miércoles 17 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

No colaboran, pero sí quieren que les colaboren

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Nota de la Dirección:

En esta edición, el columnista Isaí Fuentes manifiesta sobre la vacunación contra el COVID-19: “Que la obligatoriedad de la vacuna es por razón de salubridad pública. Falso. Atiende a razones económicas, por el costo que para nuestro precario y corrupto sistema de salud implica la atención de los enfermos”.

Desde esta casa editorial consideramos tales afirmaciones irresponsables y carentes de sustento. La pandemia del COVID-19 ha significado la muerte de 128 mil personas en Colombia, 7.738 de ellas en Santander, por lo cual negar el impacto del coronavirus en nuestra realidad y promover la no vacunación, bajo argumentos que responden a la simple opinión del columnista, pero sin ningún sustento científico ni fáctico, es temerario y no se compadece con los esfuerzos que desde todos los rincones se llevan a cabo para frenar esta pandemia a través de la vacunación.

Respetamos la opinión del columnista, pero nuestro deber es advertir que tales afirmaciones carecen de sustento científico y fáctico.

La invitación desde este medio es a vacunarse.

Reinventarse es la consigna

Si realmente la humanidad pasó la prueba más dura, con un virus que llegó como el ladrón, sorpresivamente, poniendo en vilo a los más avezados grupos humanos; creímos que New York colapsaría por los muertos diarios, que ni siquiera en las guerras había padecido. Y el universo entero tuvo que reinventarse para salir de la emergencia, solo comparable con el diluvio universal, o con aquella peste que relata Albert Camus y, qué se yo, otras calamidades que cuenta la historia. Empero, muchas unidades del sufrido mundo nacional se pusieron a pensar que harían ahora sin dinero y con gastos de familia; pero como lo hemos dicho, el ingenio colombiano no tiene par y están dispuestos a “sacarle pelos a una calavera” y salieron ideas: que domicilios, que hacer panes en el horno casero vendiéndolos en el barrio, ponqués, chocolates, dulces, colaciones, platos con recetas caseras que jamás habíamos preparado, procesar frutas, hacer vinos, jugos, mermeladas, arreglar ropa, hacer memoriales. Es decir, volver a aquel famoso negocio del que hablaba el costumbrista don Luis Donoso y que se llamaba “pelsascan” (peluquería, sastrería y cantina) en un solo local y así para poder hoy estar contando el cuento; y, con el favor de Dios, salir adelante. Pero la pandemia aún no ha pasado.

Julio Valdivieso Torres

No colaboran, pero sí quieren que les colaboren

Es lo que está sucediendo con los habitantes de los municipios de Girón, Piedecuesta y Lebrija, respecto a la disposición de las basuras. Cómo colapsó el botadero El Carrasco y se está buscando una prórroga de tiempo para botar dichos residuos en otro lugar diferente mientras se acondiciona el Carrasco con los espacios, máquinas y tecnología actualizada para el tratamiento de ellas, los habitantes de los tres municipios mencionados, junto con sus concejales y demás funcionarios de su gobierno, manifiestan que de ninguna manera permitirán que esto se dé en sus jurisdicciones: Peñas, Chocoa y parte de Monterredondo de Girón, Ruitoque Bajo de Piedecuesta y el corregimiento Uribe Uribe de Lebrija, debido a las posibles consecuencias como la contaminación de afluentes naturales, desvalorización de predios rurales y afectaciones ambientales.

Desde que las Empresas Públicas de Bucaramanga compró el terreno del Carrasco, se ha prestado para que esos tres municipios junto con Floridablanca dispongan o boten las basuras; es decir, desde hace 24 años. Ahora que se les pide colaboración por aproximadamente dos años en algunos de los sitios antes mencionados mientras se establece El Carrasco con tecnología para el tratamiento de las basuras, sus habitantes se niegan rotundamente con derechos de petición y tutelas. ¿Acaso los vecinos y demás habitantes de Bucaramanga no hemos tenido que soportar las consecuencias de los fétidos olores, contaminación del medio ambiente y desvalorización de predios durante esos años? !Claro que sí¡.

Luego la Alcaldía de Bucaramanga debe tener en cuenta los municipios que quieren colaborar en los sitios para permitirles el futuro botadero y a los que no; para que establezcan su propio sitio de disposición de basuras viviendo las consecuencias que ahora demandan.

Guillermo Beltrán

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