domingo 14 de octubre de 2018 - 12:01 AM

Venezuela

Una hiperinflación del 10 millón por ciento en Venezuela resulta impensable

La hiperinflación “galopante” en el país petrolero ha llevado a los venezolanos a un “sálvese quien pueda”.
Compartir

Venezuela ha sabido convertir lo inimaginable del pasado en lo cotidiano del presente. Una realidad donde la prioridad no es vivir, sino sobrevivir; trabajar para comer o alimentarse a medias y, en el peor de los casos, pasar hambre, mientras millones deciden salir para poder ayudar a quienes se quedan.

Fabiola Angarita, un ama de casa y madre de dos hijos, uno de ellos se vio obligado a emigrar a Argentina por la crisis económica interna, lo sabe muy bien.

Su cotidianidad se ha transformado en una lucha por la supervivencia, así como para la mayoría de venezolanos, quienes desde hace tres años, viven bajo el yugo de la hiperinflación.

Desde 2016, el poder adquisitivo del bolívar se ha desplomado dramáticamente y ante el paso arrollador de la hiperinflación, nadie quiere tener bolívares en el banco y menos debajo del colchón.

Con un tono pesimista y un tanto resignado, asegura que no hay salario que aguante este aumento escandaloso de los precios, que se suma a la escasez de casi cualquier producto.

La calidad de vida va en una espiral descendente sin control, “un desastre total”, se lamenta esta venezolana, quien comenta que la gente cada vez se está desesperando y vive en medio de una angustia existencial terrible y por eso deciden abandonar el país.

No en vano Venezuela se ubica entre los casos de inflación más altos de todos los tiempos a nivel mundial, e incluso, si se mantiene la tendencia, el FMI calcula que podría cerrar este año en un millón por ciento y lo más grave, en 2019 se treparía a los 10 millones por ciento.

Para ponerle cifras de lo absurdo que puede resultar esta situación, Fabiola hace una referencia de precios: “el sueldo mínimo son 1.800 bolívares y un solo cartón de huevos vale 530 bolívares (ahora soberanos)”. Eso sin contar el pollo, con el kilo a 400 bolívares, la carne, el pan, la leche, los artículos de limpieza, y ni qué decir de las medicinas.

Aquí todo se reduce a moverse y ser creativo, opina Rosa Pinzón, quien hace dos años montó un negocio de tortas y postres cuando se agudizó la crisis económica, desoyendo los consejos de sus familiares, quienes le recomendaron que no invirtiera sus ahorros en un país tan inestable porque era “plata perdida”.

“Gracias a Dios nos va bien, pero tenemos que movernos buscando precios e insumos, y tratamos de buscar buenos clientes”, comenta esta licenciada en educación cuya carrera no le da para vivir y optó por incursionar en otro oficio en compañía de su esposo para velar por el bienestar de sus dos hijos.

Para ella, el secreto está en la inmediatez: “yo compro en el momento, eso sí se necesita capital para invertir, aquí todo es prepagado, para comprar azúcar o harina, la gente lo oferta por las redes sociales, y si yo no me muevo, para transferir el dinero a una cuenta, ya mañana lo más seguro es que se vendió o que ya cuesta más”, explica.

Y es aquí, según Rosa, donde aparece una moneda paralela, todo se cobra en dólares. “Entonces una torta la cotiza en 12 ó 15 dólares, es una manera de que la inflación no me arrope y cuando vaya a reponer, no me quede con las manos vacías”, admite.

Pero la historia de Gabriel Tamayo, es muy distinta. Para él, la solución fue emigrar.

Empujado por la crisis, tuvo que salir de Venezuela, para poder ayudar con el sostenimiento de su esposa y sus dos hijos que viven en Caracas. Hace un año y medio se radicó en Bucaramanga en donde trabaja como chef en un restaurante y parte del dinero que gana lo envía vía en remesas a su esposa, pensionada del Ministerio de Educación.

