miércoles 24 de noviembre de 2021 - 5:03 PM

¿Son los humanos la causa de la evolución animal?

¿Cuántos tipos de animales habría en el mundo si estos pudieran mutar a su gusto? Si mañana, por ejemplo, el tiburón decidiera tener piernas y pulmones para también cazar en tierra firme o si la jirafa naciera con cuello cortico para comer los frutos de un arbusto. Si usted, como animal que también es, pudiera decirle a su descendencia que en vez de brazos nazca con alas para desplazarse más rápido.
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Las cosas, sin embargo, no son tan fáciles y la evolución, dependiendo de las especies, toma mucho tiempo y depende, según la doctora Cristina Úsuga Monroy, docente investigadora del área de Genética Animal de Uniremington, de dos cosas: la genética y el ambiente.

¿Qué tanto influye el ambiente en estos cambios? ¿Podría la jirafa, si no tiene nada más que comer que lo que está en los árboles más bajos, nacer con el cuello más corto a causa de esa necesidad ambiental?

Hay dos casos muy recientes que parecen indicar que los animales, a causa de cambios en su hábitat o ambiente causados por humanos, mutaron y luego evolucionaron. Se trata de dos estudios, uno realizado por la Universidad de Princeton en Nueva Jersey y otro de la Universidad Estatal de Louisiana.

El primero indica que las elefantas del Parque Nacional de Gorongosa, en Mozambique, están naciendo sin colmillos al parecer como una respuesta evolutiva a la caza que han sufrido a causa de su marfil durante más de 15 años. El segundo asegura que las aves de la selva amazónica se han adaptado en tamaño y forma al aumento de las temperaturas a causa del cambio climático. ¿Es esto cierto? ¿Pueden la caza y el cambio climático hacer que dos especies complejas cambien en cuestión de años, cuando siempre se ha dicho que la evolución requiere muchas generaciones?

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Aves más pequeñas

El trabajo publicado por la revista Science Advances explica no solo lo que ya sabemos, que el cambio climático inducido por el hombre ha reducido drásticamente el número de aves en la selva amazónica, sino que además ha causado cambios físicos.

Dice que, para adaptarse a las condiciones calurosas y secas que se presentan sobre todo de junio a noviembre, se han hecho más pequeñas y sus alas, en cambio, más largas.

El autor principal, Vitek Jirinec, ecólogo de la Universidad Estatal de Louisiana, asegura que se trata de los efectos globales del cambio climático causado por las personas.

Lo que hicieron fue analizar datos de más de 15.000 ejemplares de 77 especies de aves no migratorias de la selva tropical que capturaron, midieron, pesaron, marcaron y volvieron a liberar. Todo esto en un rango de 40 años.

Y lo hicieron con aves de una amplia área del Amazonas para mostrar que los cambios no se limitaban a un sitio específico pero que la zona sí incidía, así: analizaron las zonas cálidas y soleadas y las frescas y oscuras y encontraron que en las primeras las aves presentaron los cambios más drásticos.

Los resultados indicaron, según los investigadores, que desde 1980 los individuos redujeron su masa (se volvieron más ligeros) y que 36 de las especies perdieron hasta 2 % de su peso corporal cada década. Entonces, una especie que pesaba 30 gramos en un inicio pesa hoy 27,6 gramos. Y que, además, 61 especies muestran aumento de la longitud de sus alas. Serían más ligeras para reducir la carga de sus alas y estas se volverían más largas para ser más eficientes energéticamente en el vuelo.

Elefantas sin colmillos

El marfil ha sido uno de los principales atractivos y también una de las causas más influyentes de la caza de elefantes. La caza furtiva para robarles sus colmillos los ha dejado mutilados, heridos y hasta al borde de la extinción porque el marfil fue utilizado para financiar la guerra que se dio en Mozambique desde 1970 hasta inicios de los 90 y generó que la población de elefantes disminuyera un 90 %: pasaron de tener más de 2.500 individuos a tan solo 200 para 2000. Ahora un estudio realizado en un grupo de ejemplares de este país africano parece indicar que esta misma razón puede ser la responsable de un salto evolutivo.

Según el trabajo publicado en la revista Science y realizado en la Universidad de Princeton en Nueva Jersey, las elefantas del Parque Nacional de Gorongosa, sometidas a más de dos décadas de guerra civil que finalizó en 1992, comenzaron a nacer sin colmillos como respuesta a la amenaza.

