miércoles 27 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Ni tanto que queme al santo

La población hongkongesa ha dejado claro en las urnas su rotundo rechazo a la creciente influencia de Beijing, y se ha mostrado a favor de una mayor participación democrática.
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Luego de casi seis meses de manifestaciones y disturbios, muchos de ellos que han terminado en violencia, Hong Kong habló claro y alto en las urnas.

En una votación récord e histórica en esta provincia autónoma de China, las fuerzas prodemocráticas lograron el pasado domingo una victoria aplastante en los comicios municipios, logrando el 85% de las 452 escaños en juego en el Parlamento local.

Los resultados, a todas luces, plantean nuevos problemas para China y aumenta la presión sobre la jefe del Gobierno Local, Carrie Lam, quien se ha mostrado dispuesta a dialogar sin ofrecer mayores concesiones a los reclamos ciudadanos.

Así las cosas, el gobierno central de Hong Kong se enfrenta a un problema político. Para salir del estancamiento actual que vive, tendrá que hacerlo a través de una solución política para así fortalecer su vida democrática.

Poniendo de relieve la importancia que tienen los resultados electorales, Alejandro Alvarado, abogado y analista internacional, subraya que la presión real es sobre el control de Hong Kong, en especial con la intervención de Estados Unidos.

Por ello, cita que lo que busca EE.UU. es presionar a la potencia asiática, quien ha expresado las injerencias del gobierno de Donald Trump y el acceso a una de las economías más importantes del mundo, en la medida en que “China sin Hong Kong tiene mucho por perder”.

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Igualmente sostiene que no hay que perder de vista que “las personas en Hong Kong tienen un especial sentimiento antichino”.

Y agrega en ese sentido que “solo que después de dejar de ser colonia inglesa la sociedad hasta ahora entró en un lento camino de defender la autonomía”.

David Castrillón, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, sostiene por su parte, que las elecciones ponen a la administración actual de Hong Kong en una posición incómoda, porque los resultados se pueden interpretar como un rechazo a las decisiones tomadas por ella.

Para él, llama la atención que esta gran victoria de estos candidatos anti-Lam, anti-Pekín, no necesariamente se va a traducir en acciones por parte de la jefe del Gobierno Local.

Es decir, considera que si bien las elecciones envían un mensaje contundente, insiste en que esta administración posiblemente entiende cualquier concesión tras este revés electoral como una señal de debilidad.

Igualmente advierte que el tema del diálogo en esta antigua colonia británica, “ha sido capturado por un grupo ruidoso activo que ha salido a las calles, y ese secuestro de la conversación ha tergiversado mucho al situación real de Hong Kong”.

Pero aún así, destaca que son grupos que sí reflejan esas preocupaciones que se dan sobre el estado de la democracia y el futuro de Hong Kong.

Solución a la vista

Como parte de las soluciones a la vista, Castrillón observa que la vía es la del diálogo, aludiendo a concesiones en las que por ejemplo China podría anunciar que está dispuesta a extender la vigencia de la Ley Básica de Hong Kong, que hace realidad la cuestión un país dos sistemas, que expira en 2047.

Y en el caso de los manifestantes pacíficos antigubernamentales, podrían también declarar de manera expresa que Hong Kong es una parte de China y no es un territorio independiente, y que están dispuestos a someterse a reformas democráticas de forma gradual.

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Pocas expectativas
Mario Morales, analista de medios y profesor de la Universidad Javeriana, indica que aunque el triunfo contundente desde el punto de vista de los concejales (el escalón más bajo en la pirámide de poder en Hong Kong), nota que las expectativas que se aprecian en el futuro inmediato no son muy halagüeñas, en lo que concierne no solo de que se cumplan las cinco demandas de las fuerzas antichinas (mayor democracia y libertad para detenidos entre otras), sino en la apertura democrática con respecto a Pekín y al mismo gobierno local.
No obstante, reconoce que los resultados son un espaldarazo de buena parte de la población hongkongesa “que significa un aire en la lucha y una resistencia larga que se traduce en un contienda con bajas y altas. No descarta que haya más represión, lo que al tiempo alimenta la protesta de aquellos que sienten un apoyo popular irrevocable.
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