No se automedique, solo un médico competente y conocedor de estas moléculas, puede y debe prescribirlas.
Siendo la Diabetes 2 y la obesidad, pandemias, resultan usuales las inquietudes sobre ambos tópicos que están estrechamente relacionados. El sobrepeso y la obesidad preocupan inicialmente por el aspecto estético y su impacto en la autoestima, pero luego, por ser un estado inflamatorio generalizado, surgen las enfermedades relacionadas, principalmente en cerebro, corazón y vasos sanguíneos, además de cáncer. Si bien estoy retirado de la práctica de mi profesión -cirujano del corazón- no hay reunión a la que asista que no me hagan una consulta sobre tales aspectos, que respondo con empatía a la medida de mis conocimientos y bajo el supuesto de la recomendación de consultar al médico.
La medicina conoce desde 1980 el péptido GLP-1 derivado del gen del glucagón, pero fue en 1992 cuando se caracterizó su receptor (presente en casi todo el cuerpo) y también, cómo el primero, regulaba en equilibrio la glucosa en el organismo. Más recientemente la industria farmacéutica produjo un péptido sintético basado en la estructura del GLP-1 obteniendo que permaneciera una semana en el cuerpo sin degradarse, agregándole un ácido graso para facilitar su unión a la albúmina en sangre, y que hoy es conocido como semaglutida, aprobada en 2021 por FDA para tratar la obesidad. Desde entonces sus resultados reduciendo efectivamente el peso de los pacientes, a pesar de sus abundantes efectos indeseables a nivel gastrointestinal, pérdida ósea y pérdida muscular, ha llevado a que la califiquen como la molécula “milagrosa”.
Y desde entonces la competencia por el gigantesco mercado de la obesidad y la diabetes motivó a la industria y a sus científicos a crear péptidos GLP-1 de molécula pequeña, para ofrecerla vía oral, pues hasta ahora, el tamaño grande de la molécula solo permite su aplicación inyectable. Además, se ha encontrado que su acción a nivel de los receptores en el cerebro no solo baja el umbral de la saciedad, sino también el apetito por el alcohol. Hoy la “milagrosa” es demasiado costosa y amenaza las finanzas de todos los sistemas de salud y más del nuestro, motivo por el cual urge la autorregulación de los médicos prescriptores basada en pertinencia y responsabilidad con el sistema, y que la competencia farmacéutica oferte moléculas nuevas, mejores y más baratas. ¡Estoy pensando otra vez con el deseo! Por su efecto de rebote, es decir, aumento de peso al suspender su toma, y por los efectos indeseables, requiere de hábitos adecuados en alimentos y ejercicio. Y ojo, no se automedique, solo un médico competente y conocedor de estas moléculas y de su organismo, puede y debe prescribirlas. ¡Nunca en una consulta informal!












