domingo 05 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Reapareció de entre los muertos

El Estado Islámico quiere mantener su influencia global a pesar de las derrotas militares en Iraq y Siria. Por la naturaleza de su estructura ideológica y capacidad de adaptación, el grupo radical seguirá provocando el terror y desestabilizando al mundo.

El Estado Islámico, EI, ha cobrado un renovado protagonismo mundial, luego de atribuirse la autoría de los atentados que estremecieron a Sri Lanka el pasado Domingo de Pascua, y la reaparición de su máximo líder, el iraquí Abú Bakr al-Baghdadi, asegurando que los ataques son “parte de la venganza” que espera a Occidente.

Luego de las derrotas territoriales en Iraq y Siria, se pensó que una de las organizaciones terroristas de corte islamista más temidas en el mundo, había llegado a su fin. Pese al optimismo que supuso el triunfo militar en estos dos países, el EI “sigue vivito y coleando”.

Si bien analistas en el tema coinciden en la desaparición de las estructuras que sostenían el llamado califato (estado) en sus bastiones en Iraq y Siria, esto no necesariamente significa que el EI haya perdido la capacidad de hacer daño ni esté para nada desvalido, porque su contagiosa ideología sigue en auge.

Más bien, es un escenario que implica un replanteamiento de la estrategia del grupo terrorista, así como un desplazamiento de sus fuerzas del campo de batalla tradicional para convertirse en células terroristas o de guerrilla, que pueden seguir operando pero de otra forma. Es decir, ‘muerden pero huyen’.

A todas luces, esta nueva situación significa que no es una derrota real del EI, sino un cambio en la correlación de fuerzas en estos territorios donde ha habido conflictos internos.

Ahora bien, el Estado Islámico podría tornarse más letal, porque se ve en la obligación mutar en otras formas muy distintas para continuar su lucha armada.

Además no hay que subestimar o menospreciar al también conocido como Daesh (acrónimo en árabe), curtido en batalla, que en 2015 llegó a controlar un territorio de 88.000 kilómetros cuadrados que se extendía desde el oeste de Siria hasta el este de Iraq.

Y este contexto, la bandera negra y blanca del EI viene ondeando más allá de estas fronteras. Su campaña de terrorismo se extiende, ahora, hasta África y el sudeste asiático.

Todo esto, sin mencionar que cerca de 30 mil combatientes de las filas del grupo radical islamista han pasado a la clandestinidad, en los últimos dos años, para llegado el caso actuar como “lobos solitarios” o células terroristas y llevar su guerra a Europa y Occidente, según estimaciones de expertos.

Otra figura que ha entrado de nuevo en escena, es el autoproclamado califa al-Baghdadi, quien el pasado 29 de abril se mostró por primera vez en cinco años en un video, con un rifle Kalashnikov en el fondo, acallando de paso los rumores sobre su muerte.

No solo advirtió una “guerra de desgaste” con sus enemigos, sino que además, animó a sus seguidores a no bajar la guardia, y felicitó a los autores de los ataques en Sri Lanka.

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Escenarios de lucha

Después de los saltos dados, el Estado Islámico ha retrocedido en forma apreciable gracias a Estados Unidos y Occidente en general, así como a factores domésticos de poder en países árabe-islámicos, considera Elie Habalián, analista internacional sirio.

“Hoy se puede decir que ha pasado de nuevo a la reserva clandestina, ha vuelto a lo que más sabe hacer; eso es: el terror”, subraya.

A su modo de ver, esa es justamente la amenaza real: “El Islam radical es excluyente y totalitario. El Islam político radical habla en serio cuando menciona la inevitabilidad de la hegemonía islámica en el mundo entero. Con ese fenómeno no se puede conciliar, solo procede detenerlo a la fuerza”.

A eso se le añade, según Habalián, que varios países del norte de África y del sudeste asiático se han convertido en territorio fértil para el agresivo islamismo político radical.

Óscar Palma, analista de conflicto, insurgencia y terrorismo, examina por su parte, que lo ocurrido en Iraq y Siria de cierta forma fue el agotamiento de lo que habíamos conocido hasta el momento como Estado Islámico, es decir en su forma de control territorial, pero eso para nada quiere decir que se haya acabado.

“Lo que vemos es una evolución de un estado de control territorial de fuerza en términos militares y económicos a una organización débil, insurgente, que recurre a otra serie de tácticas como guerra de guerrillas y atentados terroristas sin dominar el espacio”, explica el también profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

Componente ideológico

Otro elemento importante a evaluar, señala Palma, es entender el fenómeno del Estado Islámico como una ideología y no como una organización estructurada, para de esta manera, entender el por qué no desaparece.

“Es decir, hay personas que en cualquier rincón del mundo se identifican con esta versión del radicalismo islámico violento y ven a Occidente como el enemigo”, argumenta el experto.

Sumado a ello, asegura que el EI en su punto más fuerte empezó a hacer presencia en otros estados como por ejemplo Libia y Yemen, como consecuencia del debilitamiento del corazón de la organización terrorista radical en Iraq y Siria.

Entonces, Palma advierte que lo viene en muchos países son ataques terroristas de baja intensidad pero con mucho ruido, aludiendo a lo sucedido en Sri Lanka, que generan un gran impacto con la impronta del Estado Islámico.

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Amenaza sigue latente
Geraldine Bustos, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, destaca la naturaleza del Estado Islámico no solo en lo que tiene que ver con las prácticas empleadas, sino también el fuerte vínculo ideológico, “en este caso la reivindicación de tipo religioso en la cual busca crear un califato como organización política”.
La politóloga además cita el control territorial como elemento tradicionalmente vinculado tanto con la insurgencia y las guerrillas de organizaciones terroristas, como la red Al Queda. Y anota que esto en el caso del EI no aplica, “no está destruido y esto se demuestra con los atentados en Sri Lanka”, cometidos por “lobos solitarios”, pero que la organización lo reconoce como una estrategia al interior de la misma, lo que hace que la amenaza se incremente.
No obstante, Bustos reconoce que la pérdida del control territorial en Iraq y Siria sí lo obliga a replantear toda su estrategia, y el EI va a operar en forma de células, si bien no garantiza que pierda capacidad de ataque en otros lugares del mundo y en esa medida, la amenaza global siga latente.
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