Una pensión de 1.800 bolívares, ó 1.500 bolívares por descuentos, que solo le alcanza para comer tres días a su familia, precisa Gabriel, quien aclara que eso es sin contar el colegio de los niños, transporte y otros gastos del hogar.

En promedio, con el millón de pesos colombianos que les envía, que al cambio representan 30 mil bolívares soberanos, su familia apenas sobrevive el mes. No deja de preocuparle que la situación empeore, porque todos los días suben de precio las cosas. Y se atreve a sentenciar que tarde o tarde habrá una “explosión social”.

Problema estructural

Al referirse a la crisis económica que enfrenta el país vecino, Wilson Rodríguez Gómez, profesor del Departamento de Finanzas de la Universidad de La Sabana, señala que el punto de partida fue la emisión de dinero por parte del Gobierno para suplir su déficit fiscal.

Esto llevó a que anulara la independencia del Banco Central, que regula la emisión de billetes, y el gobierno de Nicolás Maduro imprimiera cada vez que necesitara financiación extra para cubrir los gastos públicos del Estado.

En ese orden de ideas, considera que las medidas de Maduro, entre ellas, restar ceros al bolívar, aumentar el salario mínimo y la nueva divisa del Petro, no han tenido el efecto adecuado para mejorar la hiperinflación, porque son medidas de forma a un problema de fondo, estructural.

Menciona que se conectan otros aspectos claves, cuando el Gobierno decide regular la banda cambiaria y establece una tasa de cambio fijo del dólar contra el bolívar. Con esto, se observa una limitación de la oferta de dólares, dando paso a un mercado negro.

Luis Fernando Ramírez, vicerrector de la Universidad de La Salle, advierte que el mercado de productos está fracturado, los productos se someten a especulación y acaparamiento por parte de ciertos actores vinculados con el Gobierno y el resto de población debe salir a buscar lo que encuentre, “y lo que encuentra es escasez y ahí se nota el aumento de los bienes y los salarios no alcanzan”.

Aunque desde el punto de vista económico el Gobierno perdió el control, Ramírez descarta una crisis de gobernabilidad “porque mientras el aparato de seguridad del Estado lo siga respaldando, va a ser muy difícil lograr un cambio político en el país”.

¿Qué es la inflación?

Aumento de precios de bienes y servicios en un periodo de tiempo; o la disminución del valor del dinero respecto a la cantidad de bienes o servicios que se pueden comprar con dicho dinero.

¿Cuándo la inflación da paso a una hiperinflación?

Ocurre cuando la tasa de inflación supera el 50% mensual.

¿Por qué ocurre?

La hiperinflación es un caso extremo de la inflación y ocurre cuando hay un rápido aumento en la cantidad de dinero circulante que no está correspondido por un aumento similar en la cantidad de bienes y servicios existentes en la economía.

¿Qué pasa cuando hay hiperinflación?

Los negocios cambian, hasta varias veces por día, los precios de sus productos. La población empieza a gastar lo más rápido posible su sueldo en bienes de consumo duradero como electrodomésticos, incluso si no los necesitan, para que no pierdan poder adquisitivo. Y se comienza a cuantificar el valor de los productos en una moneda extranjera, es decir una “dolarización espontánea”.

¿En qué países del mundo se ha registrado hiperinflación?

En Alemania, el cambio monetario llegó a ser de 2 billones de marcos alemanes por cada dólar estadounidense en 1920. El récord mundial se dio en 1946 en Hungría cuando llegó a 41,9 trillones por ciento. Uno de los casos más recientes es el de Zimbabue, país africano que en noviembre de 2008 reportó una inflación de 7.960 millones por ciento. Y Venezuela, es un ejemplo sin parangón alguno en América Latina, ya que el Fondo Monetario Internacional pronostica que el país cerrará 2018 con inflación de un millón por ciento.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whastapp acá.
Publicado por
Lea también
Publicidad
Publicidad
Noticias del día
Publicidad
Tendencias
Publicidad
Publicidad