martes 18 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

Venezuela ahora habla a gritos

El país ha hecho de la fuerza militar su punta de lanza del mantenimiento del proyecto político socialista, para tratar de oxigenar su posición internacional y consolidarlo a nivel interno pese a la crisis actual.

La presencia, la semana pasada, de bombardeos estratégicos rusos en suelo venezolano como parte de maniobras conjuntas de entrenamiento, puso de nuevo el interrogante sobre la verdadera capacidad militar del vecino país, que en dos décadas de gobierno chavista ha “comprado la lealtad” de las Fuerzas Armadas más allá de los cuarteles.

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Las fuerzas militares venezolanas han experimentado una metamorfosis, primero con el ascenso del exmilitar Hugo Chávez -autor de un fallido golpe en 1992- y luego con el traspaso del poder a Nicolás Maduro. Hoy, sin duda, constituyen el brazo armado del régimen.

De hecho, el cuerpo castrense es un factor determinante para mantener al socialismo a flote. Fiel al proyecto político chavista, y actuando bajo la premisa de la unión cívico-militar.

Para entender muchas dinámicas del régimen chavista y madurista, Diego Cediel, experto en Geopolítica y Política Internacional de la Universidad de La Sabana, describe en primer lugar que en Venezuela hay una estrecha simbiosis entre el estamento civil y el militar.

Entonces, la separación no es tan tajante entre las obligaciones de defender a la patria, no son eminentemente exclusivas por Constitución del órgano militar, sino que los civiles en ese llamado pueden ejercer ciertas funciones, explica el experto.

Se estima que las fuerzas venezolanas están compuestas por unas 550.000 personas, pero buena parte de ellas son civiles armados.

“Es natural que haya una estrecha relación entre la sobrevivencia del régimen y el estamento militar”, reitera.

Esto en parte explica, según Cediel, cierta propensión del régimen, “de buscar siempre una preeminencia en la carrera armamentista”, sobre todo en la región y particularmente con Colombia, país con el cual hay una amplia diferencia en cuanto a armamento y tecnología”.

En su concepto, las Fuerzas Armadas colombianas están más preparadas por el contexto de conflicto armado interno, y la narcotización de relaciones con sus vecinos.

Además advierte que, en un marco de progresivo aislamiento internacional del régimen de Maduro, “naturalmente debe haber una estrecha colaboración del estamento militar para la sobrevivencia interna del régimen”, porque de por sí ya es muy difícil la externa.

Así que opina no es de extrañar el marcado énfasis en el gasto público de Venezuela sobre el rubro militar que genera desequilibrios en la región, y por esa razón, es probable que el gasto militar en términos porcentuales sea más alto que en Colombia, a pesar de que está más preparada.

Sin embargo, producto de la reciente crisis económica que atraviesa el país petrolero, su gasto militar ha sufrido una significativa caída. En 2017, por ejemplo, invirtió US$464,8 millones de dólares frente a los US$9.713,8 millones gastados por Colombia.

En la actualidad, Venezuela, situado en el lugar 45 en el ranking mundial de 131 países, cuenta con un arsenal de 696 tanques de combate de distintos tipos, 280 aeronaves de guerra, 57 vehículos de artillería autopropulsada, 52 lanzacohetes (tipo Smerch) y 115 mil miembros de personal activo en sus filas.

Lo que llama la atención, ilustra Ronal Rodríguez, investigador de la Universidad del Rosario, es que las Fuerzas Armadas venezolanas se han venido modificando.

A raíz del cambio de orientación política tras la llegada de Chávez en 1999, gran parte de los aviones y recursos militares no pudieron renovados ni restaurados.

A diferencia del pasado cuando compraba armamento militar a Estados Unidos, a partir de 2002 ha estrechado lazos con Rusia y China, y en ese orden de ideas, “la lógica geoestratégica de Venezuela se vio seriamente modificada”, recalca Rodríguez.

Medófilo Medina, historiador y profesor de la Universidad Nacional refuerza esta idea, asegurando que desde que ha avanzado el proceso bolivariano, las precauciones de Venezuela en materia de defensa han sido sistemáticas y Maduro ha continuado esa línea.

Por ello no es de extrañar, “que antes del siglo XX Venezuela estaba inscrita muy claramente en la zona de influencia política y militar de Estados Unidos y su armamento también en esa tradición, pero Chávez cambia ese modelo en la Fuerza Armada”.

Otra lógica militar

Rodríguez sostiene que este cambio explica porque las Fuerzas Armadas han tenido un proceso de incursión en terrenos que con el gobierno de Chávez no tenía.

Maduro les proporcionó parte de la lógica petrolera con una empresa dedicada a ello, y también para explotación de recursos minerales, sobre todo aurífera y el arco del Orinoco, asegura.

“Ellos (militares) manejan gran parte de concesiones que permiten la explotación, lo cual ha significado la convivencia, acuerdos y confrontaciones con colectivos en esa área y actores armados”, remarca el integrante del Observatorio de Venezuela del Rosario.

Y bajo esa nueva lógica, aclara que el Ejército venezolano ya no es solo una unidad, no está atomizado, no es un Ejército convencional, en la medida en que ya no tiene una línea de mando y que obedezca puntualmente al Presidente de la República.

“Los costos de salida, y de muchos oficiales que han participado en procesos de corrupción dan lugar a una situación compleja que en el largo plazo va a afectar la lógica de mantenimiento de seguridad en Venezuela”, enfatiza.

En ese orden de ideas, resalta ese nuevo carácter de relación clientelar que adquirió el cuerpo militar venezolano desde las Fuerzas Armadas, lo cual a su vez explica que Venezuela tenga mas generales que el resto de América Latina y de la Otan.

No es equiparable

Al compararlo, el investigador Rodríguez ilustra que Colombia sí tiene un Ejército con unidad de mando absolutamente jerarquizada y gracias a la lógica de confrontaciones con grupos armados ha tenido una vasta experiencia en el tema. No obstante, repara en que hay que ser cuidadoso porque no se puede hablar ni de un conflicto binacional ni de cuál país es más poderoso que otro.

Insiste que no es equiparable. Son ejércitos diferentes, con lógicas diferentes “y lamentablemente por las diferencias entre los dos gobiernos, no hay comunicación en temas de seguridad que llegaron a ser importantes en los años 90”, tratando de solucionar problemas especialmente en la sensible zona de frontera.

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