Dicen los que saben de leyes, yo no, que se necesita una constituyente para ratificar y legalizar los acuerdos a que se llegue en los diálogos de paz que actualmente se realizan en La Habana
Publicado por: Tobías Herrera Méndez
Pero como todo es una balanza, sea cual sea el lado para donde se incline, también hay los que afirman que de nada servirá la tal constituyente. Yo por mi parte vislumbro el desmesurado gasto que pueda tener y lo poco que en realidad le deje al estado, habiendo otros mecanismos para lo que se acuerde.
Una Asamblea Nacional Constituyente es según su definición: “una asamblea o congreso constituyente, que tiene como función redactar la nueva Constitución, dotado para ello de plenos poderes o poder constituyente al que deben someterse todas las instituciones públicas. Se suele definir, por algunos textos de ciencias políticas y sociales como la “reunión de personas, que simbolizan al pueblo ejerciendo su autoridad de mandatario, que tienen a su cargo ejercer la facultad de legislar, para editar una nueva ley fundamental y las nuevas líneas de la organización de un Estado, que modificarán los prototipos ya existentes”. En este entendido, la Constituyente se constituye en un mecanismo popular y democrático para la configuración de un nuevo modelo de legislación constitucional y de organización del Estado.
Tenemos ya la Constitución del 91 que hasta ahora ha servido bien y no es necesario otra. Lo que sí ha pasado con la actual Constitución es que está más remendada que una colcha de retazos, se la ha tratado como si no fuera la carta fundamental y que todos pudieran manosearla a su conveniencia.
Seguramente y de eso deben gozar los acuerdos, coherencia y seriedad en lo pactado; y los mecanismos para llevarlos a la práctica los prevén las leyes.









