Varado, último en el tren de la economía agropecuaria, quedó desenganchado y no hay conductor que se preocupe por reengancharlo penúltimo estaba el del cacao y allí reposa con la complacencia del comandante y una locomotora que por falta de combustible, hay que quitarle arrastre para que se mueva.
Publicado por: Fernando Gomez Márquez
En materia de trenes, como le gusta al gobierno, la locomotora de la minería goza de atención y buen combustible. La pregunta que nos hacemos los caficultores es si continuamos cultivando nuestras lomas, sembrando ecología, protegiendo las fuentes de agua, preservando la fauna y flora o raspamos la vegetación, metemos las retroexcavadoras y nos dedicamos a buscar carbón, oro, plata o níquel; cambiamos el sombrero de paja por el casco de seguridad, abrimos troneras, apuntalamos la tierra y le juagamos el cerebro a nuestros campesinos agricultores para que ingresen a la revolución minera.
En serio, no hay derecho, la paz no se limita al acuerdo con los bandidos. En Oslo se pavonean los artífices de la guerra; en nuestras lomas el campesino caficultor hace cuentas para dejar caer la cosecha por recolección a pérdida, o llevar su tierrita al banquero para que, en garantía, prolongue su agonía por un año más.