En cifras, descubrieron que antes de 1992, solo 18,5 % de las hembras nacieron sin colmillos y que después de esa fecha el porcentaje aumentó hasta 33 % porque las elefantas sin este marfil eran ignoradas por los cazadores.

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¿Cómo es esto posible? Encontraron que se debía a una mutación del cromosoma X que puede ser fatal para los machos porque como explica la bióloga Ana Catalina Pinzón Echeverry, los genes sexuales de las hembras son XX mientras que de los machos son XY. Si hay una mutación en el cromosoma X, esta causará la muerte en los machos porque solo tienen uno, mientras que las hembras, al tener dos, pueden sobrevivir porque el segundo apoya las funciones metabólicas así el otro no.

Agrega que esa mutación es fatal para los machos porque les impide desarrollarse de forma correcta en el útero y las que sobreviven son las elefantas sin colmillos que, a su vez, tienen más probabilidades de transmitir esos mismos genes a sus descendientes.

¿Causada por el hombre?

Es incorrecto apresurarse a decir que evolucionaron y que la causaron las actividades humanas. Aunque sí está comprobado el cambio. La evolución es un proceso que toma tiempo y que, como se mencionó antes, depende de varios factores. Sí es verdad que el ambiente cumple un papel importante, pero no se puede asegurar que en estos dos casos, la cacería y la contaminación sean las únicas razones.

Para la bióloga Pinzón, se necesita que esa característica morfológica diferente se reproduzca en su descendencia, que se adapten al medio ambiente y que se siga reproduciendo con las nuevas generaciones.

En el caso de las aves, para asegurar que se trató de una adaptación al cambio climático producido por el hombre, los investigadores midieron las variaciones entre la masa corporal, la longitud de las alas y la relación entre ambas y lo relacionaron con los patrones de precipitación que se daban en las estaciones.

Al ser un estudio de más de 40 años, dice Pinzón, sí se podría decir que se trata de un cambio evolutivo, “sobre todo porque las aves tienen un periodo reproductivo más corto y sus generaciones pueden ser más rápidas que las de varios mamíferos”.

Sin embargo, continúa, hay que prestar atención a la causa porque esta puede ser por la alimentación, la competencia con otras especies, la introducción de aves nuevas a la misma zona, la pérdida de hábitat o de alimentación, entre otros tipos de presiones.

Sobre todo porque al tratarse de aves que no migran, “si tienen necesidad de esconderse del calor su reacción inicial no sería tener alas más largas sino ubicarse en zonas bajas donde sí tengan la protección de la sombra”, añade Pinzón. Todos estos cambios en peso y longitud podrían, en cambio, deberse a razones naturales.

Para el caso de los elefantes, en cambio, se trata de periodos más largos de gestación y de reproducción que requerirían de más tiempo para llamar a un cambio una evolución, explica Martha Cecilia Ocampo Mejía, docente del área de Fauna Silvestre de la Uniremington. Para ser sexualmente maduros requieren cerca de 12 años y tiene una gestación de 25 meses, por lo que 20 años podrían no ser tiempo suficiente de análisis.

Úsuga, entonces, reitera que no es posible asegurar que fue la caza la que le quitó a los elefantes sus colmillos porque “somos un envase que lleva un conjunto de genes que desarrolla técnicas y metodologías para seguir preservándose y que se va adaptando a los cambios que se van dando”.

Puede, añade, que la caza sí tenga un impacto, pero también se debe tener dentro de las variables a factores como la temperatura, los desplazamientos, los forrajes que están consumiendo, las otras especies que los rodean, si hay alimentos contaminados, exposición solar intensa, entre otros.

En resumen, no es que necesariamente una especie nazca sin dientes para que no la cacen, sino que nace sin dientes, en este caso el incisivo o colmillo, y resulta que no la cazan, entonces esa descendencia tendrá esa misma mutación y tampoco la cazarán y al final del día fue un cambio que se comparte y que resultó “beneficioso”, por lo que prevalece.

Podemos estar frente a dos casos de evolución, pero hay que ser precavidos y cuidadosos, sobre todo, al asegurar las causas. Sin embargo, tenga en cuenta que al final del día lo que el ser humano haga sí afecta la Tierra y a sus habitantes.

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