domingo 06 de octubre de 2019 - 12:00 AM

La historia se repite

Donald Trump está cerca de un juicio político, un proceso que se ha activado tres veces en el pasado en Estados Unidos.
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La posibilidad de ver a un presidente de Estados Unidos en el banquillo de los acusados y que pueda ser destituido del cargo por traición, soborno, corrupción u otros delitos importantes, no es cosa nueva en esta nación, donde el juicio político al hombre más poderoso del país ha sido utilizado como arma política a través de la historia.

El denominado “impeachment” (término que significa destitución) a un presidente, vicepresidente y cualquier cargo público civil está consagrado en la Sección 4 del Artículo II de la Constitución de EE.UU., desde su aprobación en 1789.

Además, tiene naturaleza política y no jurídica, ya que es el Congreso, y no el Poder Judicial, quien lo activa y lo vota. El castigo del “impeachment” es la destitución del cargo sin posibilidad de apelación.

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Se desarrolla en dos instancias: la primera en la Cámara de Representantes y, de ser acusado por mayoría simple de sus 435 miembros, pasa al Senado, donde una mayoría de dos tercios de los 100 escaños debe votar para condenarlo. Cuando se juzga al presidente del país, es el presidente de la Corte Suprema quien preside los procedimientos.

De los 45 presidentes que ha tenido Estados Unidos en sus casi 250 años de historia, sobre tres de ellos se ha cernido la sombra del juicio político: los demócratas Andrew Johnson y Bill Clinton y el republicano Richard Nixon. Por ahora, Donald Trump apenas ve la posibilidad de tal situación.

Vanguardia muestra, a continuación, los casos de “impeachment”, donde el espionaje político, la guerra de poderes y el abuso de poder han marcado la pauta.

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$!La historia se repite
Caso Stanton
El primer presidente estadounidense que fue sometido a un procesamiento fue el demócrata Andrew Johnson, el mandatario número 17 del país, quien ocupó el cargo por dos períodos a partir de 1865.
En febrero de 1868 la Cámara Baja, de mayoría republicana, presentó 11 cargos contra Johnson, cuyo juicio político se inició luego de una enconada lucha de poder con el Congreso sobre la reconstrucción del país después de la Guerra Civil.
El detonante fue el despido del secretario de Guerra, Edwin Stanton, un republicano radical e influyente, quien estaba a favor de una postura más estricta que la del presidente respecto al derrotado sur.
Johnson fue acusado de violar la Ley de tenencia de la oficina por despedir a Stanton, que exige que el presidente del país obtenga la aprobación del Senado antes de despedir a un miembro del gabinete.
Mientras Johnson quería anteponer la autoridad del presidente, el Congreso quería reducirla. Además, su retórica y actitudes en contra del Congreso molestaban a los legisladores.
El 16 de mayo de 1868, el Senado truncó el proceso con un voto de 35-19. Luego de 10 días de receso, hubo un nuevo intento al sumar dos artículos al juicio político contra el presidente Johnson, pero también fracasó, por lo que se suspendió el juicio en su contra.
Presunto abuso de poder
El proceso que podría seguirse contra el actual presidente estadounidense, Donald Trump, se remonta a una conversación telefónica sostenida con su homólogo de Ucrania, Volodymyr Zelensky, el 25 de julio pasado, que fue filtrada por una fuente anónima a los medios de comunicación. En el diálogo, el mandatario republicano habría amenazado con paralizar la ayuda militar y económica de Estados Unidos si el gobierno de Zelensky no abría una investigación sobre los negocios de Joe Biden -exvicepresidente estadounidense, candidato demócrata y un potencial rival en las próximas elecciones- y de su hijo en Ucrania.
Durante la llamada, el presidente Trump también le pidió a Zelensky que trabajara con el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, y con su abogado personal, Rudolph Giuliani, para indagar sobre el caso.
El pasado 26 de septiembre, la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, dio el primer paso al anunciar una investigación formal de juicio político contra Trump, quien en su defensa ha asegurado que todo se trata de una “cacería de brujas” y negó haber amenazado con retirarle la ayuda económica al país europeo.
El perjurio de Clinton
El caso más reciente, y que ocupó incontables titulares de prensa, fue el del demócrata Bill Clinton, el presidente estadounidense número 42, quien fue procesado tras ser acusado de perjurio frente a un gran jurado y de obstrucción a la justicia, después de que mintiera sobre la naturaleza de su relación extramatrimonal con la becaria Mónica Lewinsky y supuestamente también le pidiera a ella que mintiera.
En primera instancia, en diciembre de 1998 la Cámara votó 228 a 206 a favor de enjuiciar a Clinton por la primera acusación, y 221 a 212 por la segunda. Para esa época, el nivel de aprobación popular de Clinton como presidente se situaba en el 72%. Y cuando el caso llegó a manos del Senado, en 1999, la acusación estuvo lejos de conseguir los dos tercios de votos que necesitaba para prosperar.
Cuatro años antes, Paula Jones, exempleada estatal de Arkansas, entabló una demanda en su contra por acoso sexual mientras era gobernador del estado.
El principal problema de este episodio es cómo la vida personal de Clinton afectó su reputación así como puso en tela de juicio la honestidad y transparencia con la que hablaba desde la Casa Blanca.
Trama “Watergate”
En 1972, en plena campaña electoral y con todas las encuestas apuntando a un segundo mandato de Richard Nixon (el presidente número 37 de EE.UU.), cinco hombres fueron detenidos por allanar las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata (situado en el complejo Watergate, en Washington). Los arrestados pretendían no solo espiar a los rivales del republicano Nixon, sino especialmente robar los archivos que obraban en poder de los demócratas sobre la relación algo dudosa que Donald Nixon, hermano del presidente, tenía con el millonario Howard Hugues.
El diarioWashington Post reveló en su momento que el Departamento de Justicia, el FBI, la CIA y la Casa Blanca estaban involucrados en el escándalo. Incluso se probó que Nixon tenía instalado en las oficinas demócratas todo un sistema de escuchas ilegales.
A medida que las investigaciones avanzaron y los tejemanejes del Gobierno fueron divulgados, la opinión pública le dio la espalda al mandatario republicano, y fue tanta la presión mediática que Nixon prefirió dimitir antes de asumir una casi segura derrota al afrontar el juicio del Senado.
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