sábado 18 de octubre de 2008 - 11:05 PM

Marilyn: el mito sigue intacto

Casi media década después de su deceso, quienes le rinden culto a la bella, de curvas perfectas, siguen sin saber a ciencia cierta las causas de su fallecimiento. ¿Asesinato? ¿Suicidio? ¿Muerte natural?

La muerte de Marilyn está rodeada de misterios. Varios forenses han realizado el estudio de los hechos criminales que rodearon la muerte de la actriz y confluyen en diversas hipótesis.

Esta es la teoría del profesor Germán Antía, decano de la Facultad de Ciencias Forenses del Tecnológico de Antioquia, sobre el caso número 81128 llegado a la morgue del servicio forense del Condado de Los Ángeles, Estados Unidos, el domingo 5 e agosto de 1962.

1. La noche del sábado

El cuatro de agosto los vecinos escucharon el ruido de vidrios rotos y gritos en la habitación de huéspedes de la mansión de Marilyn. La Policía recibió el llamado reportando su muerte al amanecer del domingo.

Thomas Noguchy, recientemente nombrado como examinador médico, practicó la necropsia por encargo telefónico que le hizo el director de la morgue de Los Ángeles, aunque se sabe que los examinadores médicos más experimentados eran asignados a los casos más importantes.

A esto se suma, que la enfermera siquiátrica encubierta, Eunice Murria, de 59 años, fue contratada como aseadora y dama de compañía para llevar a Marilyn a las citas medicas. Sin embargo, tras la muerte de la rubia se conoció que era una enfermera enviada por el doctor Ralph Greenson, psiquiatra de Monroe.
Como doméstica escuchaba atentamente todo lo que sucedía en la casa y luego lo susurraba al oído de Greenson.

Días después del fallecimiento de Monroe, llenó un cheque que la víctima dejó firmado en blanco. Pero, para su mala fortuna, el banco negó el cambio por hallarlo fraudulento.

2. La escena del crimen

El Sargento Jack Clemmons, comandante de turno esa noche, atendió el llamado que informaba la muerte de Marilyn. Clemmons observó con detalle la escena y la posición del cadáver. No vio vasos ni frascos de medicamentos. Y como dato curioso encontró la ventana rota de adentro para afuera.

En la habitación no descubrió manchas de vómito ni otros fluidos corporales. Además, no había apuntes personales de la occisa.

3. Cambios en la escena del crimen

En fotos tomadas por el oficial que relevó al sargento Clemmons, se observan vasos y ocho frascos de píldoras en el piso de la habitación. Con lo cual se deduce que la escena del crimen fue alterada.

Días después, el tapete de la habitación fue cambiado. Y para acabar de completar las misteriosas transformaciones en el cuarto de Marilyn, la noche de los hechos el ama de llaves llamó afanosamente a los obreros para reparar la vidriera rota.

4. El rigor mortis

A las 5:45 de la mañana del domingo, los funerarios retiraron el cuerpo de la calle 12305 de Fith Helena, dirección de Marilyn. Para ello, se rompió la rigidez cadavérica para introducirla en la camilla.

5. El livor mortis

La lividez (livor mortis) es causada cuando la sangre se reúne en el nivel inferior del cuerpo en las horas posteriores a la muerte produciendo manchas rojo vinosas.

Cuando un cadáver es movido durante las primeras horas, las livideces se mueven del lugar donde estaban para situarse en un nuevo sitio. Continúan con este patrón mientras el cuerpo no esté inmóvil, se llama lividez móvil.

El forense reseñó en su informe livideces fijas en cara, cuello, brazo, pecho y abdomen y otra móvil, que desaparece con la presión, en la espalda y lado posterior de brazos y piernas.

Por ejemplo, cuando un cuerpo al morir permanece boca abajo por más de ocho horas y luego es volteado al pasarlo a una camilla, las livideces que tenía desaparecen y cerca de una hora después tendrá livideces móviles nuevas en la región posterior.
Todo indica que Monroe fue movida en varias ocasiones antes de colocarla en posición boca abajo como la encontró la policía.

6. Manipulación de las pruebas

El cadáver de la diva fue llevado primero a la funeraria y no a la morgue del departamento forense del condado de Los Ángeles, como lo establecen las leyes para casos de muertes accidentales, asesinatos y suicidios.

No se conocieron los estudios de riñón, orina, estomago, ni del frotis vaginal. La inconsistencia en el procedimiento forense agrega un velo de duda a la veracidad del mismo.

