viernes 26 de julio de 2019 - 12:00 AM

Provincia

Nuevamente en este proceso electoral que está por comenzar no queda mucha esperanza, no es evidente que existan candidatos que sean útiles a los altos intereses de un municipio precioso, lleno de gente buena
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En Bucaramanga la política electoral es desagradable, saca lo peor del ser humano y lleva a la polarización, la persecución y el odio. Sin embargo en los municipios pequeños es aún más desagradable, hay más confusión y sobre todo, mayor poder para cooptar y controlar a los electores.

Aunque las burocracias son más pequeñas, la forma de hacer política es primitiva y acuden aún a la figura del gamonal o del cacique, quien en últimas se sirve de lo público para enriquecerse y favorecer los intereses de sus amigos, mientras tiene el control sobre un par de favores que paga a las comunidades que han colaborado en su campaña.

Barichara es nuevamente tema de conversación. El señor Agón, el Alcalde procesado por la justicia que recuperó su libertad por vencimiento de términos, ahora tiene una canción popular que lo proclama como un perseguido político, como una víctima de la justicia.

Ahora el municipio de Barichara pretende concesionar el alumbrado público entregando el negocio a particulares. Eso nunca ha resultado en nada bueno para los intereses públicos, todo lo contrario, siempre se convierte en el negocio en el que el particular gana sirviéndose del monopolio estatal sobre ese servicio. En Bucaramanga lo intentaron y el Alcalde se negó, sin embargo en Barichara parece que lo quieren sacar adelante.

Nuevamente en este proceso electoral que está por comenzar no queda mucha esperanza, no es evidente que existan candidatos que sean útiles a los altos intereses de un municipio precioso, lleno de gente buena, pero en su mayoría inconsciente de la obligación moral de participar en la política.

Nos queda seguir desde acá cuidando ese hogar común, ese lugar en medio del Chicamocha que nos enamoró desde hace años y que entre todos debemos sacar adelante. Debemos seguir preguntándole a los congresistas Edwin Ballesteros y Richard Aguilar qué pasó con la plata del acueducto, pero sobre todo seguir buscando en la justicia el camino que nos lleve a dignificar lo público. Agón no se puede salir con la suya, con rancheras amenazantes o no.

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