miércoles 22 de abril de 2020 - 12:00 AM

Algo sobre el futuro próximo

Hablando de prioridades, para nadie es un secreto que la mayor inversión deberá ser en salud, educación e investigación, para superar las debilidades identificadas con la emergencia.
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Columna de
Alberto Montoya

Una vez logremos salir de esta pandemia, creemos que el mundo cambiará y el dicho “no hay mal que por bien no venga” cobrará una realidad impresionante. Para no ir lejos, empecemos por el Departamento y los municipios.

De acuerdo a la Ley 152 de 1994, los alcaldes y gobernadores están obligados a presentar, dentro de los primeros cuatro meses de su respectivo período (hasta el 31 de mayo de 2020), el Plan de Desarrollo Territorial – PDT, a los respectivos concejos o asambleas, para su análisis y aprobación. Este documento, en esencia, debe precisar lo que se ejecutará en los cuatro años de gobierno, se elabora conforme al programa de gobierno –promesas, compromisos y programas– presentado al inscribirse como candidato.

A la fecha, lo grave de los PDT, en elaboración, es que ante la emergencia mundial desatada por la “gripe que mata”, estos están, no solo embolatados sino que estructuralmente deberán modificarse dado que, unas eran las prioridades antes de la pandemia y otras las posteriores. Se deberán poner de acuerdo el Gobierno y el Congreso para ampliar el plazo y establecer otra fecha. ¿Cuál? Esa es otra incógnita.

Hablando de prioridades, para nadie es un secreto que la mayor inversión deberá ser en salud, educación e investigación, para superar las debilidades identificadas con la emergencia. La otra prioridad urgente en inversión y programas, será garantizar la sostenibilidad alimentaria, con sus componentes en producción, logísticos y técnicos para controlar la posible explosión de un problema social: el hambre.

En un estudio elaborado por el DNP en el 2015, denominado “Pérdida y desperdicio de alimentos en Colombia”, se demuestra con cifras que, por cada tres toneladas de comida que se producen en nuestro País, una va para la basura; de ellas, el 40% son frutas y verduras. Contrasta la proporción de pérdidas de comida con las medidas contra la especulación y el control de precios, como si ahí estuviera el problema.

En la revisión de los PDT se debe buscar cómo no perder esos alimentos, con inversión en infraestructura rural. Otro reto para nuestros alcaldes y el Gobernador de Santander.

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