jueves 21 de julio de 2022 - 12:00 AM

El balance del aprendiz

A propósito del último discurso del presidente Duque ante el Congreso propongo aquí un balance de su mandato. Iván Duque se va sin haber encontrado una bandera clara; pues la economía naranja fue un globo que se desinfló prematuramente. El presidente del ¿De qué me hablas viejo? nunca pudo conectar con la opinión pública y siempre dejó ver el abismo insondable entre el discurso y los hechos. Mientras, por un lado, condenó el abuso del poder en Venezuela, aquí gobernó cooptando al Congreso con una mermelada de corrupción y clientelismo que alcanzó su punto culminante con la inconstitucional suspensión de la ley de garantías en plena campaña electoral.

Este gobierno desconoció reiteradamente la división de poderes como cuando arremetió en contra del fallo que despenalizó el aborto. Mientras en medio ambiente, el discurso internacional del presidente contrastó con su falta de voluntad política para la ratificación del acuerdo de Escazú y con su férrea defensa del fracking, la megamineria y el glifosato.

En materia de seguridad su idea de convertir el medio ambiente en cuestión de seguridad nacional y la implementación de la estrategia Artemisa, no frenaron la deforestación que hoy está en las 170.000 hectáreas anuales. Esto mientras las disidencias, el ELN y el Clan del Golfo aumentaron su capacidad violenta sacando partido de la falta de voluntad del gobierno para implementar los acuerdos de La Habana que, entre otros aspectos, priorizaban la sustitución concertada de la coca en regiones como Catatumbo o Tumaco.

Esta expansión del poder de los grupos armados se tradujo en un aumento de las violaciones de derechos humanos de las poblaciones a juzgar por las cifras de desplazamientos masivos, masacres, asesinatos de excombatientes de las antiguas FARC y de líderes sociales.

Este gobierno no solo intentó ponerle zancadilla a la paz como lo evidenció su animadversión a la JEP sino que terminó sumergido en el presunto robo de 500.000 millones de pesos de los recursos del OCAD-Paz, cuando todavía, no nos reponemos de la pérdida de 70.000 millones del caso Abudinen. Todo esto mientras el déficit público llegó a 6.8% del PIB y la deuda publica saltó del 36% al 57% del PIB.

Este balance del gobierno del aprendiz deja un panorama preocupante y muestra que no siempre echando a perder se aprende.

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