miércoles 24 de octubre de 2018 - 12:01 AM

¿Por qué asesinaron a Jamal Khashoggi?

El escándalo de las últimas tres semanas por el asesinato de un periodista a manos de funcionarios saudíes bajo circunstancias oscuras, tiene en el ojo del huracán al heredero Mohammed bin Salman.
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“He dejado mi casa, mi familia y mi trabajo, y estoy levantando la voz. No hacerlo sería traicionar a aquellos que languidecen en la cárcel. Yo puedo hablar mientras que tantos otros no pueden”.

Con estas palabras, en septiembre de 2017, Jamal Khashoggi, otrora rostro común dentro de la élite de Arabia Saudí, publicó su primera columna en el periódico The Washington Post, luego de abandonar su país hacia Estados Unidos, en un exilio autoimpuesto.

El periodista, célebre por sus entrevistas a Osama bin Laden, no solo se había convertido en uno de los críticos de más elevado perfil del príncipe saudita Mohammed bin Salman (MbS), sino también temía ser el próximo en ser acallado.

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Tal y como ocurrió con su amigo Esam al Zamil, un economista que fue arrestado por atreverse a criticar el ambicioso plan económico del heredero de esta monarquía absoluta, para sacar a la bolsa un 5% de la empresa nacional de petróleo, nada menos que la mayor petrolera del mundo, Aramco.

Sus temores se hicieron realidad el pasado 2 de octubre, cuando Khashoggi entró al Consulado saudí en la ciudad turca de Estambul para unos trámites porque se iba a casar, y no volvió a aparecer.

Su desaparición, conforme han pasado los días, se ha convertido en una seguidilla de detalles macabros, donde la desinformación, el ocultamiento y las negativas vehementes por parte del reino saudí que niega cualquier implicación directa del príncipe Bin Salman, ha caído en oídos escépticos en todo el mundo, incluyendo aliados como Estados Unidos.

Lo que puede interpretarse como una evidente torpeza o un absoluto cinismo, la diplomacia saudí ha ofrecido varias versiones de lo que ocurrió aquel 2 de octubre, pero cada vez aparecen más informes que comprometen al poderoso heredero saudí, quien habría ordenado el asesinato de Khashoggi, y cuya posición hasta ahora parecía inquebrantable.

Las versiones apuntan a que el periodista fue asesinado dentro del Consulado, último lugar donde se le vio con vida.

La orden, además, provino de uno de los más cercano ayudantes del príncipe heredero, y quien a través de una llamada de Skype a la legación diplomática exigió “la cabeza de ese perro”. Además de que participaron 15 agentes antes de que un forense cortara su cadáver en 15 partes y los regara por varios lugares en un intento de desaparecer todo rastro.

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La escalofriante muerte del periodista saudí hoy ocupa los titulares de la mayoría de los diarios internacionales, y ha causado tensión diplomática entre Estados Unidos, Arabia Saudita y Turquía.

Más allá del asesinato de Khashoggi, Carlos Andrés Pérez, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle, advierte que hay un asunto de fondo relacionado con la visión de lo que realmente ocurre en Arabia Saudí y en Oriente Medio, donde “no hay una concepción universal del tema de derechos humanos”, y en términos del derecho internacional “es un asunto muy complejo”.

El experto cuestiona cómo el régimen saudí apela a una campaña de desinformación para contener un problema que es imposible de contener, y lo que termina es poniendo contra las cuerdas a la monarquía misma que no tiene más remedio que admitir la muerte del periodista.

En esa misma dirección, José Ángel Hernández, doctor en Historia Contemporánea y director de la Maestría de Historia Contemporánea de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, dice desconocer las consecuencias que pueda tener este episodio en cuanto a la continuidad de MbS en el trono saudí, recordando que a los reyes se les elige en una especie de consejo que no es hereditario.

Entre tanto, Benjamín Herrera, profesor de la Universidad Javeriana, opina que este caso además plantea una gran pregunta, y es si sus repercusiones serán coyunturales o de largo aliento.

“Dadas las condiciones no creo que sean de largo aliento sino que van a terminar siendo enterradas por el flujo informativo, hay intereses creados muy grandes de carácter económico e intereses geopolíticos en lo que respecta a Irán y por guerras interpuestas como en Siria y Yemen”, argumenta el también experto en Oriente Medio.

La misma tesis es compartida por el profesor Hernández, quien asegura que las cancillerías y los gobiernos optarán por el pragmatismo.

“Supongo que seguirán vendiendo armas a Arabia Saudí, habrá una cierta presión temporal hasta que la cosa amaine, y no es solo la cuestión petrolera, donde el reino pueda subir los precios de crudo de manera unilateral”, sino también que golpea la imagen del príncipe heredero y de la monarquía en general, destaca.

Como se recordará, el heredero saudí negoció en 2017 con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, un acuerdo sin precedentes, de 110.000 millones de dólares en venta de armamento.

Es más, Trump no tuvo reparo alguno en afirmar que no sería “constructivo” detener la venta de armas a Riad en represalia por la muerte del periodista saudí, argumentando que sería “peor” para la economía estadounidense.

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Esto, sin mencionar que muchas compañías petroleras, de industria energética y de infraestructura internacionales no pueden permitirse el lujo de perder a Arabia Saudí como cliente, simplemente porque es uno de los tres principales productores de petróleo del mundo.

Así las cosas, el profesor Herrera anota que no habrá mayores cambios en las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí, y dice que quienes van a terminar pagando los platos rotos serán funcionarios de menor rango por el asesinato de Khashoggi, “pero realmente quienes son los responsables directos difícilmente van a ser tocados”.

Sin embargo, según Hernández, en adelante Arabia Saudita será mirado con lupa, sobre todo en sus intervenciones en Yemen y Siria, “de tal manera que va a tener que andar con pies de plomo y eso no va a favor de Occidente porque si Arabia recula en escenarios internacionales, como Oriente Medio, ese hueco lo tapará Irán que tiene una vocación antioccidental importante”.

Y en ese orden, concluye que “nada de lo que se hizo contra Khashoggi dentro del Consulado, se hizo sin la aquiescencia y la aprobación del régimen saudí”.

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