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Jueves 20 de marzo de 2025 - 12:19 AM

Las sombras del fuego

Tener la razón nunca ha sido suficiente, pero convencer con argumentos, menos. Estamos en los tiempos de la persuasión mediante la orientación de nuestras emociones.

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La gran paradoja del presente es que, teniendo acceso como nunca, a un contenido de información enorme y disponiendo de herramientas como la inteligencia artificial que nos permite acceder de forma inteligible y eficiente, vivamos distraídos y sumidos en una ignorancia supina y víctimas de la manipulación a nuestras emociones.

Tener la razón nunca ha sido suficiente, pero convencer con argumentos, menos. Estamos en los tiempos de la persuasión mediante la orientación de nuestras emociones, que de manera sabia hacen los que conocen de las ciencias del comportamiento humano.

La suma diabólica está conformada por el conocimiento de que los seres humanos no tenemos un cerebro muy diferente desde el punto de la evolución, al de hace treinta mil años, es decir a que tomamos decisiones con base a prejuicios, intuiciones, sesgos heurísticos, de modo instintivo, automático, y rara vez le aplicamos a tal pensamiento el filtro de la razón, de la reflexión. A lo anterior le adicionamos la distracción disfrazada de diversión condimentada con la deprivación de naturaleza y de contemplación, quedando al vaivén de los algoritmos, que bien pudieran darnos los elementos necesarios para crear conocimiento, progreso y bienestar, pero que hoy abundan como armas de sojuzgamiento imperceptible.

Hemos llegado a glorificar la ignorancia. Las mentiras son más creíbles en la medida que desconfiamos de quienes tienen conocimiento. A éstos, los ridiculizamos, los insultamos. El verbo soez se impone sobre los buenos modales y el respeto. El resultado que sufrimos es el de una sociedad menos informada, incapaz de ver la complejidad de la existencia y de la sociedad y por lo mismo, manipulable.

Hace sesenta años, Asimov llamaba a valorar el pensamiento racional, la ciencia y la educación como pilares para el avance humano. Una elite logró el avance tecnológico que una elite codiciosa usó y usa para obtener el poder político para esclavizar y empobrecer a más de siete mil millones de terrícolas. ¡Qué tan actual es la alegoría de la caverna de Platón!

Los colombianos necesitamos creerle a aquel que se liberó de la cueva, conoció la luz sin que lo encegueciera, y nos invita a buscar y trabajar por algo tan elemental como la dignidad humana y su bienestar. No es fácil, aun nos dominan las llamas y sus sombras que se agigantan si no nos comprometemos de manera decidida con el futuro.

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