Hace algún tiempo escribí sobre un mundo emplasticado, que en nuestra vida moderna es una constante que ha sido demasiado costosa.
Publicado por: Tobías Herrera Méndez
Se inventaron los polímeros y el plástico remplazó al papel, las hojas de plátano o de vihao y hasta las telas, pues los pañales de los infantes, la mitad es de este material. Comodísimos por cierto, pues las mamás o las niñeras viven protegidas de inundaciones inesperadas.
Pero el precio que se está pagando es enorme. El plástico nos se descompone como otros materiales y va cubriendo el planeta a tal punto que tierras, mares, océanos y ríos se emplasticaron.
Y el deterioro del único lugar vivible al hombre hasta ahora se está convirtiendo en invivible y muchas especies de fauna y flora han desaparecido y seguirán este ritmo implacable.
En el mar las bolsas plásticas parecen esponjas y son consumidas por muchos peses que al no digerirlas, mueren intoxicados. En nuestro jardín, cuando picamos la tierra nos encontramos con una manta de plásticos y fácilmente notamos que uno de los animales que airean y humedecen el suelo, las lombrices, ya no existen. Estos son sólo dos ejemplos de los miles que existen.
Se habla de volver al saco de fique y el canasto de bejuco, buena idea; lo grave es que si en un pasado los buses nos llevaban con estos adminículos, ahora ya no hay buses y Metrolínea no nos lleva con un bulto de yucas al hombro.
¡Ah! la vida moderna nos alejó de lo natural y nos está trasteando al abismo del fin de la Tierra.









