obligado de transeúntes y ciclistas. La franja del muro de Berlín (en alemán Berliner Mauer), se transformó en un parque, con una estatua conmemorativa en recuerdo al último ‘caído’.

Hoy, 9 de noviembre, se conmemoran 25 años del día en que se derribó el muro de Berlín y se abrieron las últimas puertas de la mayor ‘prisión’ comunista en Europa Central y Oriental, lo que marcaría el inicio del desplome de la Unión Soviética, en 1991.

ALGUNOS ESCAPES MÁS OSADOS

1.  En 1962 seis mujeres, dos hombres, dos niños de 12 y 9 años y una bebé de cuatro meses burlaron el muro bajo tierra. La bebé iba en una cuna de metal transportada por poleas. Llegaron al otro lado del muro sanos y salvos.

2. Dos años después, estudiantes berlineses occidentales cavaron durante 10 meses un túnel de 145 metros de largo, 12 metros de profundidad y 70 centímetros de diámetro que pasaba por debajo del muro. Unos 57 habitantes del este consiguieron huir, tras entrar por un baño y salir por el sótano de una panadería.

3. Peter Strelzyk y Gíinter Wetzel desplegaron en secreto manuales para aprender a volar en globo, mientras sus esposas zurcían cortinas para darle piel al sueño de volar sobre el muro. En la noche del 15 de septiembre de 1979 el globo voló 40 kilómetros en 28 minutos.

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EL DRAMA DE VIVIR EN UNA CIUDAD DIVIDIDA

Más allá de una frontera geográfica, el muro de Berlín significó un drama humano para familias enteras, vecinos, trabajadores amigos y para toda una nación.

Ese fue el caso de Ursula Bach, quien la mañana del domingo 13 de agosto de 1961 escuchó por la radio que las autoridades de la República Democrática Alemana (RDA) estaban levantando un muro para cortar de raíz la emigración de sus ciudadanos a Occidente.

Más de 3,5 millones de alemanes del este abandonaron ese territorio desde su fundación en 1949 hasta agosto de 1961, lo que representaba el 20% de la población de la Alemania comunista. Ese fue el argumento esgrimido por el gobierno de la RDA para justificar la construcción del muro de Berlín, como una “medida de protección antifascista”.

Bach tenía 18 años y estaba embarazada. Pese a estar enamorada de Fried, su novio y padre del hijo que esperaba, tomó la decisión de viajar con su familia a Occidente. Su novio no quiso hacerlo. Nunca volvieron a verse, y su hijo, Andreas, solo vino a tener noticias de su padre una vez que cayó el muro, en 1989.

Para Sarah, su vida cambió aquella mañana de agosto de 1961 cuando perdió a su familia. Al regresar del trabajo en la zona occidental de Berlín, el tren del metro paró y les dijeron a los pasajeros que tenían que salir. No la dejaron pasar, vio soldados acordonando la puerta y habían puesto una alambrada. Pudo ver a sus dos hijos y a su esposo al otro lado entre la multitud, ellos tampoco se movieron durante varias horas. “Me robaron 28 años de la vida de mis hijos y un año antes de que cayera el maldito muro mi esposo murió, jamás lo volví a ver, ni a él, ni a mis padres, ni a muchos de mis familiares y amigos. ¡Qué vergüenza Dios mío! ¿por qué me hicieron eso?”, se preguntó la mujer.

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