viernes 02 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Diferencias

Podrán imaginarse a Fredy Anaya, madrugando a manipular contratistas y funcionarios para que voten por él
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Unos días atrás me reuní con Danny Ramírez, Alcalde de Piedecuesta, para expresar las preocupaciones que teníamos sobre la falta de control en los establecimientos de comercio en Piedecuesta, donde funcionan expendios de alcohol que generan desórdenes públicos y, una insoportable contaminación por ruido.

Seguimos esperando la respuesta prometida, porque nada ha sucedido.

En primer lugar, lo que vi fue una alcaldía que se cae a pedazos; es sucia y los lugares de espera son desagradables. De igual manera me encontré con una conocida de la universidad y resignada me dijo “acá soy contratista, me piden plata pero por lo menos no me lo piden”, punto a favor a la Alcaldía de Piedecuesta, por lo menos en respeto a los derechos de la mujer; sin embargo, al reunirme con el Alcalde, entendí que no pasaría nada, nos escucharía, fingiría interés y rápidamente dejaría el tema en el olvido.

Fui en compañía de mi mamá, quien aún vive en Piedecuesta; y aunque le había sacado el cuerpo, porque hablar con políticos ineptos me aburre profundamente, esa mañana la saqué completa para esperar con calma el turno y así exponer por qué el Municipio está incumpliendo con sus deberes en materia de control.

Ahora ya estamos en medio de un proceso judicial para obligarlos a cumplir la ley.

Al salir de esa alcaldía, valoré a Rodolfo Hernández, trabajé al servicio de su administración y aunque existen problemas, muchos de ellos heredados de pasadas administraciones, la dignidad que le ha dado al cargo es absoluta. Dignidad no es hablar pausado y bonito, dignidad es llevar con orgullo un cargo, darse las peleas necesarias.

Hablando bonito no entienden los bandidos, hablando bonito no se arreglan los problemas, se arreglan con hechos, y de esos sobran en la administración de Hernández, ¡y sí lectores!, tengo un sesgo, pero también hablo desde la experiencia, debemos cuidar la Alcaldía que es el bien público más preciado.

Podrán imaginarse a Fredy Anaya, madrugando a manipular contratistas y funcionarios para que voten por él.

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