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Jueves 17 de abril de 2025 - 12:30 AM

Aranceles, algoritmos y Robespierre

Las revoluciones se inspiran en ideales que luego se distorsionan haciendo que su propia dinámica decapite literalmente a sus promotores, como fuera el caso de Robespierre en la revolución francesa.

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La política arancelaria de Trump revolucionó al mundo intentando redefinir las reglas del comercio a nivel mundial, destrozando el orden liberal construido como resultado de la segunda guerra mundial, para lo cual atacó los tratados de libre comercio, la globalización y la interdependencia económica, con un objetivo principal: detener el auge de China que amenaza su condición hegemónica ya decadente. Trump y su grupo de plutócratas al parecer conocen los riesgos: sacrificar a la clase media que los llevó al poder, al generar inflación, incapacidad para generar empleos e incluso perderlos, encarecer importaciones y aislar a estados Unidos de nuevas cadenas globales de valor.

Sin embargo, esta inédita revolución pareciera confiar en demasía en la revolución digital que altera la relación de los humanos con el pensamiento y la creatividad, en un tono mayor al cambio que produjo la revolución industrial en la relación entre el ser humano y el trabajo físico. Los algoritmos no necesitan de líderes, ni sienten gratitud y lo que es peor, no olvidan y pueden desaparecernos y desaparecerlos de la nube, sin ira ni piedad.

Las revoluciones se inspiran en ideales que luego se distorsionan haciendo que su propia dinámica decapite literalmente a sus promotores, como fuera el caso de Robespierre en la revolución francesa.

El nuevo orden mundial, o como prefieren otros, el nuevo desorden mundial, desata fuerzas que escapan a cualquier control: nacionalismo, populismo y polarización. Así mismo, los creadores de la inteligencia artificial, al aproximarnos a la inteligencia general, (inteligencia superior a la generativa), o lo que es peor, ante el evento hipotético que lleguemos a la singularidad, momento en el cual el algoritmo no necesita de humanos, pudieran aquellos estar destinados a correr la suerte de Oppenheimer después de desarrollar la bomba atómica, o de Trotsky en el caso de la revolución Bolchevique o de Peng Dehuai en el contexto de la revolución china. O más cercano a nosotros: compartir el final de Bolívar.

Las revoluciones científicas y tecnológicas también cobraron víctimas: Marie Curie, Thomas Midgley, Alexander Bogdanov, Jean Francois Pilatre de Rozier, Horace Lawson Hunley, Louis Slotin y Smolinsky entre otros.

La revolución del algoritmo y la revolución de los aranceles pueden, si insisten en una competencia suicida, destruir lo viejo y lo nuevo en occidente con la misma intensidad. Por el contrario, la humanidad requiere de la revolución de la cooperación universal inmune a la traición de los ideales y al destino devorador de promotores y opositores, como nos advierte de manera obcecada la historia universal. Hoy el modelo chino se muestra ganador.

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