miércoles 02 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

El primer impacto

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Columna de
Alberto Montoya

Cuando, por vía aérea, uno llega a conocer una ciudad, la primera impresión que tiene de sus habitantes, de su cultura y nivel de desarrollo, en buena parte la asimila por lo que ve y escucha entre el aeropuerto y el casco urbano de la población a visitar. Es esa la razón por la que países con importante desarrollo turístico, hacen ingentes esfuerzos para que los visitantes, desde que llegan al terminal y durante el recorrido hacia la ciudad, reciban la mejor atención y observen un entorno agradable, abrebocas de una buena estadía.

En estos momentos, cuando Bucaramanga ha logrado interconectarse con vuelos directos a los Estados Unidos, realización que vale la pena celebrar y también felicitar a la Cámara de Comercio y a los gobernantes que lo gestionaron, conviene preguntarnos cómo estamos en protocolos de recepción y cómo está el entorno que los visitantes detallarán.

Si bien es cierto, la sala de entrega de equipaje y salida del terminal es aceptable, si el turista toma un taxi, lo puede hacer fácil y rápidamente. Pero, si tiene que ir hasta el parqueadero, la experiencia será ilógica e incómoda porque tendrá que cruzar -con todo y maletas- una vía vehicular, luego transitar por una rampa descubierta para llegar al primer piso, nivel al que tienen acceso los vehículos particulares, y enseguida atravesar otra congestionada vía, para lograr entrar al parqueadero. Para un visitante o cualquier pasajero, este es un paseo incómodo y si es una persona de tercera edad, todo un camello.

Luego de recorrer el tramo aeropuerto-peaje de Lebrija, el visitante observará, además del bello paisaje montañoso, el tramo vial que conecta con la meseta (Colegio La Salle) y podrá detallar dos realidades. Una positiva: la recién rehabilitada capa asfáltica de la doble calzada, convierte el viaje en una experiencia satisfactoria y confortable, al transitar por una vía estable y de buenas especificaciones. Y una negativa: es lamentable el estado del separador de la vía, desbordado de maleza, generándole al turista una percepción de descuido y abandono espantoso y a los santandereanos, pena ajena. Me informan que en la fiducia que tiene IDESAN para administrar los recursos de los peajes, hay $55 mil millones. ¿A cuenta de qué, el abandono? ¿Por qué tanta desidia?

Señores Gobernador y Alcalde... seguimos expectantes.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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