jueves 24 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Chile también arde

es grave para la democracia del continente que Piñera, a la manera de Pinochet, haya respondido a protestas pacíficas con una declaratoria de guerra.
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Se nos había hecho creer que Chile era un oasis de estabilidad política y económica en la atribulada Latinoamérica. Algunos llegaban a sostener que la dictadura pinochetista había sido un mal necesario para alcanzar ese aparente equilibrio. Pero las protestas de una ciudadanía acorralada por la precarización, la desigualdad y la pobreza que tuvieron como estopín el rechazo al paquetazo de Piñera, están mostrando la cara menos glamurosa de su tan admirado modelo centrista.

Esta crisis no surge con Piñera, pues como sostiene Jorge Sharp, alcalde de Valparaíso, la segunda ciudad del país, responde a una profunda crisis social derivada del neoliberalismo que se mantuvo, como la Constitución pinochetista, a pesar del retorno a la democracia en 1989 y que, como sabemos en Colombia, deja a merced de la especulación financiera derechos como la salud y la educación. Es el inhumano modelo chileno el que inspira la reforma pensional de Carrasquilla y de Guedes en el Brasil bolsonarista y de allí se copió el sistema de salud y seguridad social colombiano impuesto a comienzos de los noventa.

Por eso, el conflicto sociopolítico no se resuelve retirando el aumento al transporte público, pues la pérdida de legitimidad del sistema político se fue dando progresivamente con la derrota de la Concertación en 2010 que permitió el primer gobierno Piñera; las movilizaciones estudiantiles de 2011 y en las elecciones presidenciales de 2017 donde un electorado, desencantado con el gobierno Bachelet, candorosamente creyó la falacia del presidente empresario.

En este contexto, es grave para la democracia del continente que Piñera, a la manera de Pinochet, haya respondido a protestas pacíficas con una declaratoria de guerra. El uso de militares y del estado de sitio para lidiar con las demandas de la sociedad como lo vimos hace poco en el Ecuador de Moreno, nos trae a la memoria las oscuras prácticas de las dictaduras suramericanas del siglo pasado, ojalá por ese camino no terminemos repitiendo un capítulo que muchos creían superado.

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