sábado 27 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

Contaminación por ruido

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Contaminación por ruido

Bucaramanga era una ciudad más o menos silenciosa, cuando surgía un ruido salido del común, se notaba de inmediato, quizás porque no había tanto carro y no había llegado todavía la fiebre voraz del motociclismo a ultranza, si se me permite llamarlo así, que, así como nos sirvió mucho en la emergencia pasada, y que ellos movieron casi todo el comercio de los domicilios, también tienen fuerte influencia en la contaminación por ruido y en la dificultad en las vías. Los conductores de todos los pelajes, pareciera que disfrutaran accionando sus bocinas y en los autos que en algunos casos son estridentes y suben varios decibeles el ruido natural de la ciudad. Hay lugares de esta capital, donde a la altura de ciertas horas de la noche es imposible dormir: que las ambulancias, que constituyen un servicio, y es explicable, pero a ella le siguen los autos ruidosos y por supuesto las motos de alto cilindraje aceleradas al máximo, como si fueran en una desbocada competencia, que no es aceptable a esa ni a ninguna hora, porque corre peligro la vida del piloto, su acompañante y las personas o peatones que puedan circular en ese momento, porque estos vehículos van brutalmente acelerados, carros con fallas mecánicas que son estrangulados al máximo, sin tener en cuenta las horas de la noche en que mucha gente se encuentra en reposo. La suma de todo aquello es una mezcla explosiva que castiga con fiereza el oído y hasta los mismos nervios, que al impacto de una despertada brutal nos hace imaginar en el frente de una batalla. No sé si las autoridades habrán pensado seriamente en ello, caería bien una reglamentación sobre esta materia, y si ya existe, que se la pusiera en práctica, haciendo señalizaciones en las vías donde hay alta población residencial y que no son sitios puramente comerciales.

Julio Valdivieso Torres

Debates

Los debates en torno al sexo y al género son más amplios que nunca; los hechos ocurridos en una mercadita feminista de la ciudad de México, identificados por muchos como transfóbicos, creemos, nos hablan acerca de la necesidad de la creación de una multiplicidad de diálogos y consensos acerca de lo que es una mujer o un hombre. La poca univocidad de los conceptos provoca problemas de comunicación, y por ende, conflictos. Estos diálogos implicarán mayores complejidades, y por lo tanto tiempo, tiempo en una sociedad que funciona dentro de un sistema que lo vuelve escaso. Tomarse el tiempo de decir todas, todos y todes, por ejemplo, pareciese antieconómico, y es un punto de vista válido; pero ¿qué tal, qué tal si lo vemos como un acto anarquista, rebelde, de protesta? ¿Qué implicaciones tiene?

Helga.

“Angustiados y agobiados”

“Venid a mí los que estáis angustiados y agobiados que yo os aliviaré, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Esta bella exhortación evangélica es una invitación del Señor a acercarnos a ÉL en momentos de tribulación. En aquellos tiempos el yugo suponía la lectura de la Torá judía y los profetas y la carga el aprendizaje memorístico de esos textos. El Maestro quiere que nos sentemos a sus pies para escucharlo, aprender de ÉL, reconocerlo y seguirlo. Sin tanta obligación religiosa de los fariseos y maestros de la ley, sino en la libertad del Espíritu. Es evidente que la lectura del evangelio y Las Sagradas Escrituras es importante para el creyente, pero como una necesidad para crecer en la Fe, la Esperanza y la Confianza, pero no como imposición ni obligación sino para recibir instrucción, exhortación y consuelo. Desconfío de aquellos que memorizan La Palabra de Dios pero que no la llevan en su corazón. Peor aún, que se lucran económicamente de Ella.

En un mundo angustiante y agobiante, frenético, delirante, de idolatrías, en medio de una generación perversa y adúltera y alejada de los valores del Evangelio, recomiendo que busquemos a Jesús con un corazón sincero, sin angustias, en una oración humilde, sin condiciones. Dejemos a los pies del Señor nuestros miedos, angustias, tribulaciones, ansiedades y todos aquellos nudos de la vida que oprimen nuestro corazón.

Jesucristo vino al mundo para decirnos que Dios es Amor. Que siempre está a la puerta, que siempre escucha, ayuda y perdona. Estamos en una realidad ciertamente exigente, de apegos materiales, de libertinaje, violencia e injusticia pero no estamos llamados a vivir con todas esas cosas, sino que vive en la libertad de los Hijos de Dios, que sólo hacen su voluntad, como Jesús.

Abramos nuestro corazón a Dios, a la esperanza que nos ofrece Jesucristo de una vida en abundancia, a la acción poderosa del Espíritu Santo en adoración y acción de gracias. Leamos La Palabra, oremos, recemos, asistamos a las eucaristías, comprometámonos con la obra de salvación de Dios para la humanidad, empezando siempre por nosotros mismos, dando testimonio de una vida sin mancha, de luz y de esperanza.

Dámaso Londoño

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