7. Comentarios a la necropsia

De acuerdo con la información de los fenómenos cadavéricos se concluye: livideces fijas en rostro, cuello, tórax, porciones superiores de los brazos y el lado derecho del abdomen, y lividez pálida que desparece con la presión en el dorso y en la cara posterior de los brazos y las piernas.
Con estos datos, se puede inferir que llevaba más de 12 horas de muerta y que la primera parte del tiempo la pasó boca arriba y un poco hacía el lado derecho.

La víctima fue inyectada tres días antes por el Doctor Engelbert para tratarle una diarrea, pero en la autopsia no se documenta la cicatriz de la punción; lo que pone en duda el informe.

Los hematomas en los muslos, comunes en víctimas de abuso sexual, que algunos testigos observaron en el cadáver de Marilyn, no fueron reportados por Noguchy.
Es posible que manchas de semen de quienes la cuidaban, estuvieran en las sábanas que la señora Murray lavaba apurada aquella madrugada. Otras evidencias de fluidos masculinos sobre el cuerpo de la diva se borraron antes que la Policía llegara.

El tapete de la habitación de Marilyn posiblemente tenía manchas en forma de mapa y por eso fue retirado y cambiado por otro. Del análisis de la escena, se concluye que la rubia, de rubias, fue accedida carnalmente la tarde del sábado. Después, en la noche, le inyectaron una dosis letal.

El cadáver

El cuerpo de la diva permaneció en la brillante mesa de acero de la morgue. Presentaba moretones en los muslos y las huellas que un agresivo bisturí dejó en la piel debajo del reborde costal derecho y en su zona púbica. Finalmente, un cuchillo penetró sus carnes para exhibir las vísceras al forense.

Entonces, el embalsamador Snyder lavó el cuerpo, limpió cuidadosamente sus uñas y con la ayuda de una máquina inició la inyección de líquidos embalsamadores.

Gracias a la inyección, el cuerpo tornó del pálido al color rosado. Poco a poco la apariencia de las carnes se volvió maciza. El embalsamador masajeó el cuerpo e intentó borrar los aspectos cadavéricos.

Con la habilidad de un cirujano y la precisión de un arquitecto, cerró finamente los cortes hechos por el doctor Noguchi. Se cercioró, además, que las heridas quedaran secas aplicando un polvillo que no dejó salir líquidos del escultural cuerpo.

Desconectó la máquina, retiró las agujas del cuerpo y continuó masajeándolo para ayudar a distribuir los líquidos.
Secó y peinó el rubio cabello. El cadáver así sobre la mesa de acero tenía, ahora, la apariencia de un icono.

Tomó un perfumero y esparció el contenido oleoso y oloroso por el cuerpo, ninguna curvatura de Marilyn quedó sin impregnarse de la exquisita fragancia.
Es el medio día del domingo en Hollywood, el Sol no parecía brillar.
El embalsamador reparó el cuerpo y recorrió la fina silueta de su cara, el perfil de la nariz y la exquisita anatomía de sus labios. Se acercó un poco más y detalló el rostro de la diva, traumatizado por la sierra del anfiteatro; empezó a darle una apariencia lo más parecida posible al rostro rutilante de una actriz.

Tras ello, tomó de una mesa lateral el vestido de seda verde. Ajustó toda la voluptuosidad de los pechos al escote del traje y encubrió las huellas de la necropsia y de una vieja cicatriz que le dejó en el abdomen una cirugía de vesícula. Ahora el abdomen lucía entallado.

Buscó en sus botiquines las paletas de maquillajes, una a una las bajó de los compartimientos. Como un artista frente a su lienzo comparó los colores con el rostro de Marilyn.

Revisó con detalle toda la gama de colores de los lápices labiales y los finos polvos dorados para contorno de ojos.
Levantó la cabeza y un asistente le colocó la peluca de cabellos rubios.

Masajeó de nuevo el rostro para relajar los músculos de la cara y distribuir los líquidos que inyectó. Poco a poco logró borrar la funesta mueca de la muerte que lucía Marilyn desde aquel sábado en la noche cuando la vida se le fue a pedacitos.

Preparó los lápices y pinceles, aplicó el rojo pasión a los labios sensuales y carnosos, el rubor a las mejillas, sombras nacaradas con brillos dorados en los párpados, delineó las cejas, colocó largas y negras pestañas postizas. Remató su trabajo resaltando el sensual lunar de la mejilla.

Concluida su obra, Snyder y su asistente pasaron el cadáver al ataúd. La colocaron entre frondosas sedas y en sus manos pusieron un bouquet de rosas encarnadas.

Así fue llevado a la tumba el sensual cuerpo que cada noche la diva bañaba en un ritual con una onza de Agua de Colonia de Chanel N°5.

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