miércoles 06 de mayo de 2020 - 12:00 AM

La E.S.E. hospital de San Gil

se cambió la composición de la unión temporal responsable de la obra y en las 4 actas de entrega parcial, solo se pagaron demoliciones y movimiento de tierra. Es decir... no se ha colocado ni un ladrillo.
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Columna de
Alberto Montoya

Para todo el mundo, pero en especial para quienes hemos tenido la oportunidad de haber sido servidores públicos a nivel ejecutivo, como gobernador, alcalde, director de instituciones ejecutoras, privadas y públicas a nivel local y nacional y, además, ser profesional de la arquitectura, decepciona, confunde, entristece y enfurece enterarnos de lo que ocurre con el proyecto “Reposición de la infraestructura de la ESE Hospital Regional de San Gil”.

Después de leer lo publicado en Vanguardia el pasado 22 de abril y chequear lo que publica el “Sistema Electrónico de Contratación Pública”, Secop, les comento lo siguiente: El proceso de licitación se inició en julio de 2018; el contrato se celebró en febrero de 2019 y la obra se debía entregar en septiembre de este año. El valor de la misma ascendía a $23.705 millones y el anticipo a $7.100 millones. Del examen del Secop destaco tres puntos: Se modificó el plan de inversión del anticipo; se cambió la composición de la unión temporal responsable de la obra y en las 4 actas de entrega parcial, solo se pagaron demoliciones y movimiento de tierra. Es decir... no se ha colocado ni un ladrillo.

Para licitar la obra en el 2018, en contratación de estudios y elaboración de los mismos se gastaron mínimo 2 años, lo que significa que estamos aspirando a tener un nuevo hospital desde hace 5 años. ¿Y hoy que tenemos?: un problema. San Gil sin hospital, sin UCI, más la espantosa noticia de que los estudios quedaron mal hechos. Otro problema: conseguir otros $25.000 millones. En resumen, contrataron una solución y nos ganamos dos problemas.

No me atrevo a manifestar si entre las causas del fracaso que hoy vemos, hubo corrupción, desidia, falta de idoneidad profesional, descuido o, una mezcla de lo anotado. Pero, lo que sí puedo afirmar es que monumentales hechos como este, además del deterioro de la credibilidad en las instituciones del Estado, genera una enorme desconfianza sobre el ejercicio de la ingeniería y la arquitectura. ¿Donde están las contralorías, departamental y nacional? Y ¿la Procuraduría? Esta injustificada demora, va a cobrar vidas. Y... ¿ los culpables, qué?

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