Escuchar a la Filarmónica de Berlín durante dos noches en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo ha sido una experiencia que recordaremos por mucho tiempo. Las interpretaciones del 14 y 15 de octubre, de obras de Edward Elgar, Pyotr Ilyich Tchaikovsky, Johannes Brahms y Richard Strauss, bajo la dirección de Kirill Petrenko, permitieron apreciar una tradición musical extraordinaria. La precisión de sus movimientos y la delicadeza de su interpretación nos llevaron a pensar en quienes trabajaron para que ese encuentro pudiera ocurrir en Colombia.
Esta orquesta, fundada en 1882, solo ha visitado Sudamérica en dos oportunidades. La primera, en 2000, con actuaciones en Buenos Aires y Santiago de Chile. En esta ocasión, Bogotá fue su primera escala y le siguen Buenos Aires y Sao Paulo. Su presentación constituye un logro para una ciudad que ha venido construyendo las condiciones para participar en los grandes circuitos de la música.
La gestión que facilitó la presencia de una de las mejores agrupaciones del mundo comenzó hace cuatro años, por iniciativa de Ramiro Osorio, director del Teatro Mayor. La aspiración que planteó a la misión diplomática de Alemania tenía mucho de empresa quijotesca. Como lo expresó la embajadora en la apertura: la música supera las barreras del idioma y estrecha las relaciones entre los países.
El resultado se inscribe en el trabajo que Osorio ha desarrollado desde la apertura del teatro en 2010. Su gestión ha dado continuidad a una programación internacional exigente, con espacio para la creación colombiana y una atención sostenida a la formación de públicos. Materializar una gala de estas características requiere relaciones de confianza que no se construyen mediante una invitación ocasional.
La propia Filarmónica de Berlín destacó las condiciones acústicas y técnicas del recinto. Sin embargo, la importancia del espectáculo no se agotó en la calidad de la sala ni en la virtuosidad de los 130 músicos que actuaron. Petrenko, director titular desde 2019, concede especial importancia a la educación musical y al acercamiento a nuevos públicos. El 13 de octubre, ocho maestros de la orquesta alemana trabajaron con los 82 integrantes de la Filarmónica Prejuvenil de Bogotá, jóvenes de entre trece y diecisiete años. La práctica compartida les permitió recibir la orientación de intérpretes cuya experiencia llegó para aportarles referencias valiosas a su formación.
Una gestión cultural bien orientada debe vincular la presentación de grandes artistas con la enseñanza musical en las comunidades. Celebrar lo conseguido compromete a fortalecer el entorno que lo hizo posible. La cultura necesita esa perspectiva de largo plazo para que una visita memorable deje oportunidades de aprendizaje y para que otros colombianos puedan disfrutar, en el futuro, experiencias semejantes.












