miércoles 20 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Para donde vamos, ¿vamos bien?

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Columna de
Alberto Montoya

Durante el transcurso de mi vida, he actuado de manera positiva, transparente, optimista, pero “con las paticas en el piso” y, en mis escritos, lo he reflejado.

Pero, manteniendo un polo a tierra y a pesar de mi optimismo, les confieso mi enorme preocupación por la crisis económica que padecemos y que seguirá creciendo como consecuencia de la pandemia. Esta crisis, según investigadores sociales, no solo será diferente a las que hasta ahora conocemos, sino peor que la Gran Depresión de 1929. Si bien la crisis será mundial, castigará con mayor fuerza a Latinoamérica, pues los inversionistas se asustan y emigran con sus capitales a países seguros.

¿Y cómo se sentirá el santandereano de a pié? Ya empezamos a ver: 1) Desempleo: se estima que en meses llegará al 20%, consecuencia de la quiebra de empresas de todos los tamaños; 2) Menor consumo: si escasea el empleo, se reducen los ingresos y se disminuye el consumo. Por ejemplo, la ínfima demanda de servicios de turismo, dejará sin ingresos a la importante población que vive de ellos; 3) La fuerte caída del precio del barril de petróleo, reduce las finanzas nacionales y departamentales (regalías), además de eliminar las potenciales inversiones en la refinería de Barranca y en la extracción no convencional de crudos. 4) Deterioro de la calificación de riesgo: Lo que significa dificultades en la adquisición de créditos y encarecimiento de los mismos. 5) Crecimiento del déficit: al reducirse los ingresos de la nación, de los departamentos y municipios, estos no podrán cumplir con sus compromisos presupuestales. En resumen, vendrá el desplome económico y urge encontrar alternativas.

Sobre estas bases, quiero hacer un llamado a la cordura y a la sensatez para que, con óptica diferente y total franqueza, examinemos la explotación de oro en el municipio de California, respetando al máximo el cuidado del ambiente, bajo las más estrictas normas de control ambiental. Examinemos estas cifras: La extracción técnica generaría mil empleos directos y cuatro mil indirectos; La inversión social en la zona ascendería a $40.000 millones; En impuestos y regalías, anualmente, $390.000 millones; En compras a nivel nacional $7.8 billones; La inversión actual es de $3.1 billones y la que falta sería de $5.85 billones; La zona de la explotación no tiene que ver con el páramo y no existirá contaminación de fuentes hídricas. Me pregunto: ¿Podemos ignorar estas cifras?

PENSÉMOSLO MUY BIEN.

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