viernes 20 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Autopista?

Autopista?

La vía que conduce de Bucaramanga a Piedecuesta, pasando por Floridablanca, a la que algunos mal llaman “autopista” debe ser una de las más peligrosa de Colombia. Las estadísticas de accidentalidad lo demuestran y como en todo en este país, nos acostumbramos a leerlas en vanguardia.com.

Además del arriesgadísimo trazado, la pésima señalización, los huecos eternos, los bolardos asesinos que demarcan en carril de Metrolínea, la indolencia de los usuarios, el permanente grand prix de ambulancias y domiciliarios y un largo etcétera, ahora se suma un nuevo mal: la maleza.

Yerbas, arbustos, matorrales y un pasto japonés hambriento, que crecen al ritmo de la lluvia en veredas y separadores y que se funden con toneladas de basura que arrojan desde automóviles y motocicletas, hacen que la visibilidad disminuya dramáticamente y que las maniobras que debemos realizar a diario los conductores aumente ostensiblemente el peligro de circulación. La zona que corresponde a Floridablanca, municipio especialmente boyante económicamente, es la peor de todas, deben haber pasado al menos dos alcaldías desde la última poda.

No querría estar en los pantalones de un conductor que entra a la “autopista” por primera vez en una noche de lluvia... ¡aterrador! Acá la experiencia, terrible decirlo, salva vidas, ¿Y hos hacemos llamar “ciudad cordial”?

¿Será posible que alguna autoridad de carácter metropolitano intervenga la maleza y la basura de forma permanente como en su momento lo hizo (hasta Provenza) la administración del ingeniero Hernández? Les recuerdo que la pandemia, que va de salida, no justifica la falta de mantenimiento de la infraestructura vial.

Amanecerá y veremos (si se puede ver detrás de la maleza)

John Gilberto Rosales Núñez

Ciudadano al derecho 4

La campaña presidencial es una vergüenza por la falta de contenido sustancial en debates y entrevistas, como por la forma mendaz en que se despliega la publicidad por las redes sociales, sin respeto por los candidatos. Igualmente pareciera que los aspirantes realmente no tuvieran programa de gobierno.

Lo anterior impulsa nuestro propósito de despertar conciencia ciudadana en busca de aquel “Ciudadano al Derecho” hoy confundido y desorientado porque su voto del 29 de mayo para Presidente de la República no va a ser fácil, ante la posibilidad de una oportunidad de cambio en la forma de gobierno, diferente al que hemos tenido siempre girando en torno a una potencia económica, sujeto a lo que disponga la banca internacional y algunas multinacionales, desprovisto del interés general.

La falta de educación ciudadana, aunado al fanatismo político-religioso, el machismo, los odios y rencores heredados luego de las guerras civiles, la violencia partidista, el bandolerismo, la guerrilla, el narcotráfico, la delincuencia organizada, la corrupción pública y privada, han impedido al colombiano analizar la realidad del país, los candidatos y sus propuestas bajo un pensamiento crítico, producto de un análisis razonado. Impera el dogmatismo auspiciado por quienes se dicen líderes políticos, expertos en clientelismo y control del electorado, conservando así un poder casi monárquico.

En la presente campaña se escuchan opiniones sobre las propuestas de los candidatos, como si el Presidente en Colombia tuviera poderes absolutos, ignorándose las funciones del Congreso y de otras autoridades, como que somos una democracia participativa. Nos olvidamos de la Constitución y la Ley, así últimamente algunos funcionarios le saquen el quite, como también de la colaboración armónica de las ramas del poder público.

En otras épocas se buscaban candidatos a la Presidencia con perfil de estadista, con visión y conocimiento de los que es el Estado, de su funcionamiento en general, de los problemas del país, de sus recursos, así como de política económica internacional. Como la sociedad ha cambiado, actualmente el perfil y comportamiento de los aspirantes parece ajustarse a garantizar el triunfo.

Fundamental es que la ciudadanía se informe sobre la persona de los candidatos, su formación profesional, experiencia en el sector público y privado, como también de sus vínculos con personas particulares y jurídicas. Se debe indagar sobre el conocimiento material que tengan de Colombia, de sus gentes, sus recursos y necesidades.

Jorge E Velásquez Reyes

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