Cartas del lector
Lunes 14 de enero de 2013 - 12:00 AM

Memoria involuntaria

Publiqué en días pasados en esta página una columna en donde decía que para mis labores como novelista, quienes mejor me habían orientado habían sido los franceses. Agregaba que Valery me había enseñado el rigor, Gide el estilo y Proust la sencillez, y además el proceso de la memoria involuntaria.

Publicado por: Guillermo Reyes Jurado.

Como algunas personas me han preguntado que por favor les explique en qué consiste el proceso de la memoria involuntaria, voy a complacerlos a continuación:

Merced al olfato y el gusto especialmente, cualquier persona puede recordar acontecimientos, lugares y personas que estaban olvidadas o refundidas en la memoria por la acción del tiempo.

Ejemplo: cuando en mi casa, a la hora del almuerzo, me sirvan una porción de mango o de papaya, al llevar estas frutas a la boca y masticarlas, instantáneamente me acuerdo del campo de mi abuelo, lugar donde pasaba las vacaciones de fin de año, cuando terminaba de estudiar en la escuela. Veo, con los ojos de la imaginación, los potreros, las cercas de piedra o de alambre, los toros y las vacas y también los caballos comiendo los pastos y a veces las yerbas. Aquí en Bucaramanga, cuando de tarde en tarde subo al tercer piso de la Casa de Mercado Central y percibo el olor de los tomates, de las yucas y las arracachas que allí se venden en abundancia, me acuerdo de la ciudad de El Socorro, mi tierra natal. Cuando era niño, en todas las casas existían solares en donde se cosechaban tomates, cilantro y perejil.

Esto que acabo de referir se llama el proceso de la memoria involuntaria, según la teoría del francés Marcel Proust.

Publicado por: Guillermo Reyes Jurado.

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