viernes 16 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Iguales

Trabajábamos los dos hasta muy tarde cada noche, y ahí compartimos tantas emociones que terminamos creando un silencio que dice muchas cosas
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Circula un video en el cual Rodolfo Hernández, Manolo Azuero y otras personas sin identificar, hablan de contratación pública. Lo hacen rodar por redes sociales intentando mostrar que son iguales a los corruptos. Se equivocan, no somos iguales. En efecto, la falta de esperanza sobre el Estado y el gobierno es absoluta. Nadie confía en los jueces que se dejan comprar, en funcionarios públicos lentos o políticos bandidos en campaña. Todos estamos agotados, básicamente lo único que intentamos, es mantenernos a flote en medio de un contexto complejo por falta de oportunidades y la estrechez del consumo en un mercado golpeado por la pobreza.

Sin embargo, no somos iguales. Manolo Azuero, principalmente, es un monje que lleva una vida austera en sus condiciones materiales, un amigo silencioso con disciplina, apasionado por su trabajo y romántico hasta la cursilería de cambiar el mundo. Rodolfo Hernández es un tipo al que le llevan el almuerzo en una “coca”; no le gusta el lujo, ni es un alcalde suntuoso que sienta ampollas en el culo si viaja en clase turista. En general, la austeridad en la Alcaldía es la regla. Tal vez el único privilegio que algunos tienen, es contar con nombramiento en provisionalidad, garantizando un poco de estabilidad laboral.

Ahora bien; el video no es más que una conversación cotidiana sobre la modalidad de contratación y las posibles opciones que se tienen para hacer las cosas más rápido. Lejos estamos de ser iguales a Luis Francisco Bohórquez, Fredy Anaya o Hugo Aguilar, no necesitamos suplir la pobreza mental y básica de estos señores de la política con un ejercicio corrupto de lo público. A mí en lo personal, me llena de orgullo saber que cuatro años atrás montamos la Silla Santandereana con Azuero. Trabajábamos los dos hasta muy tarde cada noche, y ahí compartimos tantas emociones que terminamos creando un silencio que dice muchas cosas. Tengan la plena seguridad, la ciudad está en buenas manos.

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