viernes 30 de diciembre de 2022 - 7:11 AM

Los jefes de estado que pusieron a sonar una tercera guerra mundial

En febrero Rusia invadió a Ucrania y desató un conflicto que involucró a otros países del mundo.
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Volodomir Zelenski

Presidente de Ucrania

Vestido con chaqueta verde militar, el mismo uniforme que lo ha caracterizado desde el 24 de febrero cuando Rusia invadió, Ucrania, el presidente Volodimir Zelenski aterrizó en Washington.

Con 30 meses en el poder de los cuales 10 han sido en medio de un conflicto internacional y el resto enfrentando las múltiples crisis con el Kremlin de Vladimir Putin, Zelenski salió de su terruño europeo, de tanques blindados y escombros, para viajar a Estados Unidos y encontrarse con su homólogo Joe Biden.

Para esa travesía solo hizo una escala en la aliada Polonia, una parada técnica por más cuestiones de seguridad que geoolíticas. Después, ya en América, blindado por el ejército gringo y ovacionado por las clases políticas, le regaló al mundo el retrato de su apretón de manos con Biden en las puertas de la Casa Blanca.

No se trató de una foto cualquiera, sino un mensaje de fuerza: Zelenski pudo salir de un territorio en guerra para reunirse con su par de la potencia mundial y ratificar nuevos envíos de indumentaria para combatir, dinero, ayuda humanitaria y respaldo diplomático.

La travesía de Zelenski tiene un trastienda. Su triunfo o fracaso en la guerra que lleva diez meses, 7.200 civiles asesinados y 200.000 militares muertos será el factor que determine qué tan fuerte es Occidente –Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN– frente a Rusia y qué tan lejos puede llegar un Vladimir Putin que se salta la legislación internacional para invadir un país y declararlo como territorio propio.

Ya en otras ocasiones la Casa Blanca se saltó el orden mundial para invadir países en nombre de la lucha contra el terrorismo, como Afganistán o Irak, en guerras que duraron décadas y en las que, de forma indirecta, terminaron enfrentados con la tecnología militar rusa.

Pero en esta ocasión Estados Unidos no es el invasor, sino el defensor del invadido, una Ucrania que se permita como integrante de la OTAN y de la Unión Europea aún ante los reparos rusos.

A Zelenski, Estados Unidos, la Unión Europea y esa “comunidad internacional” de la democracia le han enviado billonarias sumas para la compra de armas, los ejércitos prestaron a sus mercenarios e instancias internacionales como Naciones Unidas han tramitado a su favor todo tipo de resoluciones para condenar la invasión y defender a Ucrania.

A pesar de las citas en el Consejo de Seguridad de ese organismo, los reportes sobre violaciones a los Derechos Humanos en la guerra y las cartas diplomáticas a la Rusia de Vladimir Putin para reclamarle frenar la afrenta contra Ucrania, la guerra sigue y el pareciera no estar dispuesto a renunciar a su invasión y anexarme más terreno ajeno.

Vladimir Putin

Presidente de Rusia

Desde los primeros días de enero pasado y aún con la resaca de un Año Nuevo, Vladimir Putin empezó a mostrar indicios de querer meterse a un país cercano y anexar más territorio (como lo hizo con la península de Crimea en 2014) a una Rusia cuya extensión territorial (17.1 millones de kilómetros cuadrados) albergaría en su interior a nueve colombias o a dos Estados Unidos.

Putin, el presidente calificado de loco por muchos de sus homólogos, que posa con armas y sin camisa y hace alarde de sus dotes de cazador de fieras salvajes, lanzó una primera amenaza a Ucrania en los albores de este 2022: si ese país ingresaba al Tratado del Atlántico Norte, OTAN, o si tan solo realizaba la solicitud, caería sobre ella una lluvia de bombas y balas de la que no saldrían vivos sus habitantes.

Y la promesa se cumplió: el 24 de febrero, cuando en Colombia el reloj marcaba las 10:45 de la mañana, tanques y aviones iniciaron una escalada violenta contra Ucrania, todo bajo la premisa de que esta confrontación duraría poco menos de 15 días y con la excusa de que la entrada de Ucrania a la OTAN solo serviría para que este tratado fortalecería más a los países occidentales.

“Ellos (OTAN) trataron de crear una amenaza para nosotros, desplegando tropas. Cada vez era más peligroso, teníamos que hacer esto (atacar Ucrania) y era lo único que se podía hacer”, dijo Putin en mayo de este año, justificando un conflicto bélico que ha expulsado a nueve millones de personas de los territorios ucranianos.

Pero la guerra que Putin tenía en su cabeza, enmarañada por las ideas de una persecución mundial, era muy diferente a la que se vivía en el territorio, y Ucrania, un país que empezó a luchar solo comenzó a contar con el apoyo de países como Estados Unidos que lo inundaron de armas sofisticadas, pero no le enviaron un solo soldado. A sus tropas se sumaron mercenarios de todo el mundo, y la balanza que Putin pensó en doblegar en 15 días lleva 10 meses sin inclinarse a su favor.

Por el contrario, a Putin, el planificador de estrategias de guerra y espionajes aprendidos en su recorrido como oficial de inteligencia de la KGB, le ha tocado sortear las presiones económicas y medidas que buscan ahogarlo para que, de una vez por todas, se sienta a una mesa de negociación o firme una rendición ante Ucrania, situaciones que no han sucedido y, por el contrario, lo llevaron a intensificar sus ataques pese a que ha tenido duros reveses en territorios conquistados en Ucrania.

Putin, el loco, el guerrero, el presidente, ya ha hablado de escalar su invasión a una guerra de armas nucleares. Aunque dice que no sería el primero en usarlas, argumenta que la OTAN las tiene listas y no dudaría en apretar el botón que podría acabar con la humanidad en una nueva locura nacida en el ocaso de un año a punto de terminar.

Escándalos de talla global

El 7 de diciembre la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se cubrió el rostro e hizo una oración por el fin de su carrera política: el juez Jorge Gorini y sus colegas Rodrigo Giménez Uriburu y Andrés Basso, de los tribunales de Comodoro Py 2002 la declaraban culpable de corrupción y defraudación del Estado, la condenaron a seis años de prisión, y de paso, sellaron su muerte política de por vida al declararla inhabilitada perpetuamente para ejercer cargos públicos. Kirchner, acusada de favorecer con contratos al empresario Lázaro Báez, se convirtió en la historia de Argentina en la primera vicepresidenta en ser condenada a prisión. Tras la decisión, arremetió contra el sistema judicial argentino y lo calificó de mafioso. En 2023 apelará la decisión de los jueces.

El jefe de Estado que pone a prueba a Occidente frente a Rusia

Mantener el orden y los valores de una sociedad bajo los lineamientos del socialismo es el proyecto que más desvela al presidente de China y lo ha llevado a realizar maniobras para continuar en el poder. No obstante, diversas ONG internacionales como Human Right Watch y Amnisitía Internacional han señalado a este gobierno como un claro violador a los derechos humanos, todo con el objetivo de mantener y controlar una economía exitosa. Parte de esas violaciones se vivieron en noviembre pasado cuando miles de manifestantes chinos se lanzaron a las calles a protestar contra Jinping tras la muerte de 10 personas confinadas en un apartamento por las normas contra el covid. La mayoría de los que protestaron fueron detenidos por la Policía y enviados a la cárcel.

Castillo, el presidente que se sacó solo del poder

Pedro Castillo, un humilde profesor que se convirtió en sindicalista y de allí dio el gran salto al poder convirtiéndose en el presidente de Perú, cometió el peor error de su vida: en un intento por evadir un juicio político por corrupción e inhabilidad, amenazó con acabar con el Congreso. Sin embargo, los congresistas le salieron adelante y en jugada de maestro de ajedrez, se anticiparon destituyéndolo de la presidencia. El 7 de diciembre no solo el Congreso peruano le dio la espalda a Castillo, los militares y la vicepresidenta lo acusaron de intentar de un golpe de estado, por lo que se ordenó su captura. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, expresó que lo hecho con Castillo era ilegal, además de que no lo habían dejado gobernar, pero otros mandatarios celebraron la decisión de su captura.

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