a entrañable figura menuda y bonachona de Andrés Platarrueda alberga un hombre cuyo empuje lo llevó a hacer de la curiosidad una forma de vida. Hoy cumple cien años y buena parte de cuanto ha visto permanece entre nosotros gracias a su trabajo. Lo recuerdo desde mi infancia en la hoya del río Suárez, donde toda reunión o ceremonia demandaba la presencia del fotógrafo suaitano. Además de captar lo que se quería conservar en la memoria, entretenía a los presentes con su relato de los episodios del 9 de abril de 1948 y otras anécdotas adobadas con su ficción.
Aquel gusto por narrar lo llevó a producir entre 1954 y 1955 el Noticiero Suaitano, que se presentaba los domingos, antes de la proyección de películas foráneas; actividades que constituían obligado convite. Sus vecinos eran los protagonistas en las filmaciones de la vida cotidiana del pueblo —que entonces giraba alrededor de la fábrica de hilados—, como bodas, corridas de toros, visitas de personajes y trabajo en el trapiche. La Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano ha contribuido a recuperar y preservar ese material. La voz del propio Platarrueda, incorporada en 1998, acompaña las imágenes y les añade el valor de sus recuerdos, al punto de conformar una simpática película.
Desde que se radicó en Bucaramanga, en 1960, su cámara siguió el desarrollo urbano. Son incontables las anécdotas de sus sobrevuelos con Armando Puyana, quien lo invitaba a captar la transformación del llano de Don Andrés. También documentó la erosión que amenazaba la meseta y las obras de recuperación emprendidas por la CDMB, un testimonio del esfuerzo que ha requerido construir la ciudad y proteger el suelo que la sostiene.
Con los años volvió a la pintura, su vocación juvenil, y encontró en sus fotografías motivos para llevar al lienzo. Quiso además compartir su mirada en exposiciones al aire libre, donde cualquier transeúnte podía detenerse ante las imágenes y descubrir algo de su terruño. El archivo que su familia ha venido recuperando guarda una parte valiosa de la memoria regional y merece respaldo institucional para asegurar su conservación y facilitar su consulta. Poner esas imágenes ante el público sería una manera de prolongar el empeño del maestro porque otros puedan conocer los lugares y las personas que han contribuido a moldear una identidad.
En su fiesta de celebración señaló, con lucidez, que ha presenciado cuatro grandes cambios en el mundo durante su siglo de vida y que ante las nuevas realidades es preciso volver a estudiar. No dudó en exhortar a su descendencia a trabajar verracamente, «porque todos tenemos derecho a progresar».
Quienes admiramos su obra celebramos con él una parte de nuestra existencia.












