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Domingo 27 de julio de 2025 - 01:00 AM

“Regalé mi camiseta para un muchacho asesinado”

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Hace un tiempo me incluyeron en un grupo de WhatsApp creado por el portero rionegrino ‘Chucho’ Vega, el cual tiene más de 176 integrantes, desde Pacho Maturana y ‘Chonto’ Herrera, pasando por Zabulón Ruiz, Carlos Landaburo, Miguel Oswaldo González, Polo Gómez y ‘la Gata’ Bustos, entre otros. Hay técnicos, jugadores de barriada; algunos fueron profesionales no solamente en el Atlético Bucaramanga, sino también en otros equipos del profesionalismo colombiano. De repente apareció el zaguero Wilman Conde Gordillo y de una le marqué a uno de los mejores defensores centrales que vi en el fútbol nuestro. Hacía rato no hablaba con el hijo de don Pablo y doña Graciela, nacido en el barrio Salomia de Cali el 19 de julio de 1959.

Siendo un adolescente, este hincha del América, se fue a probar al Deportivo Cali que desde siempre tuvo muy bien conformadas sus divisiones menores. Bilardo lo vio y se lo recomendó a Luján Manera quien lo puso a debutar en 1979; el Cali tenía grandes jugadores como Miguel Escobar y ‘Mosca’ Caicedo, pero el recordado Alex Gorayeb siempre traía argentinos y en esa mochila llegaron Carlitos Chiappe y Horacio Capiello. Wilman no iba a jugar nunca, así que el Cali se lo prestó al Bucaramanga en 1981 y el stopper vallecaucano se incorporó a las filas del Atlético en la pretemporada que se realizaba en Santa Marta y El Rodadero con el brasileño Carlos Gainette como director técnico. Tenía como compañeros a César Ardila, Plutarco Bolaños, Humberto Mendoza y Francisco Maturana;, pero la campaña del primer semestre no fue buena; por este motivo contrataron a la dupla integrada por Roberto Pablo Janiot y Américo Montanini, para que se hicieran cargo del plantel.

Wilman llegó con Rómulo Otero, para mí, el mejor de toda esa dinastía de las tortugas Otero comandada por sus hermanos Henry y Rafael. El mediocampo del Bucaramanga era de lujo: Frascuelli, ‘papo’ Flórez, Onnis, Otero, Umaña, ‘Nene’ Díaz; era un espectáculo verlos jugar. El equipo tenía gol con Paruzzo y Saturno; atrás Ortíz, ‘Bombillo’ Castro, Maturana y Conde eran impasables. ¡Vasco era el portero! Wilman y ‘Pacho’ salían jugando, pero cuando la tenían que reventar, lo hacían. Un día Néstor Sanjuan le dijo a Conde que abriera una cuenta de ahorro en Las Villas y el zaguero así lo hizo. Al defensor caleño le quedó gustando una cajera y empezó a ir por la mañana a sacar mil pesos y por la tarde los volvía a consignar; solamente con un motivo: ver a Rosa Helena Roa, la mujer que conquistó su corazón. Luego de mucha insistencia, la invitó a comer helados a una frutería de la carrera 33 y se casaron en diciembre de ese año.

El día de la masacre en el estadio, 11 de octubre de 1981, Wilman corrió como loco hasta el vestuario, “me tapaba la cara con toallas mojadas para evitar los gases lacrimógenos; cuando salimos vi más de 17 muertos. Yo lloraba mucho Pipe y recuerdo que doné una camiseta para que vistieran a un muchacho asesinado aquella tarde”. Wilman volvió al Cali, no jugaba, se iba a retirar del fútbol. Se fue al Tolima, luego al Once Caldas con Maturana como técnico; el excompañero lo convocó al preolímpico de Bolivia cuando el odontólogo chocoano asumió la dirección técnica de la selección Colombia. Fue comprado por Millonarios y salió campeón en 1987 y de 1988 todavía recordamos un golazo con pierna derecha que le hizo a Nacional para empezar a asegurar el título de ese año. Estuvo con el ‘Mico’ García en Toulon en 1981, allí hizo el único gol de nuestra selección dirigida por Retat. Se negó a ir a las eliminatorias de 1989 y reconoce que fue un error que jamás se perdonará. Jugó en Envigado y fue subcampeón con el Medellín; tiene un lindo hogar conformado por tres hijos con la mujer a la cual le tuvo que rogar como cuatro meses para que aceptara una invitación; ¡eran otras épocas! Wilman, un abrazo y gracias por todo.

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