martes 30 de junio de 2020 - 12:00 AM

Agonías que reclaman nuestro grito

Lo cierto es que un indicador de la maldad que gravita en nuestra sociedad es la discriminación y menosprecio por la mujer, tanto en el ámbito civil como en medio del conflicto.
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Hay palabras que gustan por su sonido y significado, otras que disgustan por las mismas razones. Melifluo, es ejemplo de lo primero y estupro, de lo segundo. Agonía, se me antoja elegante con significado doloroso, e inmarcesible, a pesar de que la recordemos todos los días, es adjetivo feo que pocos conocen su significado, pero que puede tener una connotación positiva o negativa dependiendo del sustantivo que acompaña. La gloria, a la que se refiere el himno nacional, puede ser inmarcesible, no así la violencia que nos acompaña desde siempre. La octava estrofa del mismo relata: la virgen sus cabellos/arranca en agonía/ y de su amor viuda/ los cuelga del ciprés. Algunos interpretan la rima como un homenaje a las mujeres de la independencia. Otros, ven la descripción de la violación a tantas vírgenes, que la guerra en su locura, entrega como trofeo del diablo a los soldados, y que Núñez describe la resolución de su insoportable dolor, mediante el ahorcamiento con su propia cabellera, mostrando sin ambages la verdadera y repudiable infamia del acto que nuestra lengua denomina estupro, fea palabra, repito, concordante con su significado, no obstante que la tipificación penal se nutra de eufemismos que permiten suposiciones o interpretaciones de los jueces. Lo cierto es que un indicador de la maldad que gravita en nuestra sociedad es la discriminación y menosprecio por la mujer, tanto en el ámbito civil como en medio del conflicto. Los asesinatos, y las violaciones a mujeres al amparo de la oscuridad o en su propio lecho, compiten con las que los hombres armados ocultan, protegidos por la lealtad de cuerpo, pues la formación en derechos humanos no es más que una apariencia, cuando se contrasta con la enseñanza y aplicación de la estrategia de sembrar el terror a una población que se considera enemiga, cómplice del enemigo o simplemente de menor valor. Para mayor infortunio, consideran enemigos a miembros de la misma sociedad. Mi desconfianza en el Estado y sus instituciones crece con los años, pero abrigo la esperanza que este régimen no sea inmarcesible.

Jaime Calderón Herrera
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