viernes 22 de octubre de 2021 - 12:00 AM

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Observaciones

En el artículo del día 20 de octubre, sobre la supuesta entrada en funcionamiento de las foto multas, se detecta casi que un miedo de la directora de Tránsito al respecto al afirmar tajantemente que no han pensado en esa alternativa para controlar el caos del tránsito en esta ciudad. También el periodista parece compartir ese miedo al preguntar, “¿podemos tener la tranquilidad que por ahora no habrá fotomultas?”. Yo me pregunto: ¿Si no podemos usar la tecnología y dicen que no hay recursos para personal, entonces qué hacemos? Otra cosa es que las fotomultas se utilicen de manera sensata y no como ocurre que sacan una multa por ir a 32 KPH en una zona de 30. Hay muchas faltas graves que cometemos los conductores todos los días para que nos pongamos a la tarea de multar solo por hacer dinero. Gracias

Wilson Vásquez

El estigma que debe llevar un adicto

No son para nada alentadoras las últimas noticias que en materia de “rehabilitación” y proceso de recuperación ofrecen las fundaciones cristianas en la ciudad de Bucaramanga. Los sucesos bastante lamentables desde todo punto de vista son desalentadores, porque compromete la vida de jóvenes santandereanos que en su desespero por dejar de consumir sustancias psicoactivas, acuden a dichos centros con el ánimo de cambiar el rumbo de sus vidas. Las familias en su intento desesperado por frenar el consumo de drogas en sus hijos toman la decisión de salvar la vida de sus primogénitos llevándolos inocentemente a dichos tratamientos de desintoxicación, que según los directores de dichas fundaciones están basados en lineamientos espirituales; que en últimas son sólo paliativos superficiales a esta enfermedad incurable, progresiva y mortal que se llaman adicción, que está afectando a miles de hogares colombianos. El balance es negativo. Por cuanto se perdió la vida de cuatro jóvenes promesas de la sociedad que por el simple hecho de ser adictos son estigmatizados, violentados, y por ende discriminados por un colectivo llamado sociedad que no acepta de ninguna manera que un ser humano adicto y enfermo de las emociones, se recupere.

Flaco favor les ofrece los entes administrativos, llámese Alcaldía, Ministerio de Salud, ICBF, Secretaria de Salud Municipal cuando no son capaces de orientar y sobre todo brindar asesorías en materia de adicciones y derechos humanos a estos centros de tratamiento que en últimas solo buscan lucrarse.

Recordemos que la adicción es progresiva y que destruye el tejido social y sobre todo la familia... El adicto no se recupera encerrándolo, menos calmando su ansiedad y obsesión con fármacos que en últimas es una salida pasajera, cuando la recuperación a la enfermedad de la adicción está en los doce pasos, el padrinazgo y la terapia de la experiencia de un adicto que escucha a otro adicto en los salones de Narcóticos Anónimos.

José Alejandro C.

El VAR, un juez inquisidor

Terminado el partido Ecuador-Colombia, quedó el sinsabor ingrato de un VAR como juez absoluto, implacable. Un VAR que ahogó esa celebración de un equipo dubitativo frente a un rival fuerte, un VAR que sigue la trayectoria de un balón mísil, que busca los dedos de Yerry y después unos jueces detrás de unas pantallas, anulando el gol para otros tiempos y estigmatizando los tiempos de la historia cuando una mano de Dios y Maradona, dejan un grato sabor de victoria en campos de juego, no en campos de guerra tipo Malvinas. El fútbol no puede ser perfecto, es parte de la esencia del ser humano; buscar la excelencia en un juego de contacto es quitar parte de su contenido, donde se exhibe la malicia, el engaño, la pifia, el deseo de burlar al rival; esto crea afición, incluso pasión. Con el tiempo se sancionará el contacto físico y ahí sí, apague y vámonos. Por qué el fútbol atrae multitudes, porque se parece un poco a la vida, unas victorias y otras derrotas. Donde el tiempo da para un desquite, para que un equipo chico gane a uno millonario; donde equipos sin ganancia de títulos, aspiran al futuro; todo esto el VAR lo barre corrigiendo historias, no es capaz de cuestionarse su incapacidad de crear emociones espontáneas, que es la razón de ser del deporte. El VAR debería utilizarse para observar las maniobras financieras de los grandes mercaderes del fútbol.

Ernesto Rodríguez Albarracín

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