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Jueves 24 de abril de 2025 - 12:07 AM

Un Papa del Sur

“Latinoamérica todavía está en el camino lento, de lucha del sueño de San Martín y de Bolívar por la unidad de la región. Siempre fue victima y será víctima hasta que no se termine de liberar de imperialismos explotadores.”

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Jorge Bergoglio no fue solo el primer Papa no europeo en más de mil años, sino el primer Papa latinoamericano. Sus posturas desde el “Sur Global” mostraban una lectura lúcida del futuro de Latinoamérica y de la geopolítica mundial actual.

Al respecto, vale recordar su frase: “Latinoamérica todavía está en el camino lento, de lucha del sueño de San Martín y de Bolívar por la unidad de la región. Siempre fue victima y será víctima hasta que no se termine de liberar de imperialismos explotadores.” O cuando en 2014, ante la proliferación de escenarios bélicos en el mundo, hablaba de “guerras zonales” para ilustrar la relación entre los cambios en el poder mundial, el capitalismo y el imperialismo; mostrando la paradoja de un sistema que para sobrevivir debe hacer la guerra como tantos otros imperios en la historia.

De allí su apuesta por la paz entre Rusia y Ucrania marcando distancia con las voces guerreristas europeas y angloamericanas. Al tiempo que sus críticas a la crueldad de los ataques de Israel sobre los palestinos, en el contexto de una comunidad internacional indiferente y cómplice: “Pienso en Gaza, en los niños ametrallados”.

El pacifismo de Francisco, también se materializó en la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos durante el gobierno Obama; en el contexto de la crisis política venezolana y en el empujoncito a la reconciliación en Colombia durante su visita en septiembre de 2017. Y más recientemente, con un llamado a la paz en la República Democrática del Congo y sus denuncias sobre el “colonialismo económico en África, continente en donde como ocurre en Asia, aumenta el número de católicos.

El mensaje de Bergoglio, no solo se concentró en la búsqueda de la paz, ni se limitó a la comunidad católica en temas como la necesidad de una nueva relación entre el ser humano y la naturaleza; el ecumenismo, como lo demostró su histórico encuentro con el patriarca Kirill, líder de la iglesia ortodoxa.

En un mundo que ha normalizado la criminalización de los pobres y los migrantes, y en el que resurgen las sombras del fascismo, se va quien desde la periferia del sistema internacional promovió siempre el humanismo y la justicia social.

Por el bien de la humanidad, ojalá su sucesor sepa valorar su legado y profundizar los cambios que impulsó el líder que en su pasó por Colombia llamó a no dejarnos robar la esperanza.

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