jueves 09 de abril de 2020 - 12:00 AM

Gobiernos “criminales”

los grupos armados de la región con relaciones más o menos estrechas con la criminalidad, parecen haber entendido mejor el desafío de la pandemia
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No voy a hablar aquí del “Ñeñe” ni del “Cartel de los Soles” sino del rol de las organizaciones armadas en la actual emergencia.

En una Latinoamérica enferma hace décadas de neoliberalismo crónico y con síntomas como: pobreza, informalidad laboral y debilitamiento sistemático de sistemas públicos de salud; las respuestas de los Estados ante el COVID-19 han oscilado entre dos polos. De un lado está Bolsonaro, que irresponsablemente minimizó la situación y de otro, el presidente salvadoreño Nayib Bukele, quién desde el primer momento, anunció medidas socioeconómicas que pese a su impacto mediático, son de difícil concreción considerando la fragilidad económica del Estado.

Mientras tanto, los grupos armados de la región con relaciones más o menos estrechas con la criminalidad, parecen haber entendido mejor el desafío de la pandemia ordenando ceses al fuego e implementando fuertes controles en sus territorios para evitar su propagación, con el objeto de aumentar su poder y legitimidad social.

Es el caso de Rio de Janeiro, el denominado “Comando Vermelho” realiza recorridos puerta a puerta en barrios pobres como Cidade de Deus, para evitar que las personas salgan de sus casas; en otras favelas cariocas, el crimen organizado distribuye jabones; refuerza la instrucción del Ministerio de Salud de lavarse las manos; controla violentamente a los especuladores y restringen la entrada de turistas.

En Guatemala la poderosa pandilla “Barrio 18” con presencia en Centroamérica, Estados Unidos y Europa, suspendió sus extorsiones en medio del estado de emergencia decretado por el gobierno; mientras en El Salvador, su archienemiga Mara Salvatrucha obliga al acatamiento de la cuarentena oficial. Lo propio han hecho las disidencias de las FARC en el sur de Nariño y norte del Cauca. Al igual que los “colectivos” en barriadas caraqueñas como Petare y 23 de Enero. Mientras el ELN, decretó cese al fuego de un mes.

Paradójicamente, las relaciones entre Estado y organizaciones armadas no siempre son conflictivas y pueden ser incluso peligrosamente complementarias, más tratándose de Estados tan precarios como los latinoamericanos.